Miedos y rentas

Iñaki Vía es portavoz del colectivo Derecho Subjetivo
Tiempo de lectura: 4 min

En esta lucha de clases en que se ha convertido la relación existente entre caseros e inquilinos, hay un bando que claramente lleva la delantera.

Y no se trata de una delantera conseguida con esfuerzo, con mejor preparación y con más dedicación.
Nada de eso.
Esa delantera se ha logrado gracias a los favores recibidos, a las circunstancias sobrevenidas y al miedo.

Evidentemente, el bando (hay dos bandos y están enfrentados) que lleva ventaja es el de los caseros.
Están ganando por una auténtica goleada.

Lo de ganando nunca mejor dicho. Ganando dinero a paladas.
Vamos, que se están forrando.
Están haciendo de todo el año su eterno agosto.
Facturando a manos llenas.

No sé si me explico.
Por si acaso no, permítanme ofrecer unos datos.
Unos datos calculados a la baja, y en base a mínimos razonables respecto del precio del alquiler en Cantabria.
Calculados, por ejemplo, por debajo de los 800 € / vivienda.
No por habitaciones ni nada por el estilo.

Pues, de acuerdo con eso, todos los meses, en Cantabria, 34 millones de € viajan de los bolsillos de los inquilinos a las cuentas de los caseros.
CADA MES. El mes pasado, el anterior. Y el que viene igual.
Como ven, no solo es agosto.

Pero no acaba ahí la cosa.

Todo este trasvase de rentas, que enriquece y empobrece según al bando al que se pertenezca, cuenta con un dopaje añadido.
Un dopaje incomprensiblemente orquestado, a costa de todos, y con ningún resultado beneficioso para quienes lo sustentamos.

Me refiero a las exenciones fiscales.
En estas fechas en las que ya se ha abierto la veda de la declaración de la renta, una vez más se nos recuerda que «Hacienda somos todos».

Pero no.
Todos todos, lo que se dice todos, no somos.

Porque de ese trasvase de rentas antes descrito que se produce mensualmente, se
«perdonan», a cambio de nada, 3,3 mill / € cada mes.
Es decir, casi 40 millones / € año.
Cada año. El pasado también. Y el anterior.
Y este.

Como mínimo, porque está calculado en base a una exención de «solamente» el 50 %, cuando habitualmente es superior.

Ahora se va entendiendo el porqué no nos llega, o eso se nos dice, y andamos caninos de dinero para financiar políticas en materia de vivienda.

Preguntas:

Con ese dinero tan alegremente perdonado…

* ¿Cuántos técnicos que se dedicasen a la confección de mapas de vivienda vacía, o de vivienda dedicada a ser usada en el fraude insostenible que suponen los apartamentos turísticos, se pueden contratar?

* ¿Cuántas ayudas al bono energético?

* ¿Cuántas ayudas al alquiler para inquilinos que coyunturalmente sufran una pobreza sobrevenida por causa de haber perdido el trabajo, enfermedad, etc.?

* ¿Cuánta mejor financiación se puede aportar al plan Moviva y así incentivar el alquiler a precio tasado, y luchar contra la especulación que ha ocasionado la actual situación?

Así que esto va de rentas.
De cómo se transfieren de unas clases a otras.
Es decir, va de intereses.

Pero también va de miedos.

Porque a veces, muy de vez en cuando, se abren ventanas.
Ventanas que van a permanecer abiertas por poco tiempo.
Pero que, mientras lo están, ofrecen una oportunidad.
Una oportunidad que supone un alivio para, al menos, no agrandar la sangría que supone el pago mensual de la renta.

En este momento, y hasta que previsiblemente decaiga a causa de la acción política de la ultraderecha, es posible acogerse al derecho de que durante dos años el precio del alquiler permanezca congelado y «solo» se incremente un 2 %.

¿Qué hay que hacer?
Solicitarlo fehacientemente, mediante burofax preferiblemente, a tu casero.
Ya está.
Nada más.

¿Qué está ocurriendo?

Que hay miedo.
A que haya represalias.
A que te amenacen con echarte.
A que no te renueven el contrato.
A que etc., etc… Pero veamos.
¿Quién es un casero?
Pues es un profesional que tiene un negocio con la única finalidad de ganar dinero.

¿Por qué va a estar interesado en perder un cliente que no le causa problemas, paga religiosamente y lleva años financiando su modo de vida?
Un cliente al que en infinidad de ocasiones ni conoce y del que solo le interesa la transferencia mensual que recibe.

El miedo es libre, dicen.

Pero, en realidad, el miedo nos impide ser libres.

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