El Consejo Escolar del colegio Primo de Rivera de Ampuero aprueba cambiar el nombre del centro

La iniciativa de cambiar el nombre partió de un grupo de vecinos del municipio que respondía a “la imperiosa necesidad de no homenajear ni dar legitimidad a una persona que decidió que la democracia no era el mejor camino”.
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CEIP Miguel Primo de Rivera. Ese es el nombre del colegio de Ampuero. Lo de CEIP se refiere a Centro de Educación Infantil y Primaria y lo de Miguel Primo de Rivera es el nombre del capitán general de Cataluña, que el 13 de septiembre de 1923 dio  un golpe de estado abriendo un periodo marcado por » por la suspensión de las garantías constitucionales, la prohibición de otras lenguas que no fuesen el castellano, la disolución de las diputaciones provinciales y la censura de prensa». Así lo define en su web la página del Congreso de los Diputados que añade que «en 1924, funda la Unión Patriótica, partido único y personalista que sostiene a la Dictadura».

La semana pasada, el Consejo Escolar del colegio voto a favor de quitar el nombre del dictador Miguel Primo de Rivera y cambiarlo por CEIP Ampuero. Así lo cuenta en sus redes la Asamblea Feminista del Oriente Cántabro quien explica que para que el cambio sea definitivo, tiene que ser aprobado por el pleno del ayuntamiento.

La iniciativa surgió de  grupo de vecinos del municipio, que emprendieron una campaña para trasladar su opinión a responsables del centro, de la Consejería de Educación y el Ayuntamiento.

Lo que recalcaban es que que no era ni una “pataleta” n siquiera una referencia a la Ley de Memoria Democrática, toda vez que se centra en un período posterior (la Guerra Civil, la dictadura y los primeros años de la transición en los que se produjeron episodios de violencia política, como la matanza de los abogados de Atocha o el caso Almería).

Señalaban que se trataba de “un deber moral” que respondía a “la imperiosa necesidad de no homenajear ni dar legitimidad a una persona que decidió que la democracia no era el mejor camino”.

Y lo veían  incompatible con un sistema educativo público, gratuito, “con voluntad universal y peleas constantes por la búsqueda de la calidad”, porque “el nombre de un dictador no representa ninguno de los valores que promueve la escuela en este país”.

Y mostraban su convencimiento en que “es más fácil de lo que pensamos encontrar nombres de personas que lucharon o luchan por el bien común, y es infinitamente más justo para todas y todos dotar al colegio de un nombre que pueda llevar con orgullo y sea ejemplo de las prácticas y acciones que queremos promover socialmente”.

 

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