Carmen García del Diestro, la maestra santanderina que mantuvo vivo en pleno franquismo el legado educativo de la Institución Libre de Enseñanza

Junto a un grupo de mujeres docentes, logró mantener el espíritu del Instituto Escuela en el Colegio Estudio. (Foto: Archivo Histórico Fundación Estudio/ Jerónimo Junquera)
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El legado de la Institución Libre de Enseñanza, el proyecto de innovación educativa y científica que vivió su apogeo durante la II República, experimentó muchas ramificaciones más allá de iniciativas más conocidas como la Residencia de Estudiantes o las Colonias Escolares.

Así, se produjeron sólidos procesos para extender esa educación de calidad más allá de la universidad,  como el Instituto-Escuela, que lo planteó en la enseñanza primaria y secundaria y que es el que nos lleva  a fijarnos en la figura de la santanderina Carmen García del Diestro (Santander, 1908 – Madrid, 2001).

Nacida en una familia de la burguesía ilustrada santanderina, su entorno estuvo marcado por la ciencia, la medicina y el pensamiento progresista. Su padre, el santanderino José García del Diestro, fue fundador de Archivos Españoles de Pediatría y dirigió la Escuela Nacional de Puericultura.

Carmen García del Diestro se formó como maestra en el Instituto-Escuela, fundado en 1918 por la Junta para Ampliación de Estudios (JAE), y heredero directo del ideario de la ILE. Allí fue discípula de María Goyri, Juana Moreno o María de Maeztu, y se impregnó de los principios de la Escuela Nueva: metodología activa, enseñanza sin libro de texto, respeto al ritmo del alumno, contacto con la naturaleza y formación ética integral.

Durante la Guerra Civil, permaneció en Madrid colaborando con el Gobierno de la República y dirigiendo el colegio público Lina Odena, experiencia que consideraba como la más significativa de su carrera. Finalizada la contienda, sufrió, como tantos maestros y docentes –muchos otros fueron, directamente, fusilados– vigilancia y depuración, pero no renunció a sus convicciones.

En 1940, junto a sus compañeras del Instituto Escuela Jimena Menéndez Pidal y Ángeles Gasset, entre otras, fundó el Colegio Estudio, para las edades previas a la universidad, y en el que supo construir un espacio de libertad pedagógica, heredero directo de la filosofía del Instituto Escuela,  en plena dictadura.

El modelo educativo del Colegio Estudio, que sigue existiendo en la actualidad con varias sedes, se fundamentaba en una pedagogía activa e integral, centrada en la libertad de conciencia, el rigor científico y el desarrollo completo del alumnado, y con un carácter laico que logró esquivar la imposición general católica en las aulas.

No sin problemas: en alguna ocasión, el centro o sus alumnos fueron señalados –y atacados físicamente– como un foco conspirativo contra el franquismo, al señalar su relación con el Instituto Escuela y la Institución Libre de Enseñanza, tan denostada por la dictadura pese –o tal vez por- a sus innovadoras aportaciones a la educación y la ciencia –sin ellas no se entendería el origen del actual CSIC, por ejemplo-.

Se rechazaba el uso sistemático de libros de texto, priorizando los recursos bibliográficos desde edades tempranas. El aprendizaje desbordaba los límites del aula: se fomentaba la curiosidad por la naturaleza, el respeto mutuo, la tolerancia, y se desarrollaban hábitos de trabajo mediante un estudio riguroso, con excursiones a ciudades o pueblos en los que se podía ver in situ el contenido de la historia, literatura o arquitectura enseñada en el aula.

Se daba gran importancia a asignaturas como Música, Teatro (con los famosos ‘curritos’) y Trabajo Manual, además de las excursiones pedagógicas y las actividades democráticas como los ateneos y concejos: la auto-organización del alumnado era una de las claves, así como la producción de sus propios contenidos literarios o cientifícos. Todo ello coherente con la tradición institucionalista y su idea de formar a personas críticas, autónomas y responsables, como han recordado en distintos homenajes muchos de sus alumnos. 

Como profesora de Lengua y Literatura, Carmen García del Diestro (Kuki) fue recordada como una docente rigurosa, accesible y apasionada. El escritor Javier Marías afirmaba que le enseñó “a escribir, a detestar los tópicos, a querer a los libros”. Para José Antonio del Cañizo, “ella sola se bastaba y se sobraba para inocular el virus de la lectura”. Todos recuerdan el respeto, el fomento de la curiosidad, y, más en lo personal, sus joyas o su afición al tabaco.

Incluso ya jubilada, preparaba clases a diario a través de ejemplos que veía en prensa o televisión, “como si fuera a darlas la mañana siguiente”. Su sobrino, el arquitecto Jerónimo Junquera, subraya su legado –del que es custodio a través de la fundación que se creó: “Consiguió desarrollar con plenitud su proyecto vital pese a las enormes dificultades. Esta actitud fue la clave que hizo posible que estas tres mujeres ejemplares crearan el proyecto pedagógico más singular de la dictadura”.

 


Educadoras de grandes sagas con su propio legado

Ese grupo de mujeres que mantuvieron la llama de la renovación docente en tiempos de oscuridad general pertenecían a familias de reconocido prestigio intelectual. Jimena Menéndez Pidal era hija de Ramón Menéndez Pidal y María Goyri; Ángeles Gasset, familiar de Ortega y Gasset; y María de Maeztu, hermana de Ramiro de Maeztu –paradójicamente, fue él y no su hermana quien bautizó a un instituto que se reivindicaba heredero de un legado que ella contribuyó a asentar y del que él se mostró distantes, pues ambos hermanos tenían posiciones ideológicas diferentes, siendo él un referente del pensamiento conservador–.

Su procedencia les permitió acceder a espacios reformistas, pero también contribuyó a que sus trayectorias fueran eclipsadas por los nombres masculinos de sus linajes. A pesar de ello, fueron protagonistas activas de una transformación educativa profunda, construyendo modelos centrados en la libertad, el pensamiento crítico y la formación ética.

 


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