Por una tierruca sostenible

El debate energético, ético y político: una discusión sobre límites, soberanía y el derecho de los pueblos a decidir qué modelo de futuro quieren para su tierra. Escucha, diálogo, encuentro...
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«La sostenibilidad exige límites, cuidado y participación comunitaria».

Una sociedad sostenible es aquella capaz de garantizar bienestar, empleo y desarrollo sin destruir los ecosistemas ni los recursos de las generaciones futuras. Implica vivir dentro de los límites ecológicos del territorio, equilibrando economía, justicia social y protección ambiental, reduciendo el consumo y priorizando actividades económicas compatibles con la conservación de la tierra.

¿Debe Cantabria convertirse en un espacio industrial energético al servicio de demandas externas o preservar un modelo de equilibrio ecológico?

Alrededor de 50 proyectos eólicos han sido presentados en los últimos años en Cantabria. Son gigantes industriales de más de 200 metros de altura que fragmentan ecosistemas, abren pistas forestales, matan a aves y fauna protegida, alteran rutas migratorias, provocan ruido y vibración, afectando a la salud, aumenta la erosión y la degradación de manantiales y turberas, deterioran zonas de alto valor paisajístico.

Una de las consecuencias más profundas en el tejido social es la sensación de imposición externa, decisiones que transforman radicalmente sin un consenso real de la población. Esto puede provocar división vecinal, conflictos entre quienes ven oportunidades económicas y quienes perciben una pérdida de salud, identidad, paisaje y formas de vida tradicionales.

La película As bestas refleja precisamente ese choque. En la Galicia profunda la llegada de proyectos eólicos intensifica las tensiones, el abandono rural, la falta de oportunidades, la desigualdad, el odio e incluso la muerte y los intereses externos. La película no plantea únicamente un conflicto sobre molinos, sino sobre poder, arraigo, libertad, dignidad y control del territorio.

Cantabria puede generar empleo sin industrializar masivamente mediante rehabilitación energética de viviendas, autoconsumo, comunidades energéticas locales, gestión forestal sostenible, agricultura y ganadería ecológica, turismo rural responsable, conservación ambiental, economía circular, cuidados y servicios comunitarios, investigación ambiental, y pequeñas renovables integradas en el entorno.

Nuestros valles, montes, pastos y pueblos no son suelo disponible para cualquier proyecto industrial, son parte de una identidad colectiva, de una forma de vida y de un patrimonio natural que sostiene la biodiversidad y la cohesión social.

¿Es sostenible nuestra forma de vida y de consumo?

¿Necesitamos lo que compramos y consumimos?

¿Cuánto territorio estamos dispuestos a sacrificar?

¿Qué necesidades energéticas son realmente prioritarias?

¿Cómo vivir dentro de los límites ecológicos sin destruir?

¿Para tener energía es necesario destruir las montañas y arrasar la fauna?

Las palabras de Yayo Herrero en el debate celebrado el pasado 16 de mayo, en Villanueva de Villaescusa, conectan directamente con una preocupación creciente en Cantabria: la defensa de la tierra frente a salvajes modelos de desarrollo y transformación del mundo rural. Su mensaje insistió en que no puede existir sostenibilidad si se destruyen los ecosistemas y se rompe el vínculo con el paisaje y sin tener en cuenta a las comunidades afectadas.

«La tierra no es un recurso infinito, es la base que sostiene la vida»

La jornada «Energía y Territorio» celebrada en Villaescusa, congregando a más de 150 personas alerta sobre la transición ecológica y la crisis climática derivada del sistema. Cambiar el petróleo por aerogeneradores sin modificar el modelo de consumo, transporte y crecimiento ilimitado no resuelve el problema: simplemente desplaza los impactos. «No basta con cambiar la fuente de energía; hay que cambiar el modelo de consumo».

El encuentro celebrado en la Casa de Cultura de Villanueva de Villaescusa dejó una reflexión difícil de ignorar: Cantabria se encuentra en una encrucijada entre la protección de la tierra y la expansión acelerada de grandes infraestructuras energéticas. Las intervenciones de Yayo Herrero, junto con el trabajo audiovisual de Francisco J. Vaquero en Vidas renovables, mostraron que el debate no consiste en estar a favor o en contra de las energías renovables, sino en decidir qué modelo territorial y social quiere construirse…

Denunciar, organizarse, informar, ocupar el espacio público y crear redes vecinales son formas legítimas de proteger el territorio.

Plataformas vecinales y colectivos ecologistas denuncian que muchos de estos proyectos responden a una lógica extractiva para consumo exterior y la creciente movilización social ha conseguido frenar o paralizar varios proyectos en el norte de España a través de recursos judiciales y alegaciones técnicas.

El nuevo PROT regional restringe gran parte de las futuras implantaciones eólicas. Define qué modelo territorial quiere Cantabria, qué zonas deben protegerse, qué usos son compatibles, y dónde existen limitaciones ambientales, paisajísticas o patrimoniales.

Si el territorio obtiene mayor protección jurídica, muchos macroproyectos dejan de ser viables incluso antes de iniciar su tramitación, aumentando el riesgo administrativo y judicial para las empresas.

El parlamento cántabro ha pedido rechazar seis proyectos concretos y la Fiscalía investiga posibles fragmentaciones ilegales de macroproyectos.

Frente a este escenario, el acto de Villanueva planteó alternativas concretas para proteger «la tierruca» sin renunciar a afrontar la crisis climática como crear espacios permanentes de debate vecinal y participación pública, impulsar comunidades energéticas locales y autoconsumo, priorizar rehabilitación energética de viviendas y ahorro energético y potenciar empleo rural ligado a agroecología, gestión forestal sostenible, turismo responsable y conservación del paisaje.

Yayo y su ecofeminismo nos invitaron a reflexionar sobre la vulnerabilidad y dependencia ya que el ser humano no puede existir en soledad y su interdependencia de otros seres humanos y de la naturaleza: del agua, del aire, de la tierra y de los alimentos que ofrece. Al hilo de esto comenta una noticia sobre el gobierno de Friedrich Merz planteando eliminar la cobertura sanitaria gratuita para cónyuges que no trabajen, penalizando los cuidados no remunerados.

La propia celebración de la Feria de Energía y Territorio demuestra que existe una ciudadanía organizada, informada y comprometida con otro modelo posible avanzando hacia modelos energéticos compatibles con la vida, el paisaje y las comunidades rurales, compatibilizando actividad económica, bienestar social y límites ecológicos.

«La Tierra tiene música para quienes escuchan».

Cuando el modelo económico convierte montañas, valles o mares en simples espacios de explotación energética, rompe precisamente ese vínculo esencial.

Los mecanismos que han permitido paralizar o tumbar proyectos han sido: alegaciones vecinales masivas, presión social y mediática, informes municipales contrarios, recursos judiciales, denuncias por fragmentación ilegal de proyectos, defectos en la evaluación ambiental, y ausencia de estudios acumulativos de impacto.

El valor de la comunidad organizada

Los grandes cambios ambientales rara vez empiezan desde arriba. En Cantabria, la defensa del territorio ha surgido muchas veces de asociaciones vecinales, ganaderos, plataformas locales, científicos, juristas,y ciudadanía común.

Existe un paralelismo claro con otras movilizaciones ambientales cántabras, como la oposición histórica a la contaminación industrial en Torrelavega o la paralización de proyectos como la central térmica de ciclo combinado en Dualez, gracias a la movilización ciudadana.

Muchas veces los logros no consisten únicamente en «parar» completamente un proyecto, sino en reducir impacto, aumentar controles, modificar ubicaciones, retrasar autorizaciones, generar debate público o impedir actuaciones ilegales.

La clave está en generar información, debate público y protección legal del territorio.

Ahí conecta directamente el pensamiento de Yayo Herrero: no basta con cambiar la fuente energética si se mantiene un modelo basado en ocupar territorios rurales para sostener niveles crecientes de consumo. La cuestión central es quién decide sobre el territorio, quién asume el impacto y qué modelo de vida se quiere preservar.

La sostenibilidad debe medirse en equilibrio ecológico, justicia social, arraigo y calidad de vida.

La defensa de la tierra es también una defensa cultural y comunitaria. Allí donde el discurso dominante promete progreso ilimitado, muchas comunidades recuerdan que vivir mejor no significa consumir más ni destruir más. Una vida digna puede construirse desde la cercanía, el cuidado mutuo, el paisaje conservado, la soberanía alimentaria y el respeto a los límites naturales.

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