No puede ser

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Hay algo que me revuelve el estómago al contemplar el desfile de ciudadanos demócratas, secretarios de Prensa, embajadores, gobiernos, funcionarios de variado pelaje internacional que dan falsas muestras de preocupación por los palestinos mientras sus respectivas administraciones y empresas financian a su carnicero. Cuando los veo, aparte de arcadas, siento un asco infinito por ser una vez más testigo de una política que se considera a sí misma pragmática y a la que yo tildo sin ambages de miserable. Hipocresía rampante que los lleva a justificar su falsa progresía con el apoyo esporádico a este u otro grupo minoritario. Que los anima a colgar la bandera del arco-iris una vez al año en el balcón de algún Ayuntamiento. Que les llena la boca de mierda cuando repiten, eso sí, sin levantar la voz, que estamos en una democracia y que la alternativa a no colaborar con los genocidas y sus aliados sería mucho peor.

No soy imbécil, entiendo que la cosa va así, que la flexibilidad ética (¿?) da mucho de sí comorequisito indispensable para toda clase de degradaciones morales propias de la política. De los políticos. Con todo, no puedo dejar de preguntarme cómo es que alguien puede ampararse en semejante postureo y seguir durmiendo por las noches. Y ya puestas, tampoco me quedan fuerzas para superar situaciones en las que – según los casos – una espera de otra persona una reacción concreta y esta no llega.

Para colmo, sigo sin entender cómo gestionar lo que siento cuando veo cómo, delante de mis narices, las normas de un mundo razonable están siendo pulverizada o, también, al darme cuenta de que las reglas del juego que nos hemos dado a nosotros mismos ya no valen porque quienes tienen que hacer valer esas reglas, han dejado de aceptarlas sabiendo como saben, que este rechazo hará colapsar la confianza política del ciudadano en las leyes. Y, me pregunto, si las leyes no tienen ninguna función,¿por qué no nos deshacemos de ellas?

¿Y entonces…?

Se me ocurre algo que responda a la naturaleza del momento:Enfrentemos la situación. Peleemos.

Porque no puede ser que nuestros tribunales no rindan cuentas y hagan la vista gorda sobre todo lo que concierne a las derechas y a las derechas extremas y que no haya manera de hacer algo serio al respecto.

No puede ser que los palestinos inocentes hayan enfrentado un sufrimiento intolerable desde hace casi 80 años, que nos preocupemos mucho por su situación, cantemos, nos manifestemos, escribamos artículos y que no haya manera humana de detener el rearme del país responsable. Y no solo.Que permitamos – al país responsable y su acólito – detener y amordazar a instituciones y particulares que denuncian esta situación.

No puede ser que “votar por el menos malo” sea la única solución.

No puede ser que la libertad de expresarnos, que es nuestro derecho – esté condicionada a que lo que expresemos resulte aceptable…. para el poder.

No puede ser que hagamos pagar a los muertos la deuda moral nacida de su asesinato.

No puede ser que oigamos, sin morirnos de vergüenza, las palabras de Yoav Gallant, ministro de Defensa israelí, cuando manifiesta que su país lucha contra “animaleshumanos” palabras que no son tanto una declaración de fe como una concesión de permiso para seguir matando.

No, no puede ser.

Pero decir que, hasta ahora, sigo luchando por decidir qué realidad resulta más aterradora: que creamos firmemente que estas cosas no puedan ser o que puedan ser y lo sean.

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