Castro reivindica en la calle la acogida frente a la «persecución constante» a los menores migrantes en Mioño
Castro Urdiales ha vuelto a salir a la calle para rechazar la violencia racista y los discursos de odio dirigidos contra los menores de la casa de acogida de Mioño, después de la denuncia pública de acoso a uno de los jóvenes residentes en el recurso. La concentración, convocada bajo el lema ‘Castro-Urdiales contra la violencia racista’, se celebraba este domingo, frente al Ayuntamiento, con asistencia de medio millar de personas.
En el manifiesto leído durante la protesta, las personas convocantes agradecieron la presencia de quienes acudieron a la plaza para “confrontar el odio” y defendieron el papel de quienes, en sus palabras, “se han partido el lomo defendiendo a las personas vulnerables”. El texto sostiene que esas personas han asumido tareas “a las que no llegan ni el Estado ni las fuerzas policiales” y denuncia que, a cambio, han recibido “el acoso directo de la Guardia Civil a través de interrogatorios profundamente arbitrarios”.
El manifiesto arrancó con un recuerdo a Kepa Gabancho Sierra, recién fallecido, a quien los convocantes definieron como “símbolo de la solidaridad castreña”. Gabancho, vecino de Castro Urdiales, estaba vinculado a la ONG Una más Uno, dedicada al apoyo a personas y familias en situación de exclusión social en el municipio: desde esta entidad se realizan programas de voluntariado, reparto de alimentos, comedor social y búsqueda de soluciones habitacionales para familias vulnerables.
Un BNB para familias en riesgo de exclusión social en Castro
En el manifiesto de este domingo se recuerda que Kepa Gabancho participó en la primera movilización contra los discursos de odio con un cartel en el que podía leerse “No a los discursos de odio”. “Con el mismo orgullo, Kepa, recogemos tu mensaje para hacerlo llegar tan lejos como nos sea posible”, recoge el documento.

Concentración antirracista en Castro Urdiales
El escrito sitúa el inicio del clima de tensión el pasado uno de marzo, cuando, según el manifiesto, “diversos grupos de ideología abiertamente racista” trataron de “capitalizar la incertidumbre ciudadana” ante la apertura de la casa de acogida de Mioño. El texto afirma que aquella convocatoria estuvo marcada por prejuicios dirigidos contra menores que aún no habían llegado al municipio, a quienes se atribuían conductas “propias de criminales violentos”.
Desde el primer momento en que se supo de su llegada –y precedida de todo el ambiente generado en Cartes y una campaña sostenida durante años en toda España–, hubo cuentas de Instagram que les tacharon abiertamente de «gentuza» y se autobautizaron como «patrullas», vinculando así migración y delincuencia, que es el argumentario repetido por la extrema derecha –y asumido en su momento por la alcaldesa de Cartes–, cuando los incidentes, tanto en concentraciones como en este caso de la semana pasada, están procediendo de esos entornos.
Cuando la agresividad viene de los que intentan presentarse como ‘defensores’ de la convivencia
El manifiesto recuerda que cuando la casa de acogida empezó a funcionar y la realidad desmontó los avisos previos –al igual que en Cartes, meses después de la apertura de la casa que el Ayuntamiento quiso cerrar y que ha dado cero problemas–, las concentraciones contrarias al recurso fueron perdiendo apoyo popular: si las primeras fueran más amplias, lo fueron por la participación de organizaciones de extrema derecha de fuera incluso de Cantabria o por el eco que le daban sus propios influencers, mientras que las iniciativas contra los menores extranjeros en el propio pueblo consiguen escasas adhesiones.
Aun así, el texto denuncia que durante estos meses se han visto “patrullas ciudadanas” organizándose para acudir a la puerta de la casa, señalamientos en redes sociales a trabajadores y trabajadoras con nombres y apellidos, e incluso publicaciones con fotografías de los menores en la playa.
La protesta llega después de que Castro por la Igualdad y Vigilia por Gaza denunciaran la “cacería” de un menor no acompañado por las calles del municipio: los colectivos relataron que el joven estaba dando un paseo cuando se vio rodeado por un grupo de personas que querían intimidarlo, por lo que echó a correr hasta encontrar a quienes pudieron defenderle, y advirtieron de que los menores acogidos estaban “perfectamente identificados y controlados”, una situación que, a juicio de la organización, supone un riesgo para ellos.
El manifiesto leído en Castro Urdiales afirma que la ciudadanía ha sido testigo de una “persecución constante y sostenida en el tiempo” con el objetivo de confrontar a la población castreña con un grupo de jóvenes que, “a pesar de las dificultades, se esfuerza cada día por integrarse”.
“Hoy nos plantamos aquí para decir que el Castro que nos representa es el Castro que acoge”, recoge el texto, que reivindica una ciudad que dice no a los discursos de odio, se enfrenta a quienes amenazan la convivencia y rechaza la violencia racista. El manifiesto concluye con una afirmación política y memorial: “Castro es, ha sido y será, ante todo, antifascista”.
La movilización se convoca bajo el lema ‘Castro-Urdiales contra la violencia racista’ y convocan Castro por la Igualdad, Vigilia por Gaza, Cantabria por el Sáhara, la Coordinadora Cántabra de Pensionistas y Fanzinerosas.
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