La Magdalena, el campo de concentración que el franquismo quería que viéramos

La Magdalena fue el campo de concentración más fotografiado del primer franquismo, convertido en escaparate de orden y control mientras se ocultaban el hambre, la enfermedad y la muerte
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El campo de concentración franquista instalado en el Palacio de La Magdalena, en Santander, no solo destacó por el número de prisioneros que llegó a albergar, sino por el modo en que fue exhibido públicamente como símbolo de victoria y control.

Según el expediente administrativo tramitado para su declaración como Lugar de Memoria Democrática, consultado por EL FARADIO, La Magdalena fue el campo más fotografiado de los primeros años del franquismo, utilizado como instrumento de propaganda por el nuevo régimen.

El informe de viabilidad ligado a esta declaración impulsada por Héroes de la República y Delegación de Gobierno, y tramitada por el Gobierno central, incluido en el procedimiento destaca que las autoridades militares encargadas de la represión en el norte peninsular organizaron y difundieron imágenes del campo con un propósito específico: mostrar la capacidad del Estado franquista para someter y disciplinar a los vencidos.

Las fotografías mostraban filas de presos en formación, actos religiosos colectivos y escenas de vigilancia, sin rastro de sufrimiento ni hacinamiento. Las primeras investigaciones del campo las realizó hace apenas una década el profesor universitario Alberto Santamaría.

Estas imágenes circularon en medios de la época y en informes oficiales internos. En ellas, los prisioneros aparecían uniformados, alineados, en actitud pasiva. El mensaje era claro: la “nueva España” imponía orden frente al “caos republicano”. Este relato visual buscaba legitimar el golpe de Estado y el modelo de autoridad militarizado que lo sucedió.

Sin embargo, el expediente deja constancia del profundo contraste entre lo que se mostraba y lo que realmente sucedía dentro del campo. El internamiento se realizaba en las caballerizas del Palacio de La Magdalena, con una capacidad teórica para unas 600 personas, que llegó a triplicarse en algunos momentos, alcanzando más de 1.600 internos simultáneamente. Esta situación fue descrita como “hacinamiento estructural”, es decir, no accidental ni temporal, sino sostenida y asumida como parte del funcionamiento del recinto.

Las consecuencias fueron graves. El informe recoge condiciones sanitarias extremas, con presencia documentada de tifus, sarna, tuberculosis, además de hambre, frío y desnutrición generalizada. También se citan testimonios que apuntan a la existencia de ejecuciones extrajudiciales y al abandono de cadáveres en la orilla del mar, para que fueran arrastrados por las corrientes.

En ese contexto, la propaganda cumplía una función doble: hacia el interior, advertía a la población del destino de quienes se resistieran al nuevo régimen; hacia el exterior, proyectaba una imagen de estabilidad y control en los territorios “pacificados”. La represión no se ocultaba, se organizaba para ser vista bajo un encuadre favorable al poder.

El expediente destaca que esta estrategia visual no fue improvisada. La ubicación del palacio, en una península cerrada y visible desde la costa, facilitaba el aislamiento físico de los prisioneros, pero también su exposición pública controlada. El espacio funcionó como un teatro disciplinario, donde el castigo era real y el relato visual lo convertía en símbolo de “orden”.

Las fotografías del campo se conservan hoy, en parte, en el Archivo General Militar de Ávila y en el Centro Documental de la Memoria Histórica de Salamanca, donde continúan las investigaciones sobre el uso de estos materiales. Su análisis permite entender cómo el franquismo utilizó el poder de las imágenes para normalizar la represión, no como excepción, sino como fundamento visual del nuevo orden político.

El informe oficial propone que el lugar sea debidamente señalizado e incluido en itinerarios de memoria democrática, y que cuente con recursos audiovisuales explicativos, como parte de su función didáctica y reparadora. Esta documentación gráfica, hasta ahora poco conocida, puede contribuir a una lectura crítica de las imágenes, desactivando su propósito original y poniéndolas al servicio de una memoria pública informada.

Cómo apoyar esta declaración en positivo

Durante el trámite de información pública, cualquier persona puede presentar alegaciones favorables a la declaración de La Magdalena como Lugar de Memoria Democrática. Las propuestas pueden incluir:

  • Solicitar que se recopilen, digitalicen y contextualicen las fotografías históricas del campo.
  • Proponer la creación de un archivo interpretado, accesible desde el Portal de Memoria Democrática.
  • Reclamar una exposición permanente, con enfoque crítico sobre el uso propagandístico de la represión.
  • Sugerir que el espacio se integre en programas educativos sobre memoria, imagen y autoritarismo.
  • Añadir argumentos para su declaración

Las alegaciones se presentan en registros administrativos o por vía electrónica. Puede hacerse desde este enlace.


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