Santander se llena de jóvenes músicos en una clásica Academia que cumple 25 años con director cántabro. Además, cine con Stradivarius.

Orquesta Sinfónica Freixenet – Concierto Inauguración Encuentro Música y Academia – Sala Argenta – 7 de julio – 20:00 horas
Cada mes de julio -y van 25- decenas de jóvenes músicos de las mejores academias y conservatorios mundiales (ahora ya es un lugar planetario el acudir a Santander a una formación de calidad, corta pero intensa) llenan las aulas del Conservatorio Jesús de Monasterio para salir como solistas o grupos a tocar en marcos históricos y Palacio de Festivales. Este se reserva para los grandes momentos, el primero el concierto inaugural.
La orquesta con más de sesenta músicos lleva el sobrenombre de Freixenet, de mecenazgo burbujeante algo raro (¡Se imaginan una orquesta Schweppes o una orquesta con alcohol en su nombre desde Mahou a Larios o Smirnoff!). Y, ya puestos, podrían dar un coctel de bienvenida con el anunciado cava y la música del brindis de La Traviata.
No hubo coctel, pero si muchas danzas de Bela Bartok (1881-1945) y Zoltan Kodaly (1882-1967) en una primera parte alegre y boscosa. Un arpa tocaba tranquilla mientras las cuerdas iban muy rítmicas. Los metales sonaron recios en algo típico de estos compositores que imaginaron y escribieron estornudos musicales como buenos húngaros. Menos mal que en la segunda parte la Sinfonía nº 1 en do menor, op. 58, de Johannes Brahms (1833-1897) hizo vibrar con sus contrastes y explosivo final.
Dirigió, y merece resaltar su energía y atrevimientos varios, Jaime Martín (Santander, 1965). Su visita el pasado año con la Orquesta de Melbourne dejó buen sabor, pero ahora su figura era el centro de músicas germano-húngaras, difíciles de conjuntar. Jaime dirige con gestos ostensibles y en 180º grados. Las partituras de las músicas húngaras parecían marcar sus saltos, zapateados, gestos afables cercanos como si fueran el motor de su cuerpo y batuta. Una batuta, que siguió con brío (incluso con un Allegro non troppo ma con brio) en la sinfonía de Brahms, donde embelesado se olvidó de la batuta en dos de sus movimientos. Su cara era de felicidad, algo que trasmitía a la joven orquesta. Un gusto verle vibrar y dirigir con todo su cuerpo y una mente que tarareaba frases. Ya tenemos dos grandes directores en Cantabria: Ataulfo y Jaime.
Consejo final: aprovechen muchos conciertos gratuitos hasta el 22 de julio. Música y academia es un buen binomio veraniego.
Les Musiciens (Los músicos) – Director: Grégory Magne – Cines Embajadores – Santander
Las películas que tienen historias en torno a la música clásica -y que no sean documentales- suelen girar sobre compositores o intérpretes (Amadeus de Milos Forman o El pianista de Roman Polanski, como rápidos ejemplos). Pero nadie había pensado y guionizado lo que pueden hacer cuatro Stradivarius, instrumentos de cuerda únicos, cuando se juntan. Esto es lo que ocurre en una exitosa narración donde una fundación francesa logra hacerse con un violín de la lutería de la familia Stradivari (siglos XVII y XVIII) por 10 millones de libras. Lo junta con otros tres -chelo, viola y violín- que poseen y buscan a cuatro músicos para hacer un concierto único y especial.
Elegir a los mejores músicos, juntarles en un palacio francés y empezar a sacar adelante el cuarteto que tiene que realizar una grabación única vendida a medio planeta, es el núcleo de lo que va ocurriendo. Pero, cuatro músicos excelentes no forman porque sí un buen cuarteto. Todo tiene arreglo, pero en el camino surgen problemas, desavenencias y egos, muchos egos. Lise (Marie Vialle), George (Mathieu Spinosi), Peter (Daniel Garlitsky) y Apolline (Emma Ravier) son los personajes y sus actores/actrices; los cuatro crean una química especial, quizás por que unos son músicos a los que se les pide actuar y otros actores a los que se les pide entender de partituras. A ellos se une un excelente actor (Frédéric Pierrot, alguien que toca también el clarinete) que tiene el papel de ser la persona que reflexiona y hace avanzar los ensayos (no en vano es el papel del compositor de lo que se va a grabar). Cinco actuaciones que se disfrutan, que desentrañan lo que es sacar adelante una pieza con mucha música dentro y que merece la pena ver antes de que desaparezca de la cartelera.
Un detalle final de humor: alguien se queja que cuatro coches para cuatro músicos es un derroche que contamina los egos y el planeta. Se le contesta: señor no son para los músicos, son para los Stradivarius que no pueden correr el peligro de accidentarse todos a la vez. Una película con mucho instrumental.