Greyco: la huida hacia delante de la industria madura con dinero público

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La planta de Greyco es una piscina abandonada || Foto: Trabajadores de Greyco en Facebook.

Las imágenes que nos llegan de la fábrica de Greyco en San Felices de Buelna, que ganan difusión estos días a través de las redes sociales de los trabajadores, serían una buena localización para el rodaje de la escena final de un thriller de ficción protagonizado por el mismísimo Denzel Washington, Bruce Willis o, con suerte, un buen tiroteo entre Al Pacino y Robert de Niro; pero en el mundo real no hacen sino documentar la triste realidad de un viejo proyecto industrial en fase de abandono. La antigua empresa principal del Grupo Fundico Besaya, noticia estos días por la enésima huelga que convoca su plantilla, es una fábrica en crisis permanente, por lo menos desde la reconversión industrial que afectó a España y a Cantabria en los años 90 del siglo pasado, y que parece no haber superado la planta.

Desde entonces, tiene una historia marcada por las constantes ayudas recibidas, al menos 26 millones de euros de dinero público entre 1996 y el desembarco de Frenos Iruña en 2008, sobre todo a través de Sodercan o empresas interpuestas, y de episodios de conflictividad laboral coincidentes en el tiempo con sucesivos periodos electorales (1996, 2003, 2004, 2008).

Un dinero que se ha destinado a mantener con vida este símbolo industrial del corredor del Besaya, que se ha consumido en gasto corriente, sobre todo en materias primas caras y un gasto muy elevado en nóminas; pero que no se ha dedicado a inversiones productivas, como también denuncian los sindicatos.

Todas las ayudas a fondo perdido y las subvenciones recibidas se han dedicado a mantener viva la producción de frenos de hierro, fundamentalmente para el sector automoción. Un producto que, con el tiempo, se ha quedado relegado al mercado de reposición en coches viejos o a marcas low cost, poco competitivo con países emergentes como India o China y con problemas de calidad.

Amenaza con ser otra historia de huida hacia delante de proyectos inviables, como GFB – ahora Fermacell- o Nestor Martin que absorbió despidos de TEKA pero ha tenido que recibir 16 millones de euros esta legislatura. O el propio Racing con un quebranto patrimonial de 43,8 millones públicos, según la juez que investiga la querella de Cantur.

Acompañando las penurias que viven los trabajadores, el pasado fin de semana se manifestaron 3.000 personas, entre ellas líderes sindicales y políticos de la región, que exigen soluciones al Gobierno.

Pero, antes de entrar en la fase de las soluciones, conviene analizar la trayectoria de ayudas públicas ineficaces para reflotar la fábrica, desde hace dos décadas.

 

LA HUIDA HACIA DELANTE DE GREYCO

Hace más de una década, en diciembre de 2003, el entonces flamante Gobierno de PSOE y PRC encarga, a través de Sodercan, reflotar una fábrica que vivía el tercer mes de huelga de su plantilla ante la falta de liquidez, sin poder pagar sueldos, con la luz y el gas cortado y sin acceso a su principal materia prima, el lingote de hierro, también por las grandes deudas con sus proveedores

Sodercan, que ya era propietaria del 45% del Grupo Fundico Besaya (la empresa matriz de otras tres sociedades: Greyco, VETA – Verificaciones Técnicas de Automoción- y MEIBE), se hace con el otro 55% a través de una sociedad interpuesta, del Grupo Gym, en una dudosa operación que acabó en los tribunales con resultado negativo para la empresa pública.

Es decir, cuando Sodercan asume el 100% del control, lo hace a través de pagos a Gym después de una valoración del 55% la fábrica de 1,1 millones de euros, cuando esta ya estaba quebrada, como después se pudo comprobar.

El siguiente intento de reflotar la actividad llega en 2004, para lo cual se hace preciso rehacer las cuentas de la fábrica, en situación de desastre absoluto, hasta tal punto que varios economistas forenses renuncian a reconstruir la contabilidad. Aquel trabajo, arduo, termina con unas cuentas que ya arrojaban pérdidas de 5 millones de euros.

Sodercan alcanza un acuerdo con el Grupo Makilex, que adquiere la fábrica con el compromiso de aportar para inversiones más de 4 millones de euros a cambio de una serie de ayudas para la financiación.

El nuevo propietario consigue mantener el proyecto con 120 trabajadores, a pesar de las dificultadas ocasionadas por la necesidad legal de presentar un triple concurso de acreedores (Fundico, Greyco y VETA).

Los tres concursos de 2005 reflejan, a su vez, deudas por importe de 16 millones de euros, de las cuales 6,2 millones corresponden a SODERCAN y el resto, sobre todo,  son pufos con Hacienda y la Seguridad Social, así como con entidades financieras, sobre todo la vieja Caja Cantabria.

A esto hay que añadir otros no menos de 3 millones de euros en avales o conforming letters de los que la fábrica no ha podido responder.

De nuevo el proyecto decae, por las desavenencias entre Sodercan y Makilex en la forma de concretar las ayudas y tras la intervención del abogado de cabecera de aquel Gobierno, Emiliano Garayar.

Se acuerda la disolución de la sociedad a finales del 2007 y Sodercan aprueba una ayuda de  un millón de euros, destinados a  pagar gasto corriente, con el visto bueno de la administración concursal.

Pero esa cantidad prevista inicialmente se eleva hasta los 7,6 millones de euros a finales de 2008, un dinero que se escapa en gasto corriente, suministros muy caros como el lingote de hierro, oxigeno, transporte, energía y, sobre todo, en nóminas y seguros sociales. En el mismo periodo Greyco factura menos de 5 millones de euros.

Sodercan reclama al juzgado, que ha tenido que poner mucho más dinero que el millón de euros comprometido inicialmente con Greyco en disolución, mientras se encontraba un nuevo comprador para la factoria de la recta de la Agüera, pero lo pierde, básicamente porque el juez le viene a decir que es problema de la empresa pública si ha puesto más de lo acordado.

 

¿MALA GESTIÓN O PROBLEMAS ESTRUCTURALES?

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Imagen publicada por los trabajadores de Greyco en Facebook.

Los sindicatos UGT y CC.OO. han reaccionado con fuertes críticas a las sucesivas direcciones de la empresa, a quienes han tachado de “ladrones” o “piratas”, al tiempo que les han acusado de abandonar la planta a pesar de las grandes ayudas económicas recibidas.

Sin embargo, expertos conocedores de los procesos de Greyco consultados por El Faradio constatan que la fábrica tiene enormes problemas de producto y de competitividad.

Problemas intrínsecos al producto de los frenos de hierro que, como componente auxiliar de automoción tiene un alto coste de producción y un escaso  valor añadido (son piezas que se utilizan para reposición en coches viejos o por parte de empresas low cost; los nuevos vehículos no utilizan frenos de hierro) y una enorme competencia en mercados emergentes como India o China.

Además, señalan constantes problemas de calidad en la producción que no se han podido resolver a lo largo del tiempo, lo cual tiene como consecuencias altos costes – devolución de piezas, despilfarro de materia prima) en un producto que está relacionado con la seguridad de los vehículos y requiere de la máxima calidad.

Por otra parte, la plantilla es de una edad media superior a los 50 años de edad, sujeta a convenios colectivos con derechos consolidados de periodos anteriores (Greyco antes fue AUTI) y una capacidad de producción de 12.000 toneladas al año como máximo, cuando ha tenido 120 trabajadores en plantilla (Frenos Iruña redujo la plantilla a la mitad).

Frenos de Iruña, la actual propietaria, es una sociedad anónima laboral (S.A.L) que se quedó en liquidación con la fábrica en 2008. Antes, Greyco era su proveedora (aproximadamente en un 10% de su volumen). En la matriz de Pamplona, los trabajadores, que son socios, estuvieron dos años cobrando la mitad de su sueldo.

Desde la llegada de la navarra, Greyco ha seguido ingresando ayudas públicas, pero la situación sigue en punto muerto, la fábrica abandonada y el conflicto laboral latente en la antesala de otras elecciones

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