Con Federico en Ciriego

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Hay que tener una fe inmensa en la belleza para imaginar que un lugar construido como custodio de la muerte pueda convertirse en un canto a la vida. Decidir abrir las puertas de un cementerio al arte, a la música y a la palabra para que los nombres tallados en piedra se transformen en memoria que respira, sonríe y nos habla emocionada no es una decisión sencilla; sin embargo, María Bolado, acompañada por Patricia Gómez, decidió hace ya más de diez años apostar porque, de vez en cuando, el increíble Cementerio de Ciriego dejara de ser únicamente un lugar de despedida y se convirtiera también en un espacio de encuentro. Por eso, lo primero que quiero hacer desde este gallinero es darles las gracias por su visionario empeño.

Este año, La Nocturna de Ciriego, que así se llama la velada que invita a recorrer el cementerio con varias propuestas artísticas, estaba dedicada a Lorca y a ese hermoso amor suyo apellidado Rapún que descansa allí, frente al mar. Esa fue la razón por la que otra mujer inmensa como lo es nuestra amiga Belén de Benito, sabedora de nuestra relación con el granadino, propusiera nuestro nombre y fuéramos invitados a participar.

¿Cómo decir que no a habitar los personajes de Federico en un lugar como ese? Allí, más que en ningún otro sitio, en la profundidad de ese bosque de adioses tallados en piedras, es donde más presente se vuelve la necesaria y honorable medalla del justo recuerdo.

¿Cómo negarnos a posar las palabras del poeta cual ramo de flores entre las piedras con sus nombres, la hierba, la memoria y el mar?Si todo lo que somos no es más que la suma de todos los que fueron antes que nosotros. Si los que allí descansan rieron, soñaron y dejaron una huella irrepetible sobre la tierra y antes que ausentes fueron hijos, madres, amigos, amantes y vecinos.

Aceptamos, por supuesto que aceptamos.

 

Le dimos muchas vueltas al qué. Como homenaje podríamos haber elegido sus poemas más conocidos o alguno de sus textos más celebrados; sin embargo, terminamos inclinándonos por su teatro más íntimo y, por lo tanto, más difícil: Así que pasen cinco años.

¿Por qué?

Porque es en esa obra donde Federico rompe el tiempo con las manos y deja que los muertos, los niños, los sueños y el amor caminen juntos bajo la misma tormenta y porque en ella hay una pequeña escena en la que un niño y un gato se encuentran justo después de morir para hablar de sus dolores.

No podía ser otra.

También le dimos muchas vueltas al dónde. Pero buscando sitios, una mañana llegamos a la Manzana de los Niños, y aquellas pequeñas tumbas conmovieron a nuestra directora de tal forma que comprendimos que allí, apenas a doscientos metros del amor de Federico, es dondedebían encontrarse el Niño y la Gata ante el abismo de lo desconocido.

Y como Así que pasen cinco años no deja de ser la conclusión dramática de ese precioso jardín temprano y poco conocido de la poesía lorquiana que son las Suites,pensé en abrir el encuentro con un espejo conformado por las aguas de un río, moviéndose entre los parterres del jardín de las toronjas de la luna, a modo de prólogo poético.

¿Qué si teníamos miedo?
¡Mucho miedo!
Lo confieso.
Pero ¡qué lugar mejor para tenerlo!

Un texto difícil, un prólogo poético que en lugar de explicar sugería, un escenario al aire libre con un atardecer espectacular propenso más a la contemplación que a la escucha y solo- ¡Solo! – tres grandes intérpretes para defender la apuesta y atraer la atención del público.

¡Qué suerte la nuestra de estar rodeados de almas tan inmensas como las de Eva, Belén, Carlos y nuestra regidora Verónica!

 

Preparamos todo, llevamos una flor a cada uno de nuestros compañeros de espacio y esperamos, vestiditos de fe en lo que hacemos, a que se abrieran las puertas para que llegara el público, nos contemplara y nos sostuviera.

Calculan que en esta ocasión la visita estuvo compuesta por más de ochocientas personas que nos rodearon en silencio, con los ojos abiertos y el aplauso a flor de piel.

¡Ochocientas!

Nadie mejor que el propio Federico, en el final de su conferencia sobre el duende, para explicar lo que pasó:

“El duende… ¿Dónde está el duende? Por el arco vacío entra un aire mental que sopla con insistencia sobre las cabezas de los muertos, en busca de nuevos paisajes y acentos ignorados: un aire con olor de saliva de niño, de hierba machacada y velo de medusa que anuncia el constante bautizo de las cosas recién creadas.”

Sí, amigas, nuestra cosa recién creada consiguió que el silencio se transformara en duende, llenandola experiencia de magia y logrando que el atardecer se colmara de vida.

Por eso hoy quería dar las gracias a quienes nos acompañasteis en una de las veladas más especiales que hemos vivido, a los compañeros de las otras paradas-¡Qué hermosas propuestas!-, a quienes acudisteis al milagro y, sobre todo, a quienes hicisteis posible que un cementerio dejara de serlo por unas horas para transformarse en un poema.

Un hermoso poema con el que la vida vuelve a leerse en voz alta, llenando el mundo de emoción.

¿Y de qué otra cosa vivimos los artistas sino es de la emoción?

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