Año 1982, año de la recuperación de los carnavales en Santander
«El carnaval era la misma ciudad transformada. Una excursión al templo del consumo es algo diferente, su realización implica la sensación de ser transportado a otro mundo, y no, como en el caso del carnaval, la sensación de estar presente una transustación maravillosa del mundo conocido»
ZygmuntBauman
El carnaval ha sido históricamente objeto de atención para diversos campos de la producción artística y de las artes aplicadas: pintura, talla, música, cine, fotografía danza, teatro, narrativa, poesía, ensayo. Es más, puede decirse que constituye en sí mismo un compendio de diversas manifestaciones propias del arte efímero. Para percatarse de ello basta con echar un vistazo a la heterogeneidad figurativa de su estructura morfológica, a las características de sus acciones festivas, a los espacios del discurso carnavalesco y a los contextos artístico-verbales (materiales, literarios, plásticos y dramatúrgicos) que configura su especificidad.
Desmemoriados tenía contraída una deuda con este tipo de representación cultural tan arraigada, aún hoy, pese a sus diversas transformaciones y redefiniciones sociales, en los ciclos festivos de las sociedades occidentales; deuda que pretendemos saldar con el análisis de los carnavales desarrollados en el año 1982, que suponen la recuperación de los carnavales , ya que aun habiéndose celebrado durante los siglos XVIII, XIX y principios del XX, estos fueron prohibidos con el estallido de la guerra civil y la consiguiente dictadura. Hay que observar que estas fiestas se producen con la llegada de la Democracia, en la década de los años 80 en casi toda España, pues estos serían los años de mayor trasgresión.
Antonio Montesino estudió los carnavales desde la perspectiva antropológica, como un ritual simbólico con una enorme trascendencia social y cultural. El carnaval, en sus propias palabras:”siempre ha actuado como un rito al servicio de la identidad de las gentes y la subversión simbólica y transitoria del orden establecido. Esta festividad representa una inversión del orden y la libertad, tratándose de una válvula de seguridad que permite que la población se divirtiera y transgrediera los órdenes establecidos pero dentro de un control social.”
Fue el mismo Montesino, con la colaboración de la antropóloga Mary Roscales, quién propuso al Ayuntamiento de Santanderen 1982, siendo alcalde de la ciudad Juan Hormaechea y concejal de cultura Jesús Ceballos, la original iniciativa para recuperar el Carnaval en Santander y también en Reinosa y Santoña, esta última famosa por celebrar el Juicio en el fondo del mar. Los programas se presentaron con la estética de los libretos de 1915. La vuelta del Carnaval fue apoyada tanto por el Ayuntamiento como por la población en su conjunto, celebrándose verbenas en diversos barrios o zonas de Santander aparte de los eventos oficiales. Cabe destacar que fueron muy celebrados en del barrio de Castilla -Hermida, con desfile infantil incluido.
A esta propuesta se unirían un grupo de escritores, poetas, pintores y actores de teatro, encabezados por Isaac Cuende, Rafael Gutiérrez Colomer, Ana García Negrete, Marta Cuende, Román Calleja, Joaquín Martínez Cano, que realizó el cartel del carnaval de 1982, entre otros. De este grupo fueron los principales promotores y organizadores del mismo -Isaac Cuende y Antonio Montesino- que crearon la comparsa El descojono, la primera que produjo un cuadernillo de coplas enmarcado en la tradición de la literatura de cordel y de la carnavalesca. También se unieron Los Callealteros, con sus “crímenes de Tadeo”, verdaderos protagonistas del Entierro de la sardina, que se celebró el miércoles de ceniza, para el entierro del carnaval y la despedida de la carne. En realidad este simulacro de entierro no se refiere a la sardina como especie marítima, sino a un cerdo abierto en canal, que anuncia la muerte del carnaval y prepara el paso al tiempo de cuaresma.
Esta singular iniciativa ha de enmarcarse en el contexto histórico de un tiempo en el que para determinados grupos sociales tenía un importante significado la recuperación de la calle entendida como un espacio cívico de prácticas sociales y culturales de marcado carácter democrático, crítico y reivindicativo. Señalemos que, en 1982, algunos de los protagonistas de este evento, forjados en las precedentes luchas antifranquistas, fueron los principales impulsores de la recuperación de los carnavales en las ciudades más importantes de Cantabria, entre ellas Santander. De ahí el recurso característico propio de la estructura carnavalesca tradicional, tales como la apropiación colectiva y lúdica del espacio público de la calle, la utilización de la risa satírico -burlesca y de la transgresión festiva de la realidad, empleados al servicio de un proceso comunicativo diferenciador, a través de la subversión simbólica, y esporádica, del orden social establecido.
Antes de adentrarnos en la descripción del primer carnaval celebrado en Santander desde su prohibición, vamos a detenernos en algunas descripciones del carnaval tradicional, con los datos recogidos del libro de Antonio Montesino Carnavales urbanos de Santander. Fue tradicionalmente organizado en función del Miércoles de Ceniza, con el que se da inicio al tiempo eclesial de la Cuaresma, de modo que simbólicamente, el exceso llevado a cabo durante la festividad será purificado en el cumplimiento de la Cuaresma. Los días grandes de los carnavales serían el sábado por la tarde, el domingo (celebración del Carnaval Infantil), el Martes de Carnaval, el Miércoles de Ceniza (con el “entierro de la sardina”) y el Domingo de Piñata (ya en plena Cuaresma). Con respecto al “entierro de la sardina”, Montesinosubraya que los más importantes se dieron en los años 1853, 1869, 1884, 1913, 1914 y 1915.
Las comparsas más famosas en los carnavales de nuestra ciudad antes de la Guerra Civil son “El Cencerro” (1881) y “El Campano (1884), esta última se mantuvo durante cuarenta años y en su repertorio se incluyen letras de José Estrañi, director del periódico El Cantábrico. En el cambio de siglo, el Orfeón de Cantabria y El Noticiero Santanderino crearon la “La Mascarada de la Luz”, en el año 1900, cuya temática era, como su propio nombre indicaba el “Siglo de las Luces”. También hubo otras comparsas asociadas a gremios de Santander, como “Los Zapateros” y “Los Vulcanos”, del gremio de los herreros. Las comparsas cantaban unas coplas que, junto a las “pacotillas” y las “charadas”, dieron lugar a un género literario específicamente carnavalesco; algunas de ellas se publicaron en la prensa regional –El Cantábrico, La Atalaya y El Atlántico-, o en los folletos que las propias comparsas editaban para recoger en sus letras los sucesos más escandalosos y cómicos de la ciudad o del país, letras a las que se añadían músicas y ritmos de la época (mazurcas, habaneras, valses). Las “Gigantillas Carnavalescas” fueron otro elemento destacado de los carnavales de la época isabelina, figuras que también eran utilizadas en otras fiestas populares.
El Carnaval de Santander, recuperado en 1982 tras un largo paréntesis que abarca la dictadura franquista y la transición a la democracia, se comenzó a celebrar, siguiendo el esquema de los carnavales tradicionales, antes del período de Cuaresma, el sábado 20 de febrero, para concluir el día 24, miércoles de Ceniza, con el “entierro de la sardina”. La apertura oficial tuvo lugar el sábado a las 20:00, con la lectura del pregón, que no se pudo concluir debido al tumulto de gente, el ambiente festivo y la algarabía. Realmente que no hubiera un orden, como ocurre en la actualidad, cuando cada charanga tiene que ocupar su lugar, posibilitó la transgresión lúdica, la fantasía popular y la convivencialidad. La cultura popular pudo mostrarse en el espacio público, en la calle, y dar rienda suelta a la sátira, lo grotesco, y la risa, en un ritual festivo desordenado en el que, por un corto espacio de tiempo, quedaba suspendida la realidad de la vida cotidiana.
El desfile partió de la Alameda de Oviedo, aglutinando a su paso una gran cantidad de público y de comparsas y charangas, para terminar en Correos. Entre otras, cabe mencionar la “comparsa-charanga de Tetúan”, los “Callealteros” con sus crímenes de Tadeo, las charangas del “Grupo Velarde”, la comparsa “El Descojono”, “Las Bellas Anjanas”, “Los Antiotánicos” y “El Autobús de Valdecilla a San Fernando”. De estas comparsas destaca el Descojono, con sus coplas, al estilo de las comparsas tradicionales y con sátira política: Acércate camastrón/acércate al Carnaval/no te quedes ahí “parao”/con cara de funeral. Acércate camastrón/acércate al Carnaval/que lo bonito es mear fuera del orinal/…En la plazuela de Pombo/el alcalde en una hora/se ha cargado treinta chopos/con la pala excavadora/y los perros pobrecitos, /no tienen donde mear/le han pedido al municipio/un pernil de concejal.
El domingo en La Alameda de Oviedo tuvo lugar el carnaval infantil, con la participación del grupo de de teatro Ábrego y de la Asamblea de Mujeres, que representaron dos piezas teatrales. En diferentes barrios de la ciudad y durante todo el fin de semana, se celebraron diversas fiestas, verbenas y carnavales infantiles.
El colofón de los carnavales de 1982 tuvo lugar el miércoles con el ritual de“el entierro de la Sardina”, detallado en el Hablador, con el título Pelando el limón, de Amalia Carnestolendas: (https://www.santander.es/sites/default/files/anexo_iv_-_los_carnavales_de_1982.pdf):
“Abría la marcha la Charanga de Tetuán, la seguían un mascarón de formas románticas, golpeando a son de muerte un bombo, dos ensabanados con aspecto escatológico sonando platillos. Una mujer de rostro maquillado y vestidos decadentes portaba un estandarte, epitafio definitivo, otra, travestida a caballero—satánico, la acompañaba un cirio en mano. Detrás varios ensabanados con velas, desfilando con pasos de muerte anunciada y dos domines cantando a garganta de gregoriano, coplas de enterramiento con letrillas dela colza, la caja rural, los ediles y otras chichas propias del buen comer beber y…del carnaval.
Y por fin, la caja de la difunta sardina, del carnaval derrotado, destronado de su tiempo festivo, camino de la hoguera, de las aguas de la bahía. La caja negra llevaba inscritos, en sus partes laterales, dos contundentes epitafios. COLZA y RURAL, realismo grotesco, juego de la fiesta, la muerte y la vida, cosmovisión de las desgracias populares, sátira de la colectividad sobre sus penas y temores.”
Concluimos este artículo sobre el Carnaval, con unas palabras del historiador y filósofo del lenguaje MijailBajtin (1971), referentes al tema: “Con todas estas imágenes, escenas, obscenidades e imprecaciones afirmativas, el carnaval representa el drama de la inmortalidad e indestructibilidad del pueblo. En este universo, la sensación de la inmortalidad del pueblo se asocia a la relatividad del poder existente y la verdad dominante.
Las formas de la fiesta popular tienen la mirada dirigida hacia el porvenir, y presentan su victoria sobre el pasado, la “edad de oro”; la victoria de la profusión universal de los bienes materiales, de la libertad, la igualdad y la fraternidad.
Fotos: Yannarelli. Celebración de los carnavales en Santander, 1982, Fondo Ayuntamiento de Santander, Centro de Documentación de la Imagen de Santander, CDIS, Ayuntamiento de Santander.
BIBLIOGRAFÍA
Bajtin, Mijail (1971): La cultura popular en la Edad Media y en el Renacimiento. El contexto de FrancoisRavelais. Editorial Barral.
Bauman, Zygmunt (2002): Modernidad líquida. Fondo de Cultura Económica.
Montesino, Antonio (1985): Fiestas populares de Cantabria (3). Carnavales urbanos de Santander y Santoña. EditorialTantin.
Montesino, Antonio (1986): Literatura Satírico-burlesca del carnaval santanderino (1875-1899). Editorial Tantín. Revista La Ortiga nº 45//47 (2004). Editorial Límite.