Del miedo a la dignidad: la coordinación salva vidas
La violencia de género continúa siendo una realidad preocupante en Cantabria, donde el sistema VioGén mantiene alrededor de 1.600 casos activos.
Comprender el daño para prevenir su repetición
«María vive desde hace años bajo el peso del miedo. Tras poner fin a una relación marcada por el control, las amenazas y la violencia psicológica, esperaba recuperar la tranquilidad junto a sus hijos.»
Su jarro de agua fría es que su expareja no acepta la ruptura. Las llamadas, los mensajes, el acoso y las amenazas continúan. Amenaza con quitarse la vida, y asegura que no piensa hacerlo solo y que se llevará a alguien por delante. Cada aviso genera una nueva situación de alarma para María y sus hijos.
La incertidumbre se convierte en una forma de violencia permanente. El miedo condiciona sus decisiones, limita su libertad y afecta a su salud emocional. La ansiedad, el insomnio y el estado constante de alerta son consecuencias habituales en mujeres que han vivido situaciones traumáticas.
Casos como el de María recuerdan que la violencia de género no termina necesariamente cuando finaliza la convivencia. El calvario puede prolongarse.
Ante estás y otras situaciones, la coordinación resulta esencial.
El 5 de junio se reunió en el Ayuntamiento de Torrelavega la «Mesa de coordinación de violencia de género» para trabajar y conocer tanto los recursos del pacto de estado como los casos de mujeres en Cantabria así como los últimos los datos.
En 2025 los juzgados cántabros registraron 2.488 denuncias por violencia de género.
En Torrelavega, existen en torno a 150-200 mujeres protegidas por VioGén. Mujeres que abogan por reconstruir sus vidas tras años de trauma y dolor, acompañadas por las instituciones, que tienen la responsabilidad de ofrecer respuestas cercanas y eficaces. La protección de las víctimas requiere una red sólida capaz de acompañar, prevenir y actuar antes de que ocurran trágicos desenlaces.
Participaron en esta mesa servicios sociales de atención primaria y especializada, dirección general de la mujer , polícia nacional y UFAM, delegada del gobierno y profesionales sanitarios y de educación, concejalías de mujer y servicios sociales.
Los profesionales que trabajan a pie de calle conocen la importancia de compartir información, valorar conjuntamente el riesgo y activar medidas de protección adecuadas, unificando la información de cada mujer cara a mejorar la atención, la prevención y la seguridad.
Cantabria dispone de una red de recursos que incluye: atención especializada integral a mujeres víctimas de violencia de género, ayudas económicas, programas para víctimas de violencia sexual, atención permanente a través del 016 y recursos de emergencia, programas de apoyo habitacional y ayudas al alquiler para víctimas.
La seguridad es importante no solo para las víctimas sino también para los profesionales, que trabajamos, exponiéndonos a situaciones de grave riesgo y sintiendo desprotección ante personas impulsivas, agresivas y desequilibradas que no manejan su frustración, rabia y dolor. La Policía es una gran aliada para una adecuada seguridad y conviene divulgar la aplicación Alertcoops que contacta rápidamente con ellos en caso de necesidad.
La renovación del Pacto de Estado contra la Violencia de Género ha ampliado la protección frente a nuevas formas de violencia: la vicaria, económica y digital, reforzando la protección de menores y con un incremento de la financiación autonómica y local. Sin embargo, la prevención sigue siendo una prioridad, especialmente a través de la educación afectivo-sexual desde edades tempranas, incluyendo estos aspectos en el currículo escolar.
Para prevenir la violencia, puede ser útil trabajar la historia familiar, los modelos de relación aprendidos y la gestión emocional.
La intervención con agresores: una pieza necesaria
La protección de las víctimas debe ser la prioridad absoluta. Sin embargo, numerosos especialistas coinciden en que la prevención de nuevas violencias requiere también actuar sobre los agresores.
Los programas de intervención con hombres condenados buscan reducir la reincidencia mediante procesos de responsabilización, revisión de creencias machistas, control emocional, gestión de conflictos y aprendizaje de relaciones igualitarias.
En Cantabria, entidades como Asociación Nueva Vida desarrollan desde hace años programas vinculados al ámbito penitenciario. Estos programas no sustituyen las medidas de protección, pero pueden contribuir a disminuir el riesgo de reincidencia cuando existe una participación real y una adecuada supervisión profesional.
Justicia restaurativa y reparación
Las prácticas restaurativas constituyen una herramienta complementaria que algunos sistemas judiciales están explorando. En violencia de género su aplicación priorizará siempre la seguridad de la víctima, la ausencia de coerción y la asunción de responsabilidad por parte del agresor.
No se trata de sustituir la respuesta penal ni los mecanismos de protección, y se debe hacer siempre bajo supervisión especializada.
Comprender el impacto del trauma resulta fundamental para diseñar respuestas sociales, sanitarias y comunitarias eficaces que favorezcan la recuperación y prevengan nuevas situaciones de violencia. Los estudios muestran que la recuperación mejora en el contexto de relaciones seguras, afectuosas y estables. Desde el modelo del triángulo dramático de Karpman (víctima, perseguidor y salvador), puede ocurrir que las personas adopten roles relacionales que mantienen conflictos disfuncionales. Este modelo se utiliza para analizar patrones de comunicación y relación.
La perspectiva sistémica moderna reconoce la influencia de las interacciones, promoviendo la responsabilidad de todas las partes.
¿De dónde viene la agresividad?
La agresividad es una capacidad humana relacionada con la supervivencia. En su forma saludable permite protegerse, defender límites y responder ante amenazas. Sin embargo, cuando se expresa mediante violencia, suele estar asociada a factores biológicos, psicológicos, familiares y sociales.
Muchas personas agresivas han vivido experiencias de miedo, rechazo, humillación, abandono o violencia. En estos casos, la agresividad puede funcionar como una respuesta defensiva frente a emociones profundas de vulnerabilidad. Detrás de la ira pueden encontrarse sentimientos de vergüenza, culpa, impotencia o temor que la persona no sabe reconocer ni expresar de manera adecuada.
Desde una perspectiva sistémica, los patrones agresivos también pueden estar relacionados con modelos aprendidos en la familia.

Quien creció en entornos donde la violencia, el control o la descalificación eran frecuentes puede haber interiorizado estas formas de relación como estrategias normales para afrontar conflictos. No obstante, comprender el origen de la agresividad no implica justificarla. Toda persona es responsable de sus actos y de las consecuencias que estos tienen sobre los demás.
El cambio comienza cuando la persona reconoce el problema y asume la responsabilidad de sus conductas.
Entre las herramientas más eficaces se encuentran la psicoterapia especializada en trauma, habilidades de comunicación y resolución de conflictos, técnicas de regulación fisiológica, desarrollo de la empatía y la revisión de creencias y facilitar espacios de expresión emocional y creación de redes de apoyo mutuo.
La violencia de género exige una respuesta colectiva: coordinación, prevención, recursos especializados, protección y trabajo con los agresores, piezas todas ellas necesarias de un puzzle estratégico para garantizar la seguridad, la libertad y la dignidad de las mujeres.