GIGANTES

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—Y, diciendo esto, dio de espuelas a su caballo Rocinante, sin atender a las voces que su escudero Sancho le daba, advirtiéndole que, sin duda alguna, eran molinos de viento, y no gigantes, aquellos que iba a acometer…
Puesto en mitad del campo, embistió con el primer molino que estaba delante; y, dándole una lanzada en el aspa, la volvió el viento con tanta furia que hizo la lanza pedazos, llevándose tras sí al caballo y al caballero, que fue rodando muy maltrecho por el campo.

En el famoso capítulo VIII de Don Quijote de la Mancha, Alonso Quijano, a la postre El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, confunde molinos de viento con gigantes desaforados e ignorando las advertencias de Sancho Panza sobre su verdadera naturaleza se lanza al ataque, pues así lo dictaba el código de todo buen caballero en las órdenes de caballería. Tras atacar a un molino, y resultar malherido por las aspas, Don Quijote justifica su fracaso atribuyendo el suceso a la magia y a la enemistad del sabio Frestón, ése que recurriendo a las artes oscuras le arrebató los libros y el lugar que los habitaban.

Como si cada vuelta de aspa se convirtiera en las agujas del reloj, el tiempo marca nuevos espacios arrebatados en tierras donde antes, donde siempre, han habitado no gigantes, querido Sancho, sino personas comunes de esas que en mi pueblo llamamos ganaderos a pie de monte, que caminan y conocen el monte, porque forma parte de su vida. Abrir senderos con el rebaño y hacer que la maleza quede reducida a una altura donde la llama no pueda arder en caso de que a alguien se le ocurriera darle cerilla, vete tú a saber porqué… Y prendiera como la yesca en un verano acolechado por la seca. Donde el aire es mas caliente de lo habitual. Donde hace más calor, donde la tierra se seca de raíz. Donde no hay nadie para detenerlo, porque no hay nadie los meses antes que lo trabaje.

En esas tierras de la España vaciada, de la Cantabria vaciada, donde los gigantes son macro proyectos que nada tienen que ver con la huella que ahí dejaron nuestros abuelos. Una huella que quien haya vivido en el campo bien sabe que lo peor que podría hacerse es idealizarla o romantizarla querido Sancho, pero que por lo menos nos da una medida, un lugar desde el que continuar.

Y es que los Quijotes de hoy en día querido Sancho, no llevan yelmos y armaduras por muy desbaratadas que éstas estuvieran. No galopan a lomos de un esbelto corcel -o saco de huesos, según por donde se mire-. Pero no por ello, mi buen amigo, dejan de existir; capaces de darle la vuelta al cuento, de atravesar el espejo y de demostrar que frente a esa realidad construida a golpe de interés económico y empresarial, de sabotaje generacional, de atentado medioambiental. Frente a esa lógica de “no queda más remedio, es adaptarse o morir”. Frente a esa lógica donde las aspas remueven el viento para que sople del lado que más le conviene a unos pocos, los de siempre. Frente a esa realidad que nos quieren imponer haciéndonos comulgar con ruedas de molino, nunca mejor dicho; una que desmantela el ya maltrecho equilibrio territorial, paisajístico, biológico y medioambiental construido demasiadas veces desde una mirada ajena “que no ha pacido nunca en el lugar del que habla”.

Frente a todo eso, querido Sancho, hay Quijotes que desarman una ficción impuesta que quiere que veamos como normal enormes masas metálicas alimentadas por turbinas y generadores al servicio querido Sancho, no lo olvides, nunca del pueblo, sino de otros gigantes a quienes poco les importa la huella de tu abuela o la mía, porque su única propuesta es pisar su memoria y lo bueno que ese espacio podía albergar.

Si te fijas bien, entre tanto artilugio y algoritmo, entre tanto “parlabarato” y trampantojo, entre tanto sobre y comisión, entre tanta mentira y manipulación, entre tanto juego de trileros. Si te fijas bien, querido Sancho, esos Quijotes modernos son quienes ven la realidad tal como es, porque son ellos, querido Sancho, quienes mantienen con vida aún nuestros pueblos. Quienes se resisten a abandonarlos pese a que los gigantes de hormigón y despacho se lo pongan cada vez más difícil. Sin darles más alternativa que el tic tac de las aspas metálicas segando sus valles para no dejar que crezcan alternativas, para no dejarles demostrar que el verdadero progreso es conserva el medio rural:

“todo cuanto sea conservar el medio es progresar, todo lo que signifique alterar o destruir de forma irreversible ese medio es retroceder”

decía Miguel Delibes en su discurso, luego convertido en libro “Un mundo que agoniza” de entrada en la R.A.E. No hablaba tanto de él como de sus personajes, con una verdad que nos llega inmaculada. Quizás te parezca un relato un tanto épico, amigo mio, pero es que es así. Esa gente que vive que se levanta cada día, que sale adelante. Esa gente si que son GIGANTES.

“Y es que estamos cuerdos de estar tan locos / porque no saben Querido Sancho, que los GIGANTES: Somos NOSOTROS”.

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1 Comentario

  • hdtoday
    5 de agosto de 2026

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