El mirador “irrenunciable” sobre la sede del Banco Santander llevó a ocupar el arco y sacrificar el paso de autobuses
Cuando el Banco Santander decidió convertir su histórica oficina número 1, en el corazón del Paseo Pereda, en un contenedor artístico que albergara su colección de arte –para la que no encontró espacio en otro edificio construido no hace tanto enfrente, el Centro Botín–, pronto decidió que había una parte del proyecto que era «irrenunciable».
Con esa expresión se referían al mirador que corona el edificio, una estructura que sobresale en alturas respecto al armónico equilibrio de su entorno más inmediato.
De hecho, el mirador es uno de los motivos por lo que el denominado Proyecto Faro no cumplía el Plan especial de Protección del conjunto histórico del Paseo Pereda, una herramienta urbanística que buscaba precisamente preservar el valor histórico y arquitectónico de la zona. Que no se cumpliera no significa que no se pudiera ejecutar: lo que se decidió fue modificar el Plan especial de protección para que tuviera encaje.
Era tan «irrenunciable» que a la hora de estudiar alternativas para ubicar las piezas de arte en la oficina que durante años era prácticamente la foto con la que se presentaba el Banco se desechó, como ha podido comprobar EL FARADIO, cualquier opción que no recogiera el mirador (en realidad, más que un mero mirador a la Bahía, un recinto de eventos).
Incluyendo la intervención mínima, sin mirador ni ocupación del arco por debajo, pero que seguiría permitiendo ubicar cuadros en salas. O la alternativa llamada C4, que limitaba el crecimiento en altura en la zona central pero ampliaba bajo el arco. Cuando le toca pronunciarse, el estudio de alternativas es claro al respecto: esa opción “elimina uno de los espacios más significativos de la actuación, que es el mirador y espacio de eventos que la opción E incorpora sobre el volumen central”.
La empresa contratada para abordar la modificación del Plan Especial a medida del Banco Santander considera ese espacio “irrenunciable”, pero no por valores artísticos asociados al nuevo uso cultural que se quiere dar al edificio, sino porque ofrece “un punto de vista único y no existente hasta ahora de toda la bahía y de la ciudad de Santander”, y además, se sitúa en un lugar estratégico para explicar la evolución histórica urbana y posee “un inmenso potencial turístico”.
Como argumento, se cita expresamente el precedente cercanísimo del Centro Botín, cuyo mirador exterior, según recoge el propio documento, apelando nuevamente a motivos extra artísticas, registra una afluencia de público que “se ve duplicada” respecto a las visitas al contenido expositivo.
El proyecto va un paso más allá de ofrecer un espacio con vistas bonitas, ya que quiere que sea un lugar donde se desarrollen actos institucionales o de otro tipo: desde ese premisa, no ven siquiera “planteable” depender para su celebración de algo tan normal en Santander como la lluvia. Por tanto, se recurre a un mirador cubierto como parte estructural del proyecto cultural, que es lo que ya asoma en la obra.
Que un edificio emblemático o cultural quiera tener más visitas no es algo nuevo, ni que lo haga apelando a las vistas de una Bahía que abraza a la ciudad y se mete en su día a día, y evidentemente hay más edificios que aprovechan su techo para conseguir una terraza que sirva de ‘fondo’ a su programación: vemos miradores similares en el Centro Cívico Juan Carlos Calderón, en el Río de la Pila, que convierte en muy especial la experiencia de los conciertos, o el Centro Cívico Tabacalera, en Calderón de la Barca/Castilla-Hermida. El propio Palacio de Festivales trata de sacarle más partido a su terraza hacia Gamazo con un espacio hostelero.
Lo nuevo respecto a estos recintos mencionados es que al Santander no le bastan las vistas y teme a la lluvia –que los otros equipamientos parecen condenados a sufrir– y opta por cerrarlo.
Hay otro condicionante para el edificio, que opta también por elevar la altura de sus salas para acoger las obras, lo que implica, según sus cálculos, una pérdida de superficie total del 4,3% con respecto a la actual y una pérdida de superficie sobre rasante del 12,5%.
Es una decisión, como lo es también que el espacio para eventos (como el que tiene el Centro Botín, con varias salas que pueden tener vistas a la Bahía, básicamente al estar lo más pegado al mar que se puede) esté arriba para tener también vistas en lugar de en el resto del edificio –donde, en cualquier caso, también sumaría vistas al mar y a la zona, no olvidar que la justificación del mirador ha sido no sólo sumar visitas, sino ofrecer una mirada a un conjunto histórico que lo sigue siendo dos pisos más abajo y sin obstáculos visuales enfrente–.
Para compensar esa pérdida de superficie fruto de las distintas decisiones tomadas, y teniendo en cuenta que necesitan ese margen para el programa artístico, se adopta una solución compensatoria, que es la que pasa por aumento el volumen central, en el arco y bajo el arco.
Se refieren a esas escaleras de acceso por debajo del emblemático arco que, a la postre, además de alterar la imagen que teníamos del edificio, han tenido como consecuencia una restricción al tráfico de vehículos que afecta negativamente a una línea tan popular en Santander como el 5c2, muy usada para «bajar al centro» por personas mayores de la parte alta de la ciudad (de hecho se llegó a llamar Paseo del Alta, hoy Paseo de Altamira, tras haber ‘jubilado’ el callejero al militar franquista que vio como se le puso una calle en vida en la ciudad que contribuyó a invadir y en la zona por la que hizo el paseo triunfal).
Ese ‘sacrificio’ del paso de vehículos no responde a una política meditada en materia de movilidad (una de las grandes debilidades del PP en el Ayuntamiento, del Metrotus al disuasorio junto al Racing), ni a un anuncio electoral ni siquiera a una planificación ligada a la Zona de Bajas Emisiones que el Consistorio implantó por imperativo legal y tras meses de marear la perdiz debatiendo sobre aspectos que no estaban en cuestión, como un hipotético cierre al tráfico del centro que, como evidencian los actos posteriores, en todo caso hubieran dependido de ellos.
Como viene contando estos días EL FARADIO, no sólo es que en el servicio municipal de transportes urbanos no contaran con esta supresión del servicio, sino que hace tan sólo un año la ligaban estrictamente a las obras y garantizaban su retorno a la normalidad…
…, sino que es que la propia modificación del plan de protección del Paseo Pereda, hecha a medida para este proyecto del Banco Santander, descartó expresamente que hubiera cualquier tipo de efecto sbre el tráfico bajo el arco
… e incluso ese documento afirmaba someterse a las normativas generales de Santander, entre las que se refleja una apuesta por el fomento del transporte público, ahora alterado
Y todo sin que haya trascendido ningún tipo de cambio o problema respecto al proyecto original que haya supuesto esta alteración del tráfico y del transporte público.
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