«Está bien que nos inviten a un congreso, que es donde tenemos un poquito de visibilidad»
La vida de las rederas parece que va pasando sin que haya grandes cambios. Es una de las formas que tiene de decirlo Soledad Alonso, y la frase encierra una realidad demasiado encallada en un inmovilismo que no les hace justicia a las mujeres que se dedican a este oficio.
Alonso es de Santoña y ya no solamente se dedica a ese duro empleo, sino que también toma protagonismo en asociaciones que defienden los derechos de las mujeres rederas. Es presidenta de AREBACA, específica de Cantabria, y vicepresidenta de ANMUPESCA, a nivel estatal, nombrada el pasado marzo. Las mujeres que se dedican, de alguna forma, al sector pesquero, tienen las puertas abiertas para seguir el camino de quienes ya están ahí luchando por mejorar.
Esta semana se celebra en Santander el I Congreso Ibérico de Pesquerías Artesanales. El oficio como se conocía antes y cómo puede ir incorporando elementos tecnológicos que le ayuden, pero sin perder la esencia. Alonso ha sido invitada a participar en una mesa, y agradece el detalle porque participar en un evento como este les da «un poquito de visibilidad», según dice en conversación con EL FARADIO. Sin embargo, manifiesta que esa visibilidad es ahora, «porque durante todo el año somos invisibles«.
No niega que el trabajo de las rederas haya mejorado, pero la sensación que transmite es que se está mejorando mucho más rápido con las condiciones de los barcos que salen a la mar que con las condiciones de trabajo de ellas. «Nosotras seguimos igual«, se queja. Y en alguna cosa, todavía peor, porque «los aparejos son mucho mayores, mucho más gruesos, todo es mucho más pesado, eso se ha cambiado, pero para nosotras, para mal, en el sentido de que se trabaja muchísimo más, antes no tenías problemas en las manos, ahora es que con esos aparejos tan gruesos, al final se van deteriorando los dedos, lo notamos mucho».
Allí en Santoña, Alonso refleja que son un grupo de 12 o 13 mujeres, pero sólo están trabajando ocho o nueve, porque las demás están de baja. Síntoma de que es un trabajo que pasa factura.
Ahora ya no tiene que trabajar en la calle, eso sí ha sido una mejora, pero están en unas naves «bastante precarias, pasamos corriente, frío, malos olores, porque justamente la nave en la que estoy hoy nos pasa un sumidero por debajo, que bueno, no te imaginas el mal olor. ¿Qué pasa? Que al final, cuando estás tantas horas, al final te acostumbras». Pero refleja que trabajar así «no puede ser sano». Y se queja especialmente porque en Santoña están trabajando en peores locales que en otros lugares como Colindres, Laredo o Santander. Resulta llamativo que el municipio más reconocido por la pesca y el sector conservero, las rederas tienen que soportar peores días de trabajo. No quieren ser más que nadie, pero tampoco menos.
Una profesión que envejece
Esta forma de trabajar provoca, en su opinión, que no haya relevo generacional. Lo dice por el sector pesquero en general, pero en las rederas en particular. Aún haciendo formaciones para mujeres más jóvenes, cuando se plantean trabajar allí, ven las condiciones y se echan para atrás. Es una generación que ve las cosas de manera diferente, pero Alonso no les quita parte de razón. Es más, ella misma admite que «yo a mi hija no la traigo aquí, bajo ningún concepto«.
Cree que las condiciones, en general, deben de mejorar para que sea un trabajo más atractivo. Y cree que eso, en parte, es algo que deben luchar ellas para conseguir, pero tampoco vendría mal que las administraciones públicas se hicieran plenamente conscientes de esa manera de trabajar y que todo ese esfuerzo merece mejor premio.
Explica Alonso que ha hecho una falta una nueva Ley de Pesca para que las rederas aparecieran en alguna parte, porque no había un epígrafe para ellas. Trabajan de autónomas ella y sus compañeras, dado que lo hacen para varios barcos y no para una sola empresa. Y lo que acaban llevándose a casa lo califica de «una miseria». Dependiendo de cómo se hayan dado las condiciones de pesca, puede haber meses de ganancias dignas, incluso por encima de la media, pero muchos meses ocurre lo contrario. La media del año, algo tipo el Salario Mínimo Interprofesional. Y teniendo que pasar por caja con Hacienda. Con la cesta de la compra como está, la vivienda escalando a gran velocidad y los carburantes en fase de burbujeo.
Ahora ya no se hace todo el trabajo como antes, «desde el primer paño hasta el último». Ahora «sale más rentable traerlos de Filipinas ya confeccionados y nosotros nos basamos en hacer solamente las medidas en las plomeras y en las corcheras que nos manda el patrón, las ventajas y si necesita mallón, pero lo que es el rectángulo, que es el arte, viene entero hecho de Filipinas».
La problemática que vale para Santoña y Cantabria, vale también para todo el norte, aunque hace excepción con el País Vasco, donde sí que ha habido mejores acuerdos con el Gobierno autonómico. «Juegan en otra liga», dice Alonso.
Lo del relevo generacional lo ve en los barcos también. Hay pocos jóvenes que salgan a faenar. Y Alonso señala que «gracias a los senegaleses, peruanos, chilenos, que están en las embarcaciones, si no tendrían que estar muchos barcos amarrados«. Podría ser todavía peor, pero en este sector la migración también está sirviendo para alargar la vida de un oficio muy antiguo.
Solución para esto debería estar en la educación, reflexiona Alonso. Que ya desde niños se les enseñe cuáles han sido las formas de vivir toda la vida en un sitio como Santoña. Que conozcan el puerto, que vean cómo son los barcos, que se les explique cómo han sido esos oficios y que tengan una relación natural con el mar. Pero con el colegio no basta. Las familias cree que deberían contribuir también a esto, y no permitir tan fácilmente el salto de jugar en la calle y recorrer el municipio a encerrarse en un cuarto para jugar con la videoconsola. Ni tampoco las instituciones públicas deberían de permitir tan rápido el salto de tener una economía que mira al mar, pero trata de tener una diversificación, a vivir del turismo.
Ella recuerda que empezó a los 17 años. Un buen día llegó a casa con las nota de fin de curso, habían un par de asignaturas suspensas y su padre le castigó buscándole un trabajo de redera. Al final del verano, su jefe le entregó 100.000 pesetas que llevó a casa, su padre no las quiso aceptar y se fue directamente a hablar con el jefe, Joaquín, que le dijo que aceptara el dinero porque su hija de lo había ganado a pulso.
Ese fue el inicio de una carrera que alargó hasta los 22 años. Ahí paró porque fue madre y ser redera casa mal con la conciliación familiar. Pero una vez que su hija se fue a la universidad, ya no sentía más impedimento, y volvió a coser redes de pesca. De eso hace ya 16 años. Ya no le quedan mucho para la jubilación, y antes de ella irán por ese camino otras compañeras suyas. Si salen más de las que entran, puede que las cuentas acaben por no salir.
La primer edición del CIPA
Del 21 al 23 de abril de 2026, el Paraninfo del Palacio de la Magdalena será el escenario del I Congreso Ibérico de Pesquerías Artesanales (CIPA 2026), un encuentro de referencia que reunirá a la comunidad científica, el sector pesquero y las administraciones públicas de España y Portugal en un momento clave para el futuro de la pesca artesanal.
El congreso está impulsado desde el Centro Oceanográfico de Santander, una de las nueve sedes costeras del Instituto Español de Oceanografía, Centro Nacional del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), con el apoyo del Gobierno de Cantabria y el Ayuntamiento de Santander, junto a otras entidades vinculadas al ámbito pesquero y marino de España y Portugal, y nace como un espacio de alto nivel para el intercambio de conocimiento y la cooperación científica ibérica en materia de sostenibilidad marina.
Más allá de su carácter científico, el CIPA se configura como un espacio de diálogo activo, en el que confluyen el conocimiento académico, la experiencia del sector pesquero y la acción institucional para avanzar hacia modelos de gestión sostenible de los recursos marinos y reforzar el futuro de las comunidades costeras.
La pesca artesanal se enfrenta actualmente a retos sin precedentes, entre ellos el impacto del cambio climático, la creciente presión sobre los recursos, la competencia por el uso del espacio marítimo y la fragilidad socioeconómica del sector. A estos desafíos se suman la necesidad de garantizar el relevo generacional y de mejorar los modelos de gobernanza. Frente a este contexto, el congreso plantea mesas de debate para buscar respuestas basadas en la gestión participativa, la innovación tecnológica, la adaptación climática y la revalorización del sector dentro de un marco sostenible.
El CIPA 2026 reunirá a destacados expertos del ámbito científico, representantes del sector pesquero y responsables de las administraciones públicas de España y Portugal, aspirando a consolidarse como un foro de referencia en el ámbito ibérico. Entre los perfiles participantes destacan investigadores y profesionales de referencia como Sandra Mallol, experta en sostenibilidad de pesquerías artesanales; Antonio Punzón, especializado en la interacción entre pesca, cambio climático y ecosistemas marinos; Pablo Abaunza, referente en evaluación de recursos marinos y asesoramiento científico internacional; y Laura García, experta en socioeconomía de la pesca artesanal. Junto a ellos, el congreso incorpora la dimensión social del sector a través de voces como Soledad Alonso, representante del colectivo de rederas y de la Asociación Nacional de Mujeres de la Pesca, aborda la cadena de valor con la participación de Ángel Muñoz, y refuerza la cooperación ibérica con la presencia de Mafalda Rangel, investigadora portuguesa experta en cogestión pesquera.
El respaldo científico del congreso se refleja en la participación de un Comité Científico integrado por 27 expertos de ambos países que han supervisado la selección de 51 comunicaciones científicas y 55 pósteres centrados en proyectos innovadores relacionados con la pesca artesanal sostenible, evidenciando el alto nivel técnico y la relevancia del encuentro.
A lo largo del congreso se abordarán cuestiones clave para el futuro del sector desde un enfoque científico y aplicado, incluyendo la minimización de descartes y la mejora de la selectividad de las artes de pesca, así como el uso de datos espaciales y nuevas tecnologías para la gestión pesquera.
El programa profundizará también en los impactos del cambio climático, la aparición de especies invasoras, la descarbonización del sector y el desarrollo de la economía azul, junto con la resiliencia de las comunidades costeras.
Asimismo, se analizarán los conflictos y sinergias con otros usos del espacio marítimo —como la acuicultura, el turismo o las energías renovables—, el papel de la cogestión y la participación del sector en la toma de decisiones, y la evolución de los mercados, la trazabilidad y la revalorización de los productos pesqueros artesanales en un contexto global.
Uno de los elementos diferenciales del CIPA será su apuesta por el diálogo directo entre ciencia, sector pesquero y administraciones públicas, mediante mesas participativas y debates estructurados orientados a transformar el conocimiento científico en soluciones prácticas para la gestión sostenible de los recursos marinos.
El programa se desarrollará durante cuatro jornadas que incluirán la apertura institucional, sesiones científicas, presentación de comunicaciones y pósteres, mesas participativas y una visita técnica a Santoña, reforzando el vínculo entre investigación y realidad del sector.
Además, el evento incorporará actividades abiertas al público general, como la proyección de los documentales «Mujeres de la Mar» y «Cabo Tiñoso: Tradición y Futuro», iniciativas que acercan la realidad del sector pesquero a la sociedad y ponen en valor su dimensión cultural y patrimonial.
El CIPA sitúa la pesca artesanal en el centro del debate sobre sostenibilidad marina, apostando por la integración del conocimiento científico y los saberes tradicionales para construir modelos de gestión que protejan los ecosistemas marinos y aseguren el futuro de las comunidades costeras. Este congreso representa, en definitiva, una oportunidad estratégica para reforzar la cooperación ibérica y avanzar hacia un modelo de desarrollo sostenible en el ámbito pesquero.
EL IEO
El Instituto Español de Oceanografía (IEO, CSIC), es un Centro Nacional del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), dependiente del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, dedicado a la investigación en ciencias del mar, especialmente en lo relacionado con el conocimiento científico de los océanos, la sostenibilidad de los recursos pesqueros y el medio ambiente marino. El IEO representa a España en la mayoría de los foros científicos y tecnológicos internacionales relacionados con el mar y sus recursos. Cuenta con nueve centros oceanográficos costeros, cinco plantas de experimentación de cultivos marinos, 12 estaciones mareográficas, una estación receptora de imágenes de satélites y una flota compuesta por cinco buques oceanográficos, entre los que destacan el Odón de Buen, el Ramón Margalef y el Ángeles Alvariño.
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