“Utilizar etiquetas actuales para explicar historias del pasado es complicado”
A Andrea Momoitio le atraen las vidas de aquellas personas a las que casi nadie dedicaría una biografía. Lo hizo con ‘Lunática’, donde reconstruyó la vida de María Isabel, una mujer que ejercía la prostitución e en el bilbaíno Barrio de San Francisco y nacida en Astillero, cuyos primeros pasos rastreó en Cantabria esta periodista. Y lo ha vuelto a hacer ahora con Margarita Beese Rodríguez: una falangista encarcelada tras la Guerra Civil por adoptar una identidad masculina.
La historia de Beese es el eje de ‘Farsante. Una historia queer en la Falange’, publicada también en Libros del KO, fundada por cántabros y cuyo editor, el santanderino Emilio Sánchez Mediavilla, elogió la capacidad de Momoitio de localizar este tipo de vidas: «A mí me interesan especialmente las historias que no encajan. Los grises», explica en conversación con EL FARADIO, antes de la presentación en Cantabria, que será el miércoles a las 19.00 horas en La Vorágine.
Profundizar en este tipo de historias es un trabajo que exige años de investigación y una gran dosis de paciencia. Más aún cuando se trata de personas cuya identidad sexual o de género fue interpretada, perseguida o clasificada con categorías muy distintas a las actuales. De hecho, una de las reflexiones centrales del libro gira precisamente en torno a esa dificultad. «Utilizar etiquetas actuales para explicar historias del pasado es complicado», advierte Momoitio, que recuerda que conceptos hoy habituales ni siquiera existían cuando vivió Margarita Beese. «El subtítulo es una provocación. No era queer porque esa categoría no existía», señala.
La búsqueda de respuestas tampoco fue sencilla. La autora se encontró con una documentación fragmentaria, con archivos incompletos y con cuestiones que muchas veces permanecieron ocultas incluso dentro de las propias familias. «Son cuestiones que no suelen trascender a las familias o que, si lo hacen, no se hablan», explica.
Por eso, como ya le ocurrió durante la investigación de Lunática, tuvo que recurrir a fuentes poco convencionales para reconstruir las piezas que faltaban. Además de consultar expedientes judiciales, declaraciones y correspondencia, acudió a espacios alejados de la investigación académica tradicional. «He publicado muchos tuits pidiendo ayuda. Los grupos de Facebook han sido una gran fuente de inspiración y de contactos», relata. En Tenerife, donde transcurre buena parte de la historia, llegó incluso a localizar información valiosa a través de una página de historia local que le permitió seguir avanzando en una investigación marcada por continuos viajes de ida y vuelta a archivos y centros documentales.
«Ha sido mucho trabajo, muy solitario. Un camino de ida y vuelta veinte veces. Volver a cada archivo una y otra vez», resume una autora que, pese a todo, reconoce que la historia sigue conservando zonas de sombra. «Queda una sensación de historia inacabada».
La figura de Margarita Beese no partía completamente de cero. Su historia había sido esbozada previamente por la investigadora tinerfeña Yanira Hermida, cuyo trabajo permitió sacar a la luz algunos de los principales episodios de una biografía que, sin embargo, seguía llena de interrogantes. Momoitio tomó ese hilo para reconstruir una trayectoria marcada por las contradicciones de una época en plena transformación.
Porque Beese se mueve en un momento de tránsito político, social y cultural. Aunque llegó a desempeñar responsabilidades relevantes dentro de la Falange, lo hizo en un periodo muy temprano, cuando el régimen todavía se estaba configurando.
De madre tinerfeña y padre alemán, Beese vivió la efervescencia cultural y política del Madrid de la década de los veinte, dirigió una revista, escribió textos feministas desde posiciones conservadoras y en los años treinta se introdujo en círculos falangistas hasta convertirse en una colaboradora cercana de Pilar Primo de Rivera.
La historia de Margarita también permite asomarse a otro proceso de cambio menos visible: el nacimiento de nuevas formas de entender la sexualidad, la identidad y el cuerpo. En aquellos años empezaban a difundirse en Europa los primeros estudios científicos que distinguían entre sexo biológico, identidad y orientación sexual, aunque esas ideas apenas habían comenzado a penetrar en la sociedad española y lo hacían de forma fragmentaria y confusa.
Esa incertidumbre se refleja en los propios documentos de la época. «Se estaban construyendo conceptos como intersexualidad o hermafroditismo, pero no estaban claros. Se incorporaban con mucha torpeza. Habían oído campanas, pero poco más», resume Momoitio. En algunos expedientes las autoridades mezclan categorías que hoy se consideran diferentes, atribuyen comportamientos a diagnósticos médicos imprecisos o utilizan términos contradictorios para intentar explicar una realidad que apenas comprendían.
«Cambia la idea de la desviación, pero sigue existiendo la idea de que hay una desviación», señala la autora. Una evolución que permite observar cómo las antiguas condenas morales –que llevaban a castigos penales como la «aberración» de los campos de trabajo de Terfía) fueron dejando paso a interpretaciones médicas y psiquiátricas, sin que desapareciera por ello la persecución de quienes se apartaban de las normas de género y sexualidad dominantes.
Que se trate de una biografía no significa que se trate de una hagiografía, es decir, de un relato destinado a ensalzar a su protagonista. No es el estilo de Andrea Momoitio. No lo fue en Lunática, donde la autora llegaba a establecer una suerte de diálogo literario con María Isabel, una conversación que por momentos se convertía hasta en pequeñas broncas.
Con Margarita Beese esa distancia es todavía mayor. Entre otras razones, por el enorme abismo ideológico que separa a autora y personaje: «Tengo claro que no es de las mías», afirma. Y va más allá al definirla como «una firme defensora de los valores falangistas» y «una gran fascista».
Precisamente por eso, una de las preocupaciones de la periodista durante la escritura del libro fue evitar que el interés por una vida extraordinaria pudiera interpretarse como una forma de blanqueamiento político. «Me preocupaba mucho que no se entendiera como una hagiografía o como un intento de blanquear el fascismo o el falangismo», reconoce, además de mostrar la curiosidad y las ganas de aprender como uno de los motores de su trabajo.
En este sentido, la investigación le ha permitido observar de cerca cómo funcionaban las estructuras de poder de la Falange y del primer franquismo. Una de las conclusiones a las que llega es que el papel de las mujeres en la construcción de la dictadura fue mucho más relevante –y por tanto, peor– de lo que habitualmente se reconoce. «Lejos de la idea de que participaron de forma secundaria, he encontrado mujeres activas, imprescindibles para que la dictadura durara tantos años», sostiene.
La paradoja es que la propia Margarita acabaría descubriendo los límites de aquel sistema que había contribuido a sostener. «No les tembló el pulso para dejarla caer», resume Momoitio, quien también llama la atención sobre la capacidad de las distintas corrientes de la derecha autoritaria para dejar de lado diferencias internas cuando percibieron que compartían un objetivo común.
«Ya en 1937 la derecha se da cuenta de que fragmentada no va a ayudar a ganar la guerra», explica al referirse al Decreto de Unificación promovido por Franco, que integró bajo una misma estructura política a falangistas, carlistas y otros sectores del bando sublevado.
A su juicio, aquella operación política ayuda a entender parte de la fortaleza posterior del régimen. «Fue una derecha mucho más disciplinada alrededor de una idea de bien común compartida. Las diferencias importaban menos porque tenían muy claro cuál era su objetivo (…) su propio bien común», señala
Noticias relacionadas:
- “Quería cuestionar esa regla que usamos para medir a las personas”
- Tasio Cañedo fue condenado a muerte por su ideología política tras ser sometido a un juicio sin garantías
- Los apellidos de la esclavitud: ‘Negreros’ revisa el otro legado de la burguesía cántabra que hizo fortuna
- Belkis Vega, la descendiente de cántabros que documentó las guerras de Palestina y Líbano desde detrás de la cámara