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Los polos de la cultura crítica de Santander se atraen

23 de octubre de 2018. POR

La Vorágine está de mudanza

Hace cuatro años y medio escribí para el libro Dignagente un texto que titulé el eje cisneros, y que hacía referencia a los dos polos de la calle que se habían convertido en dinamizadores de iniciativas sociales, colaboración y cultura crítica en Santander: el Colegio Público Cisneros y la librería La Vorágine.

Tengo el libro en la misma estantería que otros sobre periodismo y no lo había vuelto a consultar hasta ahora, pero el reciente anuncio de La Vorágine de que inicia una campaña de financiación para su mudanza me ha hecho revisar el texto que escribí. Decía así:

EL EJE CISNEROS

Casi todo movimiento ordenado tiene un eje: el eje de rotación de la Tierra, el eje de los vehículos, el eje del fútbol, Sergi Busquets. Aquel eje París-Berlín de las decisiones políticas y económicas en Europa, el Londres-Milán del desarrollo industrial en Europa, el corredor del Besaya en Cantabria. Pues bien, en la escala social y local, podemos empezar a hablar del Eje Cisneros.

Me acuerdo del programa especial de Buenos Días Cantabria en la Casa de la Solidaridad, el día que cerraba, por los recortes, después de haber acogido a los primeros movimientos sociales post 15-M. Aquel titular (cierre + solidaridad) que sonaba tan dramático, derivó en una inmediata apertura de nuevos espacios para las necesidades de reunión, organización social y debate ciudadano. Uno de ellos es el Colegio Público Cisneros, mucho más que un proyecto educativo atractivo, muy solicitado por padres y madres.

El equipo del Cisneros dibuja prioridades en la diversidad, la igualdad, la cooperación y la sostenibilidad. Apuesta por la salud y la alimentación sana, cercana y justa. Ya es famosa su gran batalla a los metales pesados de las percas del Nilo rebozadas, que ofrecen, en los comedores escolares, las multinacionales del catering.

Trabaja el Cisneros la educación en el medio ambiente, la ecología y el consumo responsable. Se sirve de todas las posibilidades para la comunicación que ofrecen las TIC. Y le preocupa la salud democrática, la educación en los valores ciudadanos de participación, tolerancia y respeto a la diferencia. Ningún niño se ríe de otros con alguna discapacidad. Está todo dicho.

Casi todo. El resultado es un microclima cálido de nuevo modelo. Lo conocen bien la Plataforma contra la Exclusión Sanitaria, nacida por oposición a un Real Decreto que entra en conflicto con los derechos humanos; el Frente Cívico o Podemos, movimientos políticos de ruptura ante la pérdida de calidad democrática; o los preferentistas, víctimas de los excesos financieros, de un sistema que flaquea en su vertiente sostenible.

Han encontrado su sitio en el Colegio Cisneros, que comparte clima y calle con el otro extremo del eje, a escasos cientos de metros, la librería La Vorágine. El eje Cisneros sobre el que rotan los colectivos sociales, la iniciativa y el espíritu crítico. Pensemos – creamos- que es el eje de los nuevos tiempos.

LA EVOLUCIÓN

Cuando La Vorágine haya consumado su mudanza, los polos de aquella movilización crítica se habrán acercado hasta ser vecinos puerta con puerta.

La Vorágine tendrá mejores instalaciones para su Instituto de Desaprendizaje; accesible para todas las personas con algún grado de discapacidad; con mejor luz natural; ventilación frente a la humedad que incordiaba a los libros en la ubicación original y una puerta que estaremos deseando atravesar.

Estará más a mano de ese núcleo educativo que conforman tres colegios: Numancia, Magallanes y Cisneros y la Escuela Oficial de Idiomas, que se ha revelado como un lugar poco conocido al que se le podían dar nuevos usos, como para dar cabida a esa creciente agenda feminista que tuvo recientemente la visita de la activista Yayo Herrero. En ese entorno aterrizará La Vorágine.

Si en el texto original hablábamos de un eje que se ordenaba poco a poco, un eje de desarrollo crítico en la ciudad, en el barrio que por algo lo llaman del buen vivir, ahora bien podríamos hablar de un núcleo, un barrio o un distrito de la cultura crítica. En la misma calle, más concentrado. Los polos se han atraído. Será para bien.


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