La bola negra que todavía pesa
|| Julia Hoyo Carballo ||
Hay películas que terminan cuando aparecen los créditos. Y hay otras que continúan cuando sales de la sala. La bola negra es de esas.
Es una película que se nota que está hecha con conciencia. Hecha desde lo humano, desde el dolor, desde el recuerdo y también desde la lucha para que aquello que tanto costó conquistar no deje nunca de ser reconocido.
Mientras la veía, no podía evitar pensar en personas concretas. En algún amigo. En amigos que durante un tiempo estuvieron callados, que tuvieron miedo, que necesitaron mucho valor para poder decir quiénes eran, a quién querían y cómo querían vivir. Personas que han luchado muchísimo, no para ser diferentes, sino simplemente para poder vivir con la misma libertad que los demás.
Y pensé también en Madrid. En España. Y en Cantabria, porque esta película también forma parte de nuestra tierra. Parte de su rodaje se desarrolló aquí y la historia de Rafael Rodríguez Rapún, una de las figuras históricas vinculadas a la película, está ligada a Cantabria, donde murió durante la Guerra Civil y permanece enterrado en Ciriego.
Quizá por eso la película se siente todavía más cercana. Porque nos recuerda que esta historia también forma parte de nuestra tierra y de nuestra memoria.
España ha conseguido convertirse en un lugar donde muchas personas han podido dejar atrás el miedo, encontrar a quien amar, formar una familia y vivir sin esconderse. Pero nada de eso ocurrió de un día para otro. Detrás hay personas que dieron la cara, que lucharon y que hicieron posible que otros pudieran vivir con una libertad que antes parecía inalcanzable.
Por eso preocupa que, después de todo lo conseguido, todavía haya discursos que cuestionen derechos que deberían estar plenamente asumidos.
Porque los derechos pueden escribirse en una ley, pero la libertad se construye también en la calle, en las familias, en los colegios, en los trabajos y entre amigos.
Un buen amigo me dijo una frase que se me quedó grabada: «La película es un disparo al corazón, independientemente de la generación a la que pertenezcas o de la orientación sexual que tengas».
Creo que esa frase resume muy bien lo que transmite La bola negra. Porque hay historias que nos atraviesan a todos y que no entienden de etiquetas. El miedo, el amor, la pérdida y el deseo de vivir en libertad no pertenecen a una generación concreta ni a una determinada orientación sexual.
La bola negra nos recuerda que detrás de cada derecho hay personas. Personas que un día tuvieron miedo y que hoy simplemente quieren vivir. Y quizá por eso no podemos permitirnos volver atrás.