La deslocalización de la política industrial

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Por el sur, por oriente y por el centro, la industria cántabra vive momentos de incertidumbre.

-Con Gerdau Reinosa, Robert Bosch en Treto y la planta de electrólisis de Solvay en Torrelavega en venta, con un acuerdo que no termina de cerrarse para Greyco

-Con los problemas ya conocidos en Sniace, los fiascos industriales de GFB (pasado) y Ecomasa (presente) y el menos mediático cierre de TAF en Los Corrales,

-Con las amenazas habituales en la industria cántabra (la propia situación económica, la mayor competitividad de otros países)

-En la semana en que se constituía la Mesa del Besaya para abordar la situación de emergencia industrial en la comarca

-Y con una errática política industrial que ha oscilado entre la entrega de su diseño a expertos en publicidad, la apuesta por sectores de moda (¿eólico, drones, teleféricos?, la (imposible) tentativa de competencia con el País Vasco o la incursión de gobiernos socialistas y presuntamente liberales como socios del sector privado en distintas aventuras industriales…

Es decir, como lo definía esta semana en Buenas Tardes Cantabria la secretaria general del sindicato UGT, María Jesús Cedrún, en un momento en que la industria cántabra vive un panorama “desolador”, por una situación de “venta”, e incluso “de rebajas”, con unos empresarios que son los más pesimistas de toda España.

Con ese contexto, porque el contexto es importante, el principal debate en política industrial en Cantabria es en qué parte del Gobierno se encuadra la empresa pública SODERCAN, responsable de las iniciativas en materia de industria, innovación e internacionalización.

Un debate que surge a iniciativa de una proposición parlamentaria de Podemos (partido que apoyó la investidura de Revilla como presidenta), pero que en realidad se viene arrastrando, soto voce, desde el principio de la legislatura.

Los miembros de la Una de las reuniones negociadoras del pacto PRC-PSOE

Los miembros de la Una de las reuniones negociadoras del pacto PRC-PSOE

Esta sociedad pública ya no está ligada a la Consejería con la que tiene su relación natural, la de Industria, que en el repaCto cayó en manos del PRC (el independiente y ex consejero en nombre del PSOE Francisco Martín), mientras que SODERCAN pasó a la macroconsejería de la socialista Eva Díaz Tezanos.

Y una de las consecuencias que empiezan a señalar en el mundo de la empresa es la dificultad para encontrar el interlocutor, que puede estar en la Consejería o bien en la empresa pública, por definición más ágil a la hora de la gestión, o los riesgos de coordinación en un Gobierno que no deja de estar formado por dos partidos mitad socios y mitad competencia (la empresa de Suelo Industrial y el PCTCAN, por ejemplo, siguen en Industria, en lugar de en SODERCAN).

Se ha creado una nueva ventanilla, un nuevo vuelva usted mañana, un “¿esto era de Sodercan o de la Consejería?”.

Un problema que, por el contrario a otros históricos debates que arrastra Cantabria desde hace décadas (las sentencias de derribo, el déficit de infraestructura, la crisis del sector ganadero), es de reciente creación. Es nuevo: no había un problema y lo hemos generado.

Es peor: nos lo han generado los que deberían ser responsables de buscar soluciones, y ni siquiera ha sucedido porque se estuvieran buscando, sino más bien por criterios de repartos ligados a la distribución de áreas en el Gobierno de Cantabria.

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