Pensar sin barandillas

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Llámame xdistante, pero hay discursos, análisis, señalamientos que no entiendo y que me expulsan de espacios que puedo sentir cercanos, pero que en el momento que alguien les pone un “pero” se lo señala como sin en lugar de valorar su espíritu crítico, que debe formar parte de todo pensamiento emancipador, se cometiera algún sacrilegio contra un mantra aceptado y repetido que se supone no puede ser cuestionado.

Llámame xdistante, pero no creo en los absolutos ideológicos que adaptan la realidad, que la fuerzan para que encaje en sus moldes preconcebidos. En sus marcos prefabricados, que nos niegan, como decía Hanna Arendt, la posibilidad de analizar los fenómenos políticos directamente, sin apriorismos que nos condicionen de antemano y nos indiquen qué es lo correcto para así no sentir el vértigo de la incertidumbre, de la equivocación. Es lo que la pensadora llamaría “pensar sin barandillas”, sin recurrir a esos sistemas de pensamiento cerrado que forman parte no solo de las doctrinas de los partidos, sino de militancias sobre las que apoyar nuestros juicios y sentir que estamos del lado correcto de la Historia, aunque para ello perdamos el sentido crítico o tengamos que forzar tanto la realidad para ver en un vídeo lo que no hay, pero nos dicen que si crees en la “causa”, lo hay. Para confiar en un relato que nos cuadra, pero nos dicen que si crees en la “causa”, existe. Para creernos un discurso que no nos encaja del todo, pero que si creemos en la “causa” nos lo creamos.

Y así, apoyados en las barandillas que ya estaban puestas antes de que nosotros caminásemos el precipicio, no sentir el vértigo de cuestionar a quienes dicen estar del mismo lado que nosotros o nosotros sentimos de alguna manera que estamos o que deberíamos estar de su lado. Si no lo hacemos, de alguna manera traicionamos a la causa y nos convertimos en cómplices de ese enemigo común que todos decimos combatir, pero que algunas veces se presenta con la cara maquillada por nuestros propios prejuicios.

Llámame xdistante pero quizás las barandillas no nos dejan ver con claridad. Como decía Arendt, cuando subimos o bajamos una escalera con barandilla, no necesitamos medir, calcular, el equilibrio porque tenemos algo sobre lo que apoyarnos que nos da esa seguridad, esa fuerza, esa autoconfianza sobre la que apoyar nuestras convicciones. Sin embargo, como comentar la propia autora. el peligro surge cuando esas barandillas sustituyen al propio pensamiento. Llámame xdistante pero me da la sensación que algo así está ocurriendo.

Pensar sin barandillas significa correr el riesgo de caer, de tropezar de romper muchas veces con lo preconcebido si lo que queremos realmente es aproximarnos a la verdad. Pensar sin barandillas significa escuchar la respuesta, no crear videos a la medida de una subjetividad totalizadora, para tener razón en nuestro camino de deshumanización del otro. Pensar sin barandillas significa correr el riesgo, asumir la responsabilidad, evitar que el grupo se transforme en rebaño. Decir “no estoy de acuerdo” sin que eso signifique ser en los casos mas condescendientes un tibio, un blando, un xdistante y en los mas extremos, y actualizando el diccionario, un traidor que le está haciendo el juego al “enemigo”.

Llámame xdistante, pero cuando me tropiezo con mi vecino que quizás piense diferente a mi, no lo veo como un enemigo, o cuando leo a alguien en las redes que opina diferente a mi, tampoco lo veo como a un enemigo. Pensar sin barandillas implica complejizar las cosas, no quedarte con el primer “tuit” que alimenta tus instintos más bajos. Implica no comprar el argumentario de turno e ir un poco más allá, colocarte en lugares, quizás incómodos, que te exijan escuchar, reflexionar, combatir esta lógica de la prisa que hace que te tengas que posicionar tan rápido que no sabes ni donde estás. Aceptar que puedes estar equivocado o incluso que el “contrario” pueda tener razón.

Habrá quien diga que a esa velocidad nos adelantan, pero precisamente esa velocidad es la que debería marcar los tiempos del cambio, los que generan espacios en los que no se pase a nadie por encima. Esos espacios contra corriente. Porque pensar crítico no significa pensar rápido, ni llevar la contraria porque sí. Ni buscar toda aquella información que refuerce lo que ya pensamos sin dar un espacio a argumentos diferentes o buscando la manera de ridiculizarlos a ellos y a quienes los defienden. Llámame xdistante, pero es lo que está pasando.

En su ensayo “El coraje del matiz” el escritor francés Jean Birnbaum sostiene que hoy vivimos en una era de lo que llama de «vitrificación ideológica» donde las redes sociales y el sectarismo ideológico o partidista exigen obediencia ciega a eslóganes binarios que nos condenan a la dictadura del estereotipo creado a la medida de nuestros prejuicios. En este ecosistema el matiz es considerado una traición y quien utiliza el “pero” le hace el juego al enemigo, metiéndonos de lleno en la lógica de trincheras que alimenta la sinrazón y la deshumanización de otro.

Llámame xdistante, pero prefiero pensar sin barandillas.

Nota: Gracias J.G por esa conversación y compartir conmigo esa xdistancia revolucionaria.

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