Las normas

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Dar aires de normalidad a un lunes que no es normal. Un jubilado confinado no puede aspirar a más. Y a ir apuntando, lo hago y la lista crece día a día, lo que no me parece normal, lo que me gustaría que no pasara pero que no voy a publicar hasta que pase esto que nos está pasando. Confiando en que los lectores habituales resistan conmigo, y yo con ellos, el asalto de la pandemia.

Mientras no resulta fácil contenerse, lo fácil es contestar airadamente, lo he aprendido con la edad, yo era de contestar rápido, es emocionante ver que existen personas que se interesan por nosotros incluso sin conocernos físicamente. La familia, ese valor que en la Europa del Sur hemos conservado por encima de medias mundiales, para bien y para mal, esa familia responde… Los amigos extranjeros que no lo son tanto.

En mi caso desde lugares lejanos: California, Costa Rica, Panamá. Allá donde hermanos de mi padre construyeron sus vidas con una calidad superior a la que entonces les ofrecía su lugar de nacimiento. Mi patria llega hasta el Pacífico porque hace aproximadamente un siglo alguno de mis tíos, a algunos no les llegué a conocer, se fueron. Alguno no volvió nunca… Como hoy se van otros o, mejor dicho, como hoy vienen otros. Es posible que mi sensibilidad para esa situación dramática, migraciones, se haya integrado en mi ADN.

El sábado era el día mundial contra el racismo y también se conmemoraba, con el equinoccio, la primavera y la inclusión para afectados por síndrome de Down. Demasiadas cosas para estar en casa. Desde mi ventana al suroeste vi la maniobra de atraque del ferry. El Cap Finistère no va a volver de momento. Ni ninguno de sus hermanos. Tampoco tenemos vuelos internacionales. Hay que ir asumiendo lo que significa confinamiento.

Desde mis ventanas al este, al caer la tarde sentí envidia. El ruido del peloteo de unas palas es inconfundible, al menos para los nacidos aquí. En una azotea cercana, que el desnivel del terreno sitúa a nuestros pies, un padre y un hijo o dos hermanos, le daban a las palas con ganas y buen estilo. Hace muchos años que no puedo jugar pero sentí envidia. En 1990 me rompí un ligamento de mi rodilla izquierda. Espero que no hicieran nada indebido esos vecinos dándole a las palas.

También se está oyendo que muchos confinados están interviniendo en la vida de los demás. Lógicamente sin conocer cada caso particular… Deberían dejarlo para cuando pase todo. Me he convertido en ¿qué? No quiero contribuir en nada que cree división o mal rollo. Ya volverá la normalidad. Nuestra normalidad incluye la agresividad dialéctica. En otros tiempos eso era muy poco dialéctico ¿Recordamos lo de los puños y las pistolas? Así que, contentos si no pasamos de la palabra.

Una amiga, antigua compañera de trabajo, me propone escribir para ancianos residentes en geriátricos. Hay varias campañas que están canalizando profesores con sus alumnos, ahora on line. Ese tipo de vida se ha vuelto más difícil todavía. Lo hago. No me cuesta mucho. Recurro a recordarles lo que solo los más ancianos pueden tener en su propia experiencia vital. Aquí hubo una guerra de verdad y una postguerra que en muchos sentidos resultó peor que la misma guerra. Y ahora la guerra, aunque el presidente de Francia haya empleado el término, es una guerra muy llevadera.

Nos quedamos en casa pero no nos bombardean y tenemos comida y agua caliente y electricidad… Ellos, los más ancianos, saben lo que es la guerra. A los demás nos ha cogido muy desprevenidos. Eran cosas que pasaban en otros lugares. También la guerra en Yugoslavia nos cogió igual de desprevenidos. Tanques por las autopistas…

Entre todo eso que nos está pasando a todos, y como prueba de que somos como somos, y que el principio de que las normas están para no cumplirlas, además de caravanas que atascan autopistas, destaco que el viernes la policía, en Barcelona, detuvo a ocho participantes en una orgía. Pasear al perro un poco lejos de casa se convierte en falta menor ¿no?

Y ya se ha oficializado lo que creo que todos sabíamos. La cuarentena puede ser muy larga. Paciencia y civismo y gracias a la inmensa mayoría, fundamentalmente a quienes tienen que salir de casa, poniéndose en peligro, para ayudar a los demás.

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1 Comentario

  • Alejandra Calderón Ruiz
    24 de marzo de 2020

    Nostalgia, reflexión y esperanza.
    Nostalgia al pensar que viajes y planes para reunirte con familia y amigos que viven lejos no será factible a corto plazo
    Reflexión: guerra nunca viví en mi natal Costa Rica, impedimento de salir de casa era solo por el castigo certero de mi madre con sangre española y que éstos y otros hechos vividos o estudiados en las escuelas han sido superados por la fuerza del ser humano, ésto me da esperanza.. Gracias. Roberto por tu escrito.

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