Santander recuerda el compromiso republicano de Rafael Rodríguez Rapún, secretario de La Barraca y pareja de Federico García Lorca
Santander ha recordado este martes, 18 de agosto, la figura y el compromiso republicano de Rafael Rodríguez Rapún, secretario y actor de La Barraca, militante socialista, sindicalista y oficial del Ejército republicano, fallecido en la capital cántabra hace 89 años y enterrado en el cementerio de Ciriego.
El homenaje, convocado bajo el lema «Flores para Rapún. Cada año, un poco menos solo», ha sido organizado por la Asociación Héroes de la República y la Libertad de Cantabria y El Faradio junto a la sepultura de Rodríguez Rapún. El acto ha combinado la reivindicación de su trayectoria política y cultural con la lectura de poemas y textos de Federico García Lorca, de quien fue compañero en La Barraca y pareja sentimental.
Jorge Suárez, portavoz de Héroes de la República y la Libertad, ha recordado el compromiso político de Rodríguez Rapún, vinculado desde muy joven al movimiento obrero madrileño a través de organizaciones políticas, sindicales, estudiantiles, culturales y deportivas.
Suárez ha destacado que, cuando se produjo el golpe de Estado de julio de 1936, Rapún decidió incorporarse a la defensa de la República y de la legalidad democrática. Tras recibir formación en la Escuela Popular de Guerra, llegó a ser teniente de Artillería y fue destinado al frente norte. Resultó herido durante los combates desarrollados en Cantabria y murió en Santander el 18 de agosto de 1937.
El portavoz memorialista también ha repasado el trabajo desarrollado por Héroes de la República durante la última década para recuperar su memoria, localizar y señalizar su tumba y conseguir que la sociedad cántabra conozca que los restos de Rodríguez Rapún se encuentran en Ciriego. Una labor que ha permitido rescatarlo del anonimato y vincular su historia con la de quienes defendieron la democracia y sufrieron después el silencio impuesto por la dictadura.
También ha intervenido el periodista y director de El Faradio, Óscar Allende, que trabaja en una biografía de Rafael Rodríguez Rapún cuya publicación está prevista a lo largo del próximo curso. Allende ha reivindicado la identidad y la trayectoria propias de Rapún, más allá de su relación sentimental con García Lorca, y ha puesto en valor el trabajo fundamental que desempeñó como secretario de La Barraca.
Su labor consistía en coordinar las giras de la compañía de teatro universitario, organizar los desplazamientos y las actuaciones, llevar las cuentas, custodiar la documentación y el archivo y resolver los numerosos problemas e imprevistos que surgían durante los viajes. Era un trabajo poco visible, pero imprescindible para que el proyecto pudiera recorrer pueblos y ciudades llevando a los escenarios algunas de las principales obras del teatro clásico español.
Allende ha situado esa tarea como una prolongación del compromiso político y cultural que Rapún había adquirido en las organizaciones obreras. En aquel contexto, el acceso a la cultura, la educación, el deporte y la naturaleza se entendía como una herramienta de emancipación y como una parte inseparable de la defensa de la República. La Barraca respondía también a esa voluntad de acercar el patrimonio teatral a públicos que habitualmente permanecían alejados de los grandes escenarios.
Piluca Fernández, integrante de Héroes de la República y la Libertad, ha abordado la relación entre Rodríguez Rapún, García Lorca y los Sonetos del amor oscuro. Parte de la crítica lorquiana considera que algunos de estos poemas estuvieron inspirados por la relación entre ambos, vivida durante los últimos años del poeta granadino.
El homenaje ha incluido la lectura del Soneto gongorino en que el poeta manda a su amor una paloma, conocido por su primer verso, «Este pichón del Turia que te mando», y considerado uno de los poemas vinculados a Rafael Rodríguez Rapún.
Durante el acto se han leído además diferentes reflexiones de García Lorca sobre la vida, la muerte y la poesía, así como textos que muestran su compromiso con quienes sufrían la pobreza, la injusticia y la exclusión social. Las intervenciones han reivindicado así la dimensión humana, cultural y política compartida por Lorca y Rapún, dos vidas atravesadas por el teatro, el amor, la defensa de la cultura popular y la violencia desencadenada tras el golpe de Estado de 1936.
El acto ha concluido con la colocación de flores sobre la tumba de Rafael Rodríguez Rapún, como símbolo de una memoria que continúa creciendo y de la voluntad de que quien permaneció durante décadas olvidado esté, cada año, un poco menos solo.
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