Frente a la muerte el Amor

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Nadie hablará de nosotros cuando hayamos muerto, nadie preguntará de quien era el último aliento que alguien cogió para respirar de nuevo. El oxígeno se convertirá en un artículo de lujo al alcance de unos pocos privilegiados. Decir lo que sientes será simplemente mostrar la etiqueta de una piel rebajada porque nadie la siente. Demasiadas capas para un invierno que ya no existirá porque el cambio climático habrá hecho que todas las estaciones sean igual. Siempre verano de garganta seca y grieta en la tierra, de brizna de hierba que muere sin encontrar una gota de agua que la riegue. De campos desolados con las marcas de una cara agrietada por donde campas a sus anchas las cucarachas, las lagartijas, las últimas especies que sobrevivan al último asesinato. Cuando los abrazos sean la más retorcida forma de ejecución.

Antes de morir, en mitad de un bosque talado, donde solo quedaban los troncos rebanados por el cuello, él último árbol que permanecía en pie, miró a su alrededor y sin que nadie le clavara un hacha, sin que nadie lo desgarrara con las cadenas de una motosierra, sin necesidad de que ninguna grúa lo arrancara de raíz, se dejó morir. A la mierda, no os voy a dar el gusto pensó. Una a una las hojas cambiaron de color, del verde al marrón, se pudrieron poco a poco y se evaporaron junto al último soplo de aire. Ya solo quedamos nosotros dos le dijo al viento, y la corteza se desprendió de su cuerpo como el sudario de un dios en quien no cree nadie. Ya solo quedamos nosotros dos le dijo al silencio y cuando su tronco se quebró, el grito de dolor y libertad simplemente no existió porque no había nadie para oírlo. Solo plástico y cemento.

Nadie hablará de nosotros cuando hayamos muerto. Nadie morirá por amor, nadie hará nada por amor, porque el amor será un artículo prescindible, en la sección de descatalogados de unos grandes almacenes. Quien necesita el amor cuando tienes el porno, el tinder, el trabajo por el que  das la vida y en el que buscas sentido a tanto sinsentido de facturas, de frustraciones. Quien necesita el amor, demasiado complicado para encajarlo en una agenda social tan bien programada para convencerme de que lo que parezco es lo que soy. El amor es una pérdida de tiempo cuando el tiempo es lo más preciado que tenemos, el amor es una inversión que no garantiza ningún tipo de rentabilidad ni a corto, medio, o largo plazo. El amor es una ficción creada, una distracción, un proceso químico que provoca una reacción en cadena que te hace perder la razón. Y, sin embargo, te amo.

Una legión de seguidores de Descartes se manifiesta contra el amor, ¡que le corten la cabeza! gritan. Aunque tras pensarlo por un instante, ellos mismos se dan cuenta de su error, y cambian el lema por “que le arranquen el corazón”.  Cuando llegan al claro del bosque, donde se encuentra la última persona enamorada, con las antorchas encendidas, con sus móviles grabando la escena, y con las miradas fijas en sus pantallas, crean un nuevo grupo de wasap: “Solo la razón tiene la razón, solo la verdad, sabe la verdad”. La imagen del grupo es una foto de un viejo con barba que nadie conoce. El lema “pienso luego existo” ya nadie lo entiende, creen que es un slogan publicitario, una frase ocurrente de un creador de fakes news de twitter. Solo saben que el amor debe morir, porque ocupa demasiado espacio en el disco duro de su memoria. Mientras tanto, el último ser humano enamorado se suicida porque le han convencido de que, a estas alturas, era lo más práctico (la otra opción era entrar en “otro” grupo de wasap).

La rama del árbol de la que iba a colgarse ya no está. El árbol ha desaparecido. Decide suicidarse haciéndose un selfie con sus verdugos. Todos sonríen como si la vida les fuera en ello. Y es que nadie hablará de nosotros cuando hayamos muerto. ¿Quién necesita el amor si tengo los chats de internet, la masturbación a la carta en forma de supremacismo del Yo y que se joda el resto?

Tras la última guerra y  la gran pandemia, solo quedaron ellos, se movían rápidos siempre con miedo, ese miedo necesario para sobrevivir. No se quedaban demasiado tiempo en un mismo lugar. Eran conscientes de que sus vidas pendían de un hilo. No podían permitirse ninguna distracción, ningún error; sabían que si ellos desaparecían todo por lo que habían vivido y luchado se perdería con ellos. No había un lugar en la tierra de los vivos ni de los muertos en el que no les hubieran buscado, pero hasta ahora siempre habían logrado escapar en el último momento.

Su último acto fue majestuoso, aún se oye hablar de ello a las ramas de los árboles que brotaron después y que prendieron como gasolina inundando todo de una vida tan salvaje que las tablets explotaron y los iphones reventaron en las orejas de sus dueños. Se pararon, les miraron y se dieron un beso mientras decían: Nadie hablará de nosotros cuando hayamos muerto.  Y, la verdad,  les importaba una mierda.

Aunque se equivocaban en algo, porque aún hoy cuentan su historia. Porque el amor venció a la muerte, a la razón.

Frente a la muerte el AMOR.

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