4 balas y una carta

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La tonalidad fundamental del odio es la hostilidad, la confrontación, el rechazo y la actitud afectiva de índole negativa. En esto el odio está emparentado con la antipatía, la ira, el asco, el desprecio y la lucha”1 (pág 143)

Cuatro balas en una carta debería ser razón suficiente para condenar si paliativos, sin peros, sin dudas, sin silencios que dejan espacio para la impunidad, la banalización, o ese “algo habrá hecho” que tanto resuena en nuestra historia reciente. En cuatro balas y una carta el fascismo comienza en el remitente, quien las recibe es la víctima. Esa es la frontera entre fascismo y antifascismo. Entre fascismo y democracia.

El odio es un aspecto histórico en el vivir humano, como las circunstancias de nacimiento, el carácter, la conversión, la pasión, el amor, la obra y la hostilidad”.(pág 146)

Hay pasados tan cercanos que aún se viven como presente. Cuando un político, periodista se ve sometido a ese proceso de des-humanización y caricatura que hace que olvidemos, que le despojemos de su condición humana. Cuando eso sucede se traza una línea entre demócratas y fascistas, entre quienes creen en la convivencia y un marco de relaciones democrático, un espacio común de encuentro entre diferentes, y quienes creen que una bala en la nuca es el medio para conseguir su distopía totalitaria. No es tan fácil como parece ver esa línea, colocarse en el lado correcto de la historia. Se intenta desdibujar con esos silencios, con esos peros, con esos algo habrá hecho, o esas equidistancias morales basadas en generalidades de “condenamos todo tipo de violencia” para así no condenar el hecho concreto, la violencia concreta, la amenaza concreta, el atentado concreto. Y todo ello envuelto en un discurso y un relato en el que no haya dudas de que quien recibe ese odio en forma de amenaza, agresión, balas en una carta, o tiro en la nuca, lo hace porque también la “historia” ofrece una coartada para la impunidad y el odio.

Se podría optar también por el giro de que el odio solo es posible ante un objeto al que se puede atribuir una responsabilidad y conciencia ética”

Y así el odiador construye un enemigo que le permita colocarse así mismo en “el lado de los buenos”. Una cuartada que puede tener su caldo de cultivo en unas sociedad desangrada. Decía Bertold Brecht que “todos miran la fuerza del caudal, pero nadie la naturaleza del cauce que lo provoca”. Y si ese caudal de indignación o frustración es contaminado por discursos de odio y canalizado hacia la violencia o la justificación de la misma.  “¿Quién puede decir de modo inequívoco, qué es lo que el odiador podría acometer?” (Nos pregunta Aurel Kolnai, autor de «Asco, soberbia, odio. Fenomenología de los sentimientos hostiles»)

Con cuatro balas en una carta vuelve la realidad, no es la primera vez que lo hace, a preguntarnos de que lado estamos, tampoco será la última. Vuelve a plantearnos una pregunta tan clara como reveladora a la hora de retratar el significado que le damos a las palabras, a la verdad que escondemos tras ellas y las acciones con las que aspiramos a dotarlas de sentido.

No es usted del castillo, no es usted del lugar, no es usted nada” le decían a “K” el personaje protagonista de este relato de Kafka. Y si no eres del castillo de repente ya no tienes derechos, ya no eres de los nuestros, ya te colocamos en un escalón inferior , tan bajo que incluso podemos pisarte. Porque eres “nada”, estatus que quien está en el castillo te otorga. De repente ser humano ya no es algo que te pertenece, es algo que alguien te da. Incluso pueden decidir someterte a su propia metamorfosis y hacer de ti el virus responsable de su particular pandemia, la intolerancia que se alimenta del miedo. Tu humanidad ya no es tuya, alguien se arrogado el poder de arrebatártela. Y tal acción forma parte del proceso de deshumanización donde como decía Primo Levi:

Es necesario ubicar a las víctimas en el conjunto de plagas dañinas –“gusanos”, “ratas”, “cucarachas”− para inhibir los impulsos de compasión que suscitan nuestros iguales”.

Así, habrá quien diga que no te vio y que fue sin querer, habría quien los justifique porque estás debajo, pero también habrá quien se rebele contra esa dictadura de los escalones y de quienes los utilizan. Habrá quien diga que te has inventado la carta, que la usas políticamente o de forma partidista, habrá a quien solo le sirva ese análisis cuando se refieran a “los suyos”,  porque “los otros” empezaron primero. Y de nuevo el marco mental de un nosotros vs ellos retroalimentado en relatos y narrativas que poco tienen que ver con el conocimiento histórico, sino con un uso sectario e interesado que alimente ese odio como emoción primaria sobre la que construirse e imponer su visión del mundo.

Porque cuando llega una carta y cuatro balas si que existe un nosotros y un ellos. Un nosotros en quienes condenan sin paliativos ese hecho, le suceda a quien le suceda y quienes no. Porque, en este caso, si el cartero llama dos veces quizás en la segunda el resultado sea la muerte. Y entonces ya será demasiado tarde.

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Notas: 1Aurel Kolnai. Asco, soberbia, odio. Fenomenología de los sentimientos hostiles

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