Más que palabras

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Todo el mundo conoce tu nombre, tu edad, parte de tu historia. Este es uno de esos artículos donde el nombre se convierte en narrativa en si mismo. En el relato más poderoso. Todo lo demás sobra porque ya está dicho. Y sin embargo la fuerza de tu nombre no da para evitar que suceda.

Saber de tu historia y de tu lucha, de lo que representas, de tus 87 años, de tus 71 años viviendo en ese piso, donde entraste con 16. Donde murieron tus padres. Este es el cuarto intento. Pagabas 500 euros al mes, los sigues pagando, con una pensión de 1.350. Pero el bloque lo compró Renta Corporación y ahora lo gestiona Urbagestión, que te subió la renta a 2.650 y luego a 1.650.

Tú, con una discapacidad del 50%, en silla de ruedas, saliendo hoy en camilla del SAMUR al Gregorio Marañón porque ni siquiera se respetó el mes que marca el artículo 704 de la Ley de Enjuiciamiento Civil para vivienda habitual. Ni siquiera con un recurso en la ONU pidiendo parar el desalojo, ni con una donante anónima que se ha ofrecido a pagar la diferencia.

El resto de la información, tus fotos colgadas en la pared, los recuerdos acumulados en cada uno de los muebles y rincones, eso queda para tí, no parece tener demasiado valor. Por lo menos ese valor de cambio que haga que valga más tu vida que sus beneficios. Todo son buenas palabras para Maricarmen, incluidas éstas, escritas desde una periferia que sabe que no suman más de las que ya están, como mucho las refuerzan o saturan, incluso pueden hasta sobrecargar la batería de conciencias que con razón dirán que para tí, Maricarmen, las palabras no llegan a bálsamo o acaban perdiendo su verdadero significado. Porque ninguna de ellas ha ayudado a que ahora mismo puedas estar en tu casa, en tu hogar. Ninguna de ellas ha paralizado un desahucio que ha arrasado con todo con la fuerza de la ley que no protege, que vulnera.

Y más palabras que se repiten como el ajo para gritar su indignación, para volver al mismo lugar donde sentarnos a esperar a un Godot que nunca llega, que nos prometió que haría algo, que él si que nos representaba. Y ahí estamos como imbéciles ingenuos creyendo en sus palabras, esperándolo en la calle, desahuciados.

Y de nuevo las palabras mienten, o no dicen toda la verdad, porque esto es pura retórica. Pero lo tuyo es real Maricarmen. Son reales las horas de espera, el estrés, la incertidumbre, también el cariño, el apoyo y la solidaridad, sí, pero de una realidad agónica porque no han servido de nada. En la habitación del hospital donde estás, ojalá que acompañada, intentando asimilar todo lo que has vivido durante estos años. Tantas y tantas palabras amontonadas, hipotecadas, que se han quedado en eso, palabras. Cómo es posible que no se haya podido hacer nada.

Si lo piensas, no es tan raro, más allá del portal de Maricarmen, o muy cerca, a otras Maricarmen les está sucediendo algo parecido, quizás no tan mediático, tal vez no tan sangrante que merezca poner el foco. Con otros nombres, otras historias. Por eso Maricarmen no sólo eres tú, sino lo que representa y simboliza tu situación. Otras Maricarmen cada una con sus circunstancias, otras que aún no saben que lo son, viven cerca de tu portal, comparten coordenadas.

Quizás habitamos ese lugar, en el que ahora estás tú, desde una falsa seguridad, cada vez más frágil, de que a nosotros no nos puede pasar. Pero cada vez es más grande la grieta de la burbuja de cristal.

Si lo piensas no es tan improbable en el momento que aceptamos y asumimos como lógica una escala de valores que se olvida de proteger lo fundamental. O que coloca como fundamentales valores que hasta hace no mucho eran impensables. No porque estuviesen tan consolidados como debieran, sino porque eran esa brújula en la que nos movíamos para evitar caer en el desahucio. Es verdad que esa brújula todavía está, aún parece no haber perdido el norte, y por eso has recibido y estás recibiendo tanto apoyo Maricarmen. Pero algo está pasando, porque las palabras y determinados actos no son suficientes. No han logrado evitar que te echen.

Ojalá a partir de ahora lo sean y logren que te devuelvan tu casa. Y eviten que lo que te ha pasado vuelva a suceder, porque hay una firma que vale más que 71 años de vida: la de Urbagestión Desarrollo e Inversión S.L. Y esa firma hoy ha tenido ariete policial para forzar e invadir -ahora sí, invadir- un portal en la calle del Retiro.

Queda la duda de si lo de Maricarmen será la gota que colma el vaso o una más que acabaremos normalizando. Si será nuestra Rosa Parks del Retiro, la que nos haga levantarnos del asiento, o simplemente otra injusticia que olvidaremos cuando el ariete se guarde hasta la próxima. Ojalá sea la primera.

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