FIS 2M26 – 5 María Dueñas asombró con su violín (lo mejor del FIS). Además, suecos alegres y gala lírica con dos grandes voces. Conciertos extraordinarios y exquisitos

Orquesta Real de Suecia – María Dueñas, violín – 20 de agosto – Sala Argenta – 20:00 horas
Presentación: Una orquesta sueca real y Real es algo curioso de oír en estos lares cantábricos; dicen celebrar 500 años de su creación por el rey Gustav Vasa que contrató en 1526 a dos músicos polacos para que pusieran orden melodioso en su corte en un reino donde cada castillo tenía su orquesta de cámara propia, quizás porque les gustaban las batallas musicales (y las cámaras… de tortura). Entonces se llamaban Kungliga Hovkapellet, ahora son la RSO (Royal Swedish Orchestra) y se sacan fotos en el palacio Real ocupando escalinatas y barquito. Son 107 músicos de los cuales 70 están de gira por el sur de Estocolmo; Santander como ciudad al sur les acogió y celebró su quingentésimo aniversario con un concierto que tuvo un gran regalo: poder escuchar a la violinista María Dueñas (Granada, 2002), la artista clásica española con más proyección internacional, todo un prodigio como intérprete y compositora. Maravilló con su Stradivarius “Michelangelo” de 1714.
Nudo: Sala llena (otro éxito del FIS) y expectación para escuchar a María Dueñas. También a la RSO con un director norteamericano -Alan Gilbert- con querencias e hijos suecos. Un programa que empezó con un guiño mozartiano al FIS: la Obertura de La flauta mágica, donde músicos y director se la conocían al detalle, ellos precisos y él sin partitura por medio. Obertura mágica.
Cambios en la orquesta y salida a escena de María Dueñas, etérea y sonriente. Por delante una obra exigida: el Concierto para violín n.º 1 en sol menor, op. 26, de Max Bruch (1838-1920). Un concierto en tres movimientos que mostró la adaptación de María a cada uno de ellos, tranquila y dialogante con la orquesta en el allegro moderato, serena y cómplice con el director en un adagio dotado de hermosura y un vigor final que parecía decir “ahí queda un allegro energico grandioso”. Media hora de un ir y venir armónico con la orquesta que María vivía con delectación y cabeceos bienhechores. Gilbert se frotaba la nariz de admiración por lo que escuchaba.
El asombro estaba cerca: las dos propinas. Primero un delicado y melancólico Valse triste de Franz von Vecsey (1913), una emotiva pieza que promete belleza. María la ofreció en tres minutos placenteros. Luego, segundo presente, llegó el ritmo y el desmelene con las cadencias de Applemania de Aleksey Igudesman (2016). María descubrió en otros cortos tres minutos casi todo lo que se puede hacer con un violín cuando se está en éxtasis. Que quieren que les escriba: los mejores ratos de todo el FIS.
Desenlace: La segunda parte no tuvo el espíritu celeste de María. Pero, la RSO se mostró sólida y conocedora de un compositor de su tierra: Wilhelm Stenhammar (1871-1927). Su Serenata en fa mayor op. 31 eran cancioncillas y melodías que calmaban los ánimos con unas cuerdas que acariciaban nocturnos y unos metales que dominaban un entusiasta final. Orquesta compacta, dirigida con balanceos continuos de Gilbert y una mano izquierda que resumía en un gesto de zarpa de oso pardo escandinavo su satisfacción con lo que oía. Cerró su dirigente noche con la Obertura del “Tannhäuser” de Richard Wagner (1845), otro guiño al FIS y al cierre wagneriano del día 31.
Noche perfecta de esas que no se olvidan y te permitirán decir en medio del siglo XXI: “Yo escuche a María Dueñas cuando era una jovencita de 23 años”. Gilbert, director, kapellmeister y violinista lo proclamaba: “Que tengamos tan buena química es una verdadera alegría”. Lo fue.
Notas al programa: Pocas veces ocurre que las propinas se vean enturbiadas porque a un metro tuyo alguien este compulsivamente buscando los temas que se están tocando, difíciles en el caso de María Dueñas. Cinco minutos largos de móvil luminoso fueron los que hubo que soportar este cronista, molestias incomprensibles de alguien que no escuchó y luego escribió sobre ello. Se dice el pecado y adivinen ustedes la pecadora.

Gala Lírica: Kathryn Lewek, Piotr Beczala, Orquesta Sinfónica de Bilbao – 22 de agosto – Sala Argenta – 20:00 horas
Tras días en que predominaron los suecos primero y luego los británicos en el FIS, llegó la hora y el día de los de… Bilbao. Su Orquesta Sinfónica tiene las siglas de BOS como emblema y al maestro madrileño José Miguel Pérez-Sierra como director que, en este caso, pareció transmutarse en la fisonomía y expresión gestual de Giaochino Rossini, compañero de siglo de los compositores de la noche: Giuseppe Verdi, Gaetano Donizetti, Giacomo Puccini y Georges Bizet. La BOS acompañó a dos de los mejores cantantes de ópera actuales -la soprano norteamericana Kathryn Lewek y el tenor polaco Piotr Beczala-. La energía de la BOS fue desbordante, lo que casaba con la Obertura de la Forza del Destino (Verdi) y el Intermezzo de Manon Lescaut (Puccini) que interpretaron, pero no con muchos momentos en que su volumen tapaba a los cantantes.
La noche se presentó con un programa de quince arias, cinco para cada solista y cinco dúos. Hubo tres propinas. Pero vayamos por partes.
Kathryn Lewek: Empezó muy segura en un dúo como Gilda de Rigoletto, mostrando su saber actoral y bello timbre. Se fue asentando y buscando su gran expresividad en cada aria, iracunda en Regnava en el silencio de Lucia di Lammermoor, oscura y contenida en Sempre libera de La Traviata. Su dúo final O soave fanciulla de La bohéme fue el momento -y muy agudo- de felicidad con su partenaire de la gala.
La propina primera fue suya: el espiritual gospel He’s Got the Whole World in His Hands. Se despidió con Piotr y el brindis por antonomasia: Libiamo ne’ lieti calici de La Traviata.
Piotr Beczala: Seguro desde su primera aparición como el Duque de Rigoletto, su fraseo perfecto, presencia escénica y dominio de agudos -que parecían fáciles en su voz- fue su norma de la noche. Enamoró al público y a Kathryn calentando su mano en el aria Che gélida manina de La bohéme y en su propina como solista: Amor ti vieta de Fedora (Giordano). Su brindis final compartido fue recibido con muchos aplausos para su buen hacer, decir y cantar.
Notas al programa: En los diversos conciertos del FIS parece inevitable que tu entorno haga comentarios y se escuchen opiniones que no has pedido en medio de una pieza. La Gala Lirica tuvo un teléfono móvil que despistó a orquesta y tenor (se escucha en la grabación que Radio Nacional realizó) y en el caso de este cronista fue incomprensible como una persona mediática, con cargo en la UIMP, se pusiera a cantar dos arias que conocía. Tal cual. Vuelvo a decir el pecado, pero no la pecadora (a la que siendo quien es no entiendo que no tenga un mínimo respeto en un concierto público).