Osprey Centre alerta de que la reproducción del águila pescadora peligra por la inacción del Gobierno cántabro
El Colectivo Osprey Centre ha advertido de que la única pareja reproductora de águilas pescadoras del norte peninsular corre el riesgo de perder su puesta por las “persistentes molestias humanas” que soporta en la Bahía de Santander.
Según ha trasladado el colectivo, el nido se encuentra en el ámbito de la ZEC (Zona Especial de Conservación) Dunas del Puntal y Estuario del Miera, un espacio incluido en la Red Natura 2000 con el código ES1300005 y situado en los términos municipales de Ribamontán al Mar y Marina de Cudeyo. Este espacio comprende la desembocadura del río Miera, las dunas del Puntal y las islas de Mouro y Santa Marina.
La organización denuncia que, pese a tratarse de un enclave protegido, la pareja reproductora soporta presiones como más de 100 embarcaciones por marea, motos de agua, objetos flotantes, personas transitando por los páramos cercanos durante la bajamar y perros en zonas próximas al nido.
Osprey Centre recuerda que el águila pescadora figura en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial y en el Catálogo Español de Especies Amenazadas como “Vulnerable”, conforme al marco estatal de protección de especies.
Además, el Libro Rojo de las Aves de España 2021 la incluye como especie “En Peligro”, siguiendo los criterios de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), lo que refuerza la preocupación por una población reproductora muy limitada en el ámbito peninsular.
El colectivo sostiene que esta situación obliga a las administraciones competentes a aplicar medidas de conservación y de regulación del uso público del espacio. En este sentido, el plan de gestión del espacio protegido contempla actuaciones relacionadas con la regulación, limitación y acotado del tránsito en sistemas dunares de la Red Natura 2000 en Cantabria.
“Ni una cosa ni otra”, lamenta Osprey Centre, que reprocha al Gobierno de Cantabria que, tras 10 años con una pareja reproductora formada en la Bahía de Santander, “no ha hecho nada para conservarla, y tampoco para que su descendencia forme nuevas parejas en la región”.
La organización plantea una pregunta directa a la Administración autonómica: “¿Hasta cuándo tenemos que esperar para que quien tiene las competencias implemente medidas?”.
El águila pescadora es una rapaz asociada a medios acuáticos y especializada en la captura de peces. Su presencia estable en la Bahía de Santander ha sido seguida en los últimos años por entidades conservacionistas y naturalistas, que han destacado la singularidad de este asentamiento reproductor en el norte peninsular.
Para Osprey Centre, la coexistencia entre el uso recreativo de la bahía y la conservación de la especie exige una ordenación real del espacio, con medidas que reduzcan las molestias en los momentos más sensibles de la reproducción. La puesta y la cría son fases especialmente vulnerables, ya que la presencia continuada de personas, embarcaciones o perros cerca del entorno del nido puede provocar estrés, abandono temporal o pérdida de oportunidades de alimentación.
El colectivo reclama que el Gobierno de Cantabria active los instrumentos de gestión que corresponden tanto por la protección del espacio como por la situación legal de la especie, y que adopte medidas efectivas para garantizar la tranquilidad del entorno del nido durante la temporada reproductora.
UN ÉXITO AMENAZADO
El águila pescadora (Pandion haliaetus) es una de las rapaces más singulares de Europa por su estrecha relación con el agua. Se alimenta casi exclusivamente de peces y suele criar en zonas costeras, estuarios, marismas y humedales. En España, históricamente estuvo presente en distintos puntos del litoral y en grandes zonas húmedas, aunque sus poblaciones quedaron reducidas con el paso del siglo XX por la persecución humana, la destrucción de hábitats y las molestias en las áreas de reproducción.
La situación llegó a ser crítica en la península Ibérica. En la España continental, la especie llegó a desaparecer como reproductora en 1981, quedando únicamente pequeñas poblaciones insulares en Baleares y Canarias. Durante décadas, la presencia del águila pescadora quedó limitada a ejemplares migratorios o invernantes, mientras que la reproducción estable prácticamente había desaparecido fuera de los archipiélagos.
A comienzos de los años 2000 comenzaron distintos programas de recuperación y reintroducción impulsados por administraciones públicas, organizaciones conservacionistas y colectivos especializados en seguimiento de aves. Uno de los proyectos más relevantes arrancó en Andalucía en 2003, con la liberación de pollos procedentes de otros países europeos mediante técnicas de “crianza campestre”. Entre 2003 y 2009 se soltaron 129 ejemplares juveniles y, en 2009, una pareja consiguió sacar adelante tres pollos en las marismas del Odiel, un hecho considerado histórico porque suponía la primera reproducción exitosa del águila pescadora en la España continental desde su extinción como nidificante.
Estos proyectos de conservación permitieron iniciar la recuperación de la especie en la península Ibérica. Según los censos publicados por SEO/BirdLife, España pasó de apenas 31 parejas reproductoras a comienzos de siglo a cerca de medio centenar en 2018, mientras que Portugal recuperó también parejas reproductoras tras haber sufrido la desaparición de la especie como nidificante.
En el norte peninsular, la presencia de una pareja reproductora estable en la Bahía de Santander se ha convertido en un caso excepcional. Colectivos naturalistas y entidades dedicadas al seguimiento del águila pescadora han trabajado durante años en labores de vigilancia, sensibilización y divulgación para favorecer la tranquilidad del entorno y evitar nuevas amenazas. El seguimiento constante de los ejemplares, la concienciación social y la defensa de medidas de protección han sido claves para que la especie lograra reproducirse en un territorio donde llevaba décadas desaparecida como nidificante.
Desde estos colectivos recuerdan que recuperar una especie no significa únicamente lograr que vuelva a verse en un territorio, sino garantizar que pueda criar con tranquilidad y consolidar nuevas generaciones. Por eso consideran que las molestias humanas continuadas en torno a los nidos, especialmente durante la incubación y la cría, pueden poner en riesgo años de trabajo de conservación y frenar la expansión natural de una especie todavía muy vulnerable en España.
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