Castro Urdiales soporta mensajes de odio, pero también tiene vecinos que responden ante ellos
Castro Urdiales es el segundo municipio de Cantabria designado por el Gobierno de la Comunidad Autónoma para recibir menores procedentes de Ceuta, Melilla o Canarias. La acogida la decreta el Gobierno central porque esos tres territorios, los habituales de entrada de migrantes en España, sufren una situación de saturación y no cuentan con los recursos necesarios para atender a los menores con condiciones dignas.
Así pues, el Gobierno central decide los menores que acoge cada Comunidad, y estas deciden dónde ubicarlos. En Cantabria, ni Santander ni Torrelavega, hasta el momento, no reciben menores por la situación concreta actual, siendo los municipios más poblados. Han tomado la decisión de que sean Cartes y Castro Urdiales, y los han anunciado a bombo y platillo. Algunos dirán que esto es transparencia (solicitada, sin éxito, en otros asuntos) y otros que esto supone señalar y marcar el sitio adonde ir para acosar a personas menores de edad.
Ahora el Gobierno de Cantabria hace un llamamiento a la calma en boca de la consejera de Inclusión Social, Begoña Gómez del Río, pero la situación de tensión ya se había producido. Además, decía la consejera que entendía la «inquietud», como si fuera normal que la llegada de un puñado de menores tuviera que inspirar ese sentimiento. El domingo se pudieron ver diferentes vídeos en redes sociales grabados en Castro Urdiales donde el mensaje de odio era evidente. Una concentración frente al Ayuntamiento reclamaba que no se acoja ni a uno solo de los menores que se prevé lleguen al tercer municipio más poblado de Cantabria. No es cuestión de Castro Urdiales, sino que se rechazaba la acogida de menores en cualquier municipio de España.
«España cristiana y no musulmana» es uno de los cánticos que se pudieron escuchar, como si el objetivo de un Estado fuera preservar una especie de pureza genética, a salvo de mezclarse con otras etnias (no sabemos si para los ateos cuenta también, si nos vamos a la literalidad del cántico). Por cierto, en esto ya llegamos con muchos siglos de retraso, porque ya hubo una amplia presencia musulmana en España que hace imposible esa pureza genética.
Desactivar el odio con algo tan simple como ser buenas personas
La asociación Castro por la Igualdad convocó una concentración de respuesta para hablar de mensajes muy diferentes a los que se escucharon frente al Ayuntamiento. Pero no contaban con el beneplácito de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. La manifestación contra los menores se pudo celebrar, pero la de respuesta fue impedida porque la comunicación de su celebración no recibió el visto bueno de las autoridades.
Aún así, los activistas que no querían que el mensaje de racismo prevaleciese, trataron de hacerse oír y pudieron colgar un vídeo para comparar lo que decían unos y lo que decían otros.
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No solamente Castro por la Igualdad estaba allí presente. Al conocerse la convocatoria de la concentración por parte de ‘Patrullas Castro’, hubo un aumento de actividad en grupos de Whastapp para tratar de convocar a gente que pudiera acudir a una concentración de signo completamente contrario.
Entre quienes acudieron había gente habitual de las vigilias que se siguen haciendo cada martes por Gaza y toda Palestina en el municipio, y que hoy tendrá un cariz un tanto especial por ser sensibles también a la situación que viven los menores que llegan aquí y no tienen un atención suficientemente adecuada. O también miembros de Las Calles contra el Fascismo, una asociación cántabra que está señalando actividades que se convocan con la intención de maximizar mensajes de corte fascista o neonazi y que van, sobre todo, en la dirección de degradar todo lo posible a las personas migrantes.
Algunos de los activistas dijeron que pudieron escuchar algún exabrupto que va mucho más allá de una situación concreta en Castro Urdiales, como algún ‘Heil Hitler’ o ‘Arriba España’, mensajes de tiempos mucho más oscuros que los de ahora, aunque no fueran mayoritarios durante la concentración.
Patrullas Castro abrió su actividad en redes sociales la semana pasada con un mensaje que dejaba bien claro que otorga a menores migrantes no acompañados la misma categoría que a otros seres humanos, porque los calificaba como «gentuza», además de proclamar que se encargarían de preservar la seguridad del municipio.
Lo que también reseñaron, incluido Asier Tubet, de Castro por la Igualdad, en una entrevista a Onda Cero, es que quienes más cánticos alentaban o quienes más protagonismo tomaban con el micrófono no eran gente de Castro Urdiales, sino gente de fuera de Cantabria. Por ejemplo, de la organización Revuelta, que pretende ser un grupo de jóvenes para defender la nación y que ha tenido vínculos desde hace tiempo con Vox. Esos vínculos han ido a menos en los últimos tiempos, después de que haya aparecido alguna denuncia por un presunto desvío de fondos recaudados para las víctimas de la Dana que devastó parte de la provincia de Valencia el 29 de octubre de 2024.
Este pasado domingo presumían de haber recorrido 1.000 kilómetros para protestar contra la llegada de menores, mientras señalaban, también en sus redes sociales, que el antifascismo es terrorismo. No hace falta decir que si alguien no se declara antifascista, está defendiendo lo contrario.
Quienes pretendían defender la llegada de menores, como Castro por la Igualdad, subrayan que el municipio es diverso e inclusivo y que la concentración del domingo no puede servir para hacerse una idea fiel de lo que es Castro Urdiales. Esto quieren dejarlo claro y por eso ya están preparando una nueva concentración para el próximo fin de semana, en la que no se repita la confusión por la comunicación de la concentración, que ha dado como resultado que la convocada por ‘Patrullas Castro’ se haya celebrado con total normalidad y la otra haya sido impedida por las fuerzas de seguridad.
Se baraja como día más probable el sábado, día 7 de marzo, para no coincidir con la del 8M, que será el domingo (en Castro se convoca cada año su propia manifestación por el Día Internacional de la Mujer, aunque se celebre otra en Santander).
Reviviendo lo sucedido en Cartes
Cartes fue el primer municipio designado por el Gobierno de Cantabria para tener un centro donde se acoja a menores migrantes no acompañados. De hecho, hace algunas semanas que empezaron a llegar. Los mensajes de odio también se produjeron allí, porque hubo concentraciones del mismo estilo. También hubo respuesta vecinal en favor de quienes iban a ser acogidos allí.
EL FARADIO moderó una mesa de debate en el Centro Social Smolny sobre esta cuestión y, en ella, un trabajador del centro, gestionado por la Fundación CUIN, remarcaba especialmente los gestos de vecinos que se acercan allí para dar la bienvenida, por ejemplo, con un paquete de sobaos. Detalles del día a día que no destacan tanto, que no aparecen en los medios de comunicación, y que suponen una normalidad, una manera de convivir tratando igual al que lleva toda la vida viviendo en un sitio y al que acaba de llegar.
Personas de Cartes tuvieron que salir a decir que personas migrantes hay allí desde hace tiempo y nunca provocaron problemas de convivencia, que ese municipio junto a Torrelavega es normal, como los demás, y que no tiene una trayectoria conocida de discursos de odio. Como Castro Urdiales, pero con un tamaño diferente.
En Cartes, a diferencia de lo que ha pasado en Castro en días pasados, sí que hubo palabras por parte de la alcaldesa que no cuadraban con el ideal de ser un lugar acogedor. Definir la llegada de menores como un castigo o recurrir a la burocracia para tratar de tener cerrado el edificio son formas de actuar mucho más cercanas a quienes se concentran para protestar contra la llegada de personas en busca de una vida digna que alguien con responsabilidades en una institución de carácter público.
La alcaldesa de Castro Urdiales ha elegido la acogida como mensaje principal, quizá aprendiendo de la experiencia reciente de su compañera de partido, que sigue militando en el PSOE y sigue ocupando la alcaldía de su municipio. Susana Herrán se ha acercado más en su discurso a quienes pretenden concentrarse pacíficamente contra el racismo y el odio que a quienes han decidido recorrer muchos kilómetros para decir que no queremos acoger y que en España es mejor que todos seamos católicos. Los cánticos serían, seguramente, diferentes si en otros países se recibiera de esta misma forma a los españoles que se ven o se han visto obligados a migrar.
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