¿Podemos volver a hablar de vivienda, turismo y recursos?

Este miércoles no fue un día como otro cualquiera. El eclipse acaparó un gran cantidad de atención, fue un momento muy especial vivido por mucha gente, pero cuando el sol vuelve a brillar, los temas del día a día no han desaparecido (Foto: Luisa Casuso)
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Cantabria y otros territorios de España y de otros lugares del mundo fueron agraciados este pasado 12 de agosto con un momento particularmente bello, astronómicamente relevante, algo que mucha gente albergó en sus retinas (gafas mediante) y en sus memorias y que difícilmente podrán olvidar nunca. Es cierto que nuestra Comunidad también resultó agraciada, en una porción importante, con nubes que no permitieron disfrutar al máximo de la experiencia, aunque ese momento, una hora y pico antes de lo que tocaba, de oscurecimiento total para después regresar a la claridad también es una vivencia muy interesante. Las criaturas nocturnas pensaron que ya era su turno y, de repente, no lo era.

Hacía ya varias semanas que comenzó el bombardeo informativo. Las redacciones de muchos medios de comunicación se volcaron con este evento. Con una parte positiva: hablar de un eclipse requiere hablar con personas de la ciencia para que explicaran qué es lo que íbamos a ver (o a intentarlo), cómo teníamos que verlo, la particularidad de este evento en concreto, la posibilidad de que, si no nos movemos de aquí, no podamos volver a verlo nunca, las consecuencias que puede tener en nosotros mismos o en la fauna que nos rodea.

Es verdad que si destinas muchos esfuerzos para informar correctamente de algo así, se te caen otros temas de la agenda. Temas que son mucho más importantes porque afectan a la vida de las personas día sí y día también. Después de verlo, es posible que muchas personas crean que ha merecido la pena, precisamente por lo que tenía de insólito y particular.

También ha contribuido a que haya que ‘comerse’ nuevas raciones de negacionismo y terraplanismo. Tropezarse en redes sociales con un mensaje escrito en mayúsculas por ese afamado cantante que parece ser el líder del negacionismo diciendo que es mejor no ver el eclipse porque conlleva malas consecuencias puede llevar a un cierto pesimismo, porque ya hay personajes que necesitan negarlo absolutamente todo, hasta la trayectoria que sigue este planeta y su satélite y que permite calcular cuándo sucede un eclipse. No es un cálculo aproximado. No es que pueda suceder este año o el siguiente, este día o el siguiente. Se podía comprobar con antelación cuándo iba a comenzar en un determinado lugar, hora, minuto y segundo. Ya no basta con negar el cambio climático y las dinámicas que está produciendo, sino que llegamos hasta el punto de decir que todo es mentira, que nos engañan en todo. En esto, no.

Ahora ya ha pasado el evento, aunque seguro que hoy, y durante algunos días más, esto seguirá en la conversación. Cuando te encuentras, en los primeros días de enero, con tu prima, el vecino de enfrente, la camarera del bar donde desayunas o la mujer con la que coges siempre el Cercanías, le felicitas el año. Es posible que ocurra lo mismo. ¿Dónde fuiste? ¿Pudiste verlo? ¿Hiciste buenas fotos?

Pero el 13 de agosto seguimos con dinámicas que no han cambiado y que son una preocupación para muchas familias. La vivienda es, posiblemente, el mejor ejemplo. Llevamos semanas y meses escuchando que este evento iba a traer muchos visitantes a Cantabria y oíamos precios de alojamientos, ya fueran hoteles, casas rurales o pisos destinados a quienes vienen por unos días, que asombraban.

Sin embargo, eso no parece hacer mucho hincapié en el debate de por qué puede suceder eso. Pasa con muchos eventos diferentes. Nos quedamos más en el asombro de lo que cuesta una entrada para un partido de fútbol o hasta dónde pueden llegar las acciones de una empresa que ha tenido una gran noticia. Pero cuando te dicen que, la noche del 12 al 13 de agosto, una habitación se te puede ir a un número de cuatro cifras, quizá habría que preguntarse cómo algo así puede llegar a costar tanto dinero. Se ha llegado a pagar por una noche una cantidad de dinero como el Salario Mínimo Interprofesional. En Cantabria.

Se apela a la ley de la oferta y la demanda. Pero no es una ley de obligado cumplimiento, no es como pagar impuestos o hacerse el DNI. Puedes llegar a un precio de 1.200 la noche si alguien está dispuesto a pagarlo, pero puedes elegir que esa noche cueste 200 euros también (que ya estaría bien para una noche), nadie obliga a que lo subas hasta un precio astronómico (perdón).

El caso es que eso puede suceder porque en esto no hay límites. Cuatro cifras, o cinco, o seis. Si alguien lo paga, ya está. Es más negativo aún si afecta en la reducción del parque de vivienda disponible para quien vive todo el año en un sitio. En esto se lleva incidiendo ya mucho tiempo, pero sobre todo después de la pandemia, cuando Cantabria ha empezado a crecer de manera muy notable como destino turístico.

Esto supone una gran alegría para las administraciones públicas, estatales, autonómicas y municipales, siempre dispuestas a sacar pecho porque mucha gente de fuera les visita, ya sea para ver unas cuevas, un columpio, un banco gigante, un recinto con animales o, en el futuro, hacer surf en una piscina con olas que necesita de un Plan Singular de Interés Regional, es decir, una herramienta pública para que, en principio, lo explote una empresa privada.

Este año la promoción principal ya estaba hecha. Habiendo eclipse, el llenazo estaba asegurado. Tanto es así que desde el Gobierno de Cantabria, el día 11, se sugería verlo desde casa o muy cerca, para no ocasionar un caos circulatorio. No han faltado las quejas en redes sociales, señalando que vivimos en una especie de decorado listo para el disfrute de quienes vienen desde otras latitudes, pero que los cántabros no ayudasen a incrementar el caos. Podía valer nuestra ventana, balcón, patio o pueblo para disfrutar del espectáculo. Y así se ha agradecido a la población al día siguiente. No se ha molestado el disfrute.

El eclipse pasa, pero los problemas latentes persisten. Y si continúan sin soluciones que los atajen, tienden a enquistarse y a empujar a la vulnerabilidad a cada vez más gente.

La falta de agua

El mismo Gobierno de Cantabria lanzaba otro mensaje preocupante esta misma semana. Si la falta de lluvia se alarga más tiempo, tenemos un serio problema con el abastecimiento de agua. Decenas de municipios de Cantabria lo están notando, piden ayuda, y la capital lleva unos dos meses teniendo que tirar del pantano del Ebro, una situación excepcional a todas luces, pero que puede convertirse en crónica si cada vez hay menos precipitaciones y se producen de una manera muy diferente a la habitual en la Comunidad Autónoma.

Si en verano es cuando menos llueve y cuando más población hay, es más probable que las cuentas no salgan. Este verano quizá no sea un problema de extrema gravedad para Santander, porque el pantano está en un nivel bueno de agua, pero hace pocos años hubo un periodo radicalmente diferente, con menos del 30% de capacidad llena, y ahí sí que podría haber una situación mucho más comprometida.

En 2016, el Tribunal Supremo tumbó el Plan General de Ordenación Urbana de Santander aprobado en 2012 precisamente porque se estimaba que la ciudad podría llegar a 260.000 habitantes de aquí a mitad de siglo y no se preveía cómo se podría abastecer de agua a toda esa población. Ahora, con 175.000 habitantes, el propio Gobierno regional, conducido por el mismo partido que gobierna la capital, lanza una alerta por la escasez de agua, pero lo hace sólo algún día después de que la presidenta del Ejecutivo dejara muy claro que no se va a renunciar al turismo. Que vengan todos los que puedan, aunque se hable de turismo sostenible, de turismo de calidad y de que haya un incremento equilibrado. ¿Durante todos estos meses de promoción del eclipse se pensaba en una afluencia equilibrada de personas? ¿En qué consiste el turismo sostenible? La frase se utiliza siempre, pero no se termina de explicar lo que significa. ¿Que el Parque de la Naturaleza de Cabárceno bata récords de visitantes cada año es sostenible y equilibrado?

La falta de lluvia también afecta de manera muy significativa al sector primario. ¿Cuál es la respuesta hacia ese problema? Subirse a un tractor queda muy bien como gesto, pero, ¿qué hacer si esta tendencia persiste? ¿Acaso se le pedirá a la hostelería que comparta sus ingresos con los ganaderos?

Si se producen periodos más largos de sequía estaremos ante un problema para cada vez más sectores productivos y se incrementará la posibilidad de que haya incendios (una de las principales advertencias de cara al evento del eclipse). Una de las noticias más tristes del día del eclipse fue un incendio en el pinar de Liencres, junto a las dunas de ese Parque Natural y a las playas de Valdearenas y Canallave, uno de los parajes más espectaculares de Cantabria. El Gobierno regional estima que fue probablemente provocado y que debe caer todo el peso de la ley sobre los culpables. Pero en Cantabria arden cada vez más hectáreas, yendo además al revés del resto, porque la época más habitual es el final del invierno en lugar del verano. Y las respuestas a ese fenómeno no llegan o se esconden. Y las soluciones tampoco llegan, porque pasa cada año lo mismo, pero con tendencia a ir a peor.

El miedo a no encontrar vivienda, el miedo a que escasee un recurso básico para la vida, el miedo a que mi negocio rural no pueda sostenerse en el tiempo, el miedo a que se achicharre el medio rural, cada vez más despoblado… Las respuestas suelen ser la ocupación, el fracaso económico si no se llena a rebosar Cantabria en verano o el lobo. Pero son respuestas que sirven en algunos casos, no explican los problemas de manera integral ni son suficientes para desarrollar soluciones eficaces. ¿El eclipse? Una maravilla, sobre todo desde mi ventana si no estaba nublado.

 

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