La proliferación de roedores en Gaza agrava la crisis sanitaria en un contexto de destrucción y bloqueo
La Franja de Gaza afronta una crisis de salud pública vinculada a la proliferación de roedores, según un informe elaborado por el doctor Saud Saleh Al-Shawa y fechado en abril de 2026. El documento sitúa este fenómeno como una consecuencia directa de la acumulación de escombros, la gestión deficiente de residuos y la ausencia de control sanitario en un territorio marcado por el bloqueo y la destrucción de infraestructuras.
En este sentido, el análisis detalla que el 35% de las causas de la proliferación se relaciona con la presencia de escombros y refugios improvisados, mientras que el 30% corresponde a la acumulación de basura. Además, señala que el 20% responde a la falta de vigilancia sanitaria y el 15% restante a la desaparición de depredadores naturales.
El informe describe cambios en el comportamiento de los roedores, que han comenzado a mostrarse activos durante el día y a acercarse a zonas habitadas sin “temor aparente”. Según la explicación científica recogida, este fenómeno responde a la escasez de alimentos, que obliga a modificar sus hábitos nocturnos, así como a la adaptación a entornos con alta densidad humana. A ello se suma la disminución de especies como gatos o aves rapaces, que tradicionalmente actuaban como control biológico.
Por otra parte, el documento alerta de la transmisión de enfermedades sin necesidad de mordeduras. Los excrementos y la orina de los roedores contienen bacterias como la leptospira, que pueden propagarse a través del agua. Además, pulgas y garrapatas actúan como vectores de patologías como la peste o el tifus. También se advierte de la contaminación de alimentos por contacto con saliva o heces, así como de la dispersión de patógenos respiratorios a través del polvo generado en madrigueras situadas entre los escombros.
En relación con el control de la plaga, el informe advierte de la resistencia creciente a los plaguicidas, derivada del uso “indiscriminado” de estos productos. Esta situación puede favorecer la aparición de cepas resistentes por selección natural. Como alternativas, se proponen medidas como trampas mecánicas, dispositivos adhesivos bajo supervisión diaria, el uso de repelentes naturales —como la menta o el aceite de clavo— y la mejora de la higiene, especialmente mediante el almacenamiento hermético de alimentos.
El uso de gatos como método de control biológico también es analizado. Aunque pueden contribuir a reducir la población de roedores, el informe señala riesgos asociados, como la transmisión de toxoplasmosis o enfermedades cutáneas, especialmente en un contexto sin atención veterinaria. Por ello, se considera una solución “parcial” que requeriría programas paralelos de salud animal.
Además, se identifica a los escombros como espacios idóneos para la formación de colonias, al ofrecer refugio, protección frente a condiciones climáticas y acceso a restos de alimentos. En este sentido, se advierte de que la eliminación no planificada de estos restos puede provocar desplazamientos masivos de roedores hacia campamentos y zonas habitadas, incrementando el riesgo sanitario.
Otro de los elementos señalados es la contaminación de aguas residuales. La presencia de orina de rata, que puede contener patógenos como leptospira o hantavirus, supone un riesgo añadido en un contexto donde las aguas superficiales pueden contaminar pozos utilizados para consumo humano. El informe advierte de un “alto riesgo de epidemia” ante la falta de sistemas de tratamiento de agua.
El restablecimiento del equilibrio ecológico se plantea como un proceso a medio plazo, con una duración estimada de entre tres y cinco años. Entre los requisitos se incluyen campañas organizadas de control, la reconstrucción de infraestructuras y la reintroducción de depredadores naturales. En ausencia de estas medidas, el fenómeno podría consolidarse como un problema estructural.
Finalmente, el documento apunta a las limitaciones en el acceso a materiales y tecnologías. Sustancias como la bromadiolona o el brodifacoum, utilizadas como anticoagulantes en el control de roedores, pueden estar restringidas. Asimismo, tecnologías como los repelentes ultrasónicos requieren suministro eléctrico, un recurso escaso en Gaza.
El informe concluye que las condiciones actuales —marcadas por la acumulación de residuos, la destrucción de viviendas y la falta de supervisión sanitaria— están favoreciendo un ciclo reproductivo acelerado de los roedores, con capacidad para multiplicarse rápidamente y consolidar la infestación.
Una vecina de Cabezón de la Sal impulsa una campaña para dotar de energía solar a una familia en Gaza
Una vecina de Cabezón de la Sal ha puesto en marcha una campaña de financiación colectiva con el objetivo de instalar un sistema de energía solar para una familia en la Franja de Gaza, en un contexto marcado por la destrucción de infraestructuras y la falta de acceso a suministros básicos.
La impulsora de la iniciativa es Olga, de 58 años, que regenta un pequeño negocio de flores en el municipio cántabro. Según explica en la campaña, el contacto con esta realidad comenzó el 25 de agosto de 2025, cuando recibió a través de redes sociales un mensaje de Rawida Jihad, una joven gazatí que alertaba de la situación de su familia en medio del conflicto.
Desde entonces, un grupo de personas ha canalizado aportaciones económicas periódicas destinadas a cubrir necesidades básicas de esta familia, compuesta por 22 miembros entre adultos y menores. Olga se encarga de gestionar estos fondos, según detalla, de forma “transparente”.
En este sentido, la campaña plantea ahora un paso adicional: la adquisición de un sistema de paneles solares que permita a la familia generar su propia energía y reducir la dependencia de ayudas externas. El presupuesto estimado asciende a 15.000 euros, incluyendo tanto los equipos como los costes asociados al acceso a efectivo en Gaza, donde las comisiones pueden situarse entre el 25% y el 50%.
Rawida Jihad, de 20 años, tenía previsto iniciar estudios en Ingeniería y Tecnologías de la Información antes de que la guerra interrumpiera su formación. En el texto que acompaña la campaña, describe las condiciones actuales en Gaza, donde, según relata, la destrucción ha afectado a infraestructuras eléctricas, redes de agua, comunicaciones y viviendas.
La propuesta se basa en recuperar un modelo previo que su familia utilizaba antes del conflicto, cuando contaban con un sistema solar para una explotación avícola. Ahora, la iniciativa se adapta al contexto de desplazamiento en el que residen, en un campamento que agrupa a 38 familias.
Por otra parte, el proyecto contempla tanto usos comunitarios como fuentes de ingresos. Entre los primeros, se incluye la iluminación nocturna para facilitar el estudio de menores, mejorar la seguridad en espacios comunes y habilitar un punto de encuentro con acceso a electricidad. Además, se plantea la posibilidad de apoyar pequeñas actividades económicas dentro del campamento.
En cuanto a los usos que permitirían generar ingresos, se prevé ofrecer servicios de carga de dispositivos, calentamiento de agua o utilización de pequeños electrodomésticos a cambio de tarifas reducidas. También se contempla la venta de productos refrigerados durante los meses de mayor calor.
En este sentido, la iniciativa se presenta como una vía para avanzar hacia cierta autonomía económica en un contexto donde el acceso a recursos básicos es limitado. Además, se subraya el impacto colectivo que tendría la instalación, al beneficiar no solo a la familia promotora sino al conjunto del campamento.
La campaña se enmarca en un contexto más amplio de crisis humanitaria en Gaza, donde distintas organizaciones internacionales han alertado de las dificultades de acceso a electricidad, agua potable y servicios básicos, especialmente en áreas con población desplazada.
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