La UC realiza un estudio detallado de las condiciones climáticas locales de Santander para reducir su impacto en la salud de las personas
Los grupos de investigación GEOBIOMET (Grupo de Biometeorología) y GITECO (Grupo de Investigación de Tecnología de la Construcción perteneciente del Departamento de Transportes y Tecnología de Proyectos) de la Universidad de Cantabria (UC) aplican la metodología Climate Walks en Santander para conocer en detalle las condiciones climáticas de las calles de la capital cántabra y analizar la influencia de la construcción de cada zona, con el objeto de reducir su impacto en la salud de las personas.
Durante las dos últimas semanas, Pablo Fernández de Arroyabe, profesor contratado doctor, y Jorge Rodríguez, profesor titular, han recorrido diversas calles de Santander para realizar este estudio, que replica el desarrollado en Lisboa por el investigador doctor Tiago Silva en su tesis doctoral, quien también colabora, transmitiendo su conocimiento a Rigoberto Nahuelpan, doctorando de la UC.
Además, están participando en este estudio de forma voluntaria Rubén Díez, Carlos Hernández, José Esparza e Irene Arenas, investigadores del Grupo de Ingeniería Ambiental (GIA), Miguel Gómez, del Grupo de Caminos (GCS), y María Gayte-Fox, doctoranda del Departamento de Geografía Urbanismo y Ordenación del Territorio.
El título del proyecto puente de la UC en el que se desarrollan estas campañas de trabajo de campo es “Mejora de la resiliencia urbana mediante la rehabilitación de edificios con sistemas vegetales y la caracterización biometeorológica de las zonas climáticas locales” (ayuda financiada por el contrato programa de Gobierno de Cantabria – UC) y se realiza con la colaboración del Instituto de Geografia e Ordenamento do Território da Universidade de Lisboa (IGOT-ULisboa).
En esta primera fase del proyecto, los investigadores trabajan en el estudio de las zonas climáticas y el confort climático de los ciudadanos, para lo que miden las condiciones meteorológicas o las variables climáticas en distintas calles, con el objeto de correlacionarlas con las características del medio ambiente construido. “Donde haya más árboles, el bienestar climático de los ciudadanos debería ser mejor, mientras que, en aquellas zonas donde el asfalto, el hormigón sustituyen la vegetación, el confort térmico de los ciudadanos es mucho peor”, subraya Jorge Rodríguez.
Una afirmación, avalada por el estudio realizado en Lisboa, donde se constató que los árboles bajan de media la temperatura del entorno en 6 grados, mientras que estructuras de sombra, unos 4 grados, según explica Tiago Silva.
Jorge Rodríguez avanza que, en una segunda fase del proyecto, propondrán técnicas de rehabilitación de edificios con sistemas vegetales, “ya sean fachadas o cubiertas verdes, que permitan mejorar el albedo de las ciudades y disminuir la temperatura. Pretendemos hacer propuestas para mejorar la resiliencia climática del entorno construido”.
En este sentido, Pablo Fernández de Arroyabe apunta que “no solo es importante adaptar las ciudades, sino tener en cuenta el impacto que las condiciones atmosféricas tienen en la salud de los más vulnerables”.
Por ello, la parte fundamental del proyecto se enmarca en la Biometeorología, disciplina científica que estudia los procesos atmosféricos y cómo afectan a los seres vivos, incluido el ser humano, y dentro del marco general del cambio climático y del nuevo desarrollo urbano que tiene que tener las ciudades para mitigar los efectos de los impactos del calor en las personas.
“Es muy importante que logremos un estudio detallado de las condiciones climáticas extremas que se pueden dar en cada calle y también atender al tipo de población que vive en cada zona para intentar reducir los impactos en la salud de las personas”, sostiene el profesor Pablo Fernández de Arroyabe.
Metodología Climate Walks
Para la realización del estudio, investigadores de la UC recorren las calles de Santander con una estación meteorológica portátil que permite registrar cada 5 segundos: temperatura del aire, humedad relativa, dirección y velocidad de viento, presión barométrica, y distintos tipos de radiación. Además de monitorizar datos en tiempo real, los investigadores preguntan los ciudadanos “cómo se sienten en esos contextos. Por eso hemos elegido el verano y, por eso, salimos a caminar siempre a las dos de la tarde y luego por la noche en 4 rutas por la ciudad ya predeterminadas”.
En estas dos semanas de estudio de campo, han realizado más de 1.000 entrevistas, con cuyos datos trabajarán posteriormente. “Conocer los resultados nos llevará tiempo”, indica Fernández de Arroyabe. De hecho, calculan que unos tres años, porque les acaban de conceder un proyecto del plan estatal para la Caracterización local de la influencia meteorológica en la adaptación térmica y ecológica de edificios (PID2025-168538OB-I00).
“No solo es medir las condiciones climáticas y su incidencia, sino que vamos a incorporar otros aspectos. Tendremos unos resultados muy interesantes y, sobre todo, serán transferibles al desarrollo de sistemas de alerta temprana personalizados”, concluye.
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