Lengua de serpiente
|| Sindicato de Vivienda de Cantabria ||
Ya lo sabíamos. Así funciona la política institucional. Así funciona el sistema. Ya lo sabíamos y, aún así, la rabia no puede sino atravesar nuestros cuerpos y nuestras mentes militantes. “Hombre blanco hablar con lengua de serpiente”, cantaba Javier Krahe ya en el año 86, cuando solo 4 años después de su llegada al gobierno central el partido socialista ya era una decepción colectiva. “¿Es socialista, es obrero, o es español solamente?”, recitaba hace décadas con el ritmo tierno de la canción protesta.
Ya sabíamos que los decretos no iban a prosperar a pesar del resquicio de esperanza que siempre inocula inevitablemente la propaganda. Sabíamos también que, de hacerlo, sería insuficiente. Porque siempre lo es la acción política institucional, porque de los gobiernos que recogen, toleran e incorporan a sus proyectos la agenda capitalista más feroz no se pueden esperar medidas contundentes para articular la vida digna de la mayoría. Pedimos la bajada de los precios del alquiler y aprueban ayudas que engrosan el bolsillo de los rentistas. Pedimos el freno de un macroproyecto que destroza nuestro territorio y lo llevan al territorio vecino. Pedimos que se frenen los desahucios y aprueban pagarle con dinero público a los buitres su avaricia. Pedimos contratos de arrendamiento indefinidos y directamente lo ignoran. Y lo hacen así no porque su comprensión oral y su comprensión lectora sean limitadas. Lo hacen así porque es su propuesta de país, de comunidad. Han comprado el proyecto de la especulación, el proyecto del extractivismo, el proyecto del rentismo, y han normalizado a través de todos los mecanismos que tienen disponibles –la cultura, la propaganda, la educación, la legislación, las fuerzas represivas…– la idea de que una casa pueda ser otra cosa que un lugar para vivir y pueda servir de palanca para el ascenso social para algunos y para apuntalar la acumulación de riqueza de unos pocos sobre la miseria de la mayoría.
No pueden abordar lo que pedimos porque lo que pedimos, una vida digna para todas las personas, es frontalmente opuesto a su proyecto de país y a su manera de estar en el mundo. No pueden escuchar de verdad lo que pedimos, que la vivienda recupere su función social y el acceso a ella sea garantizado y protegido institucionalmente, porque poner la vida en el centro es incompatible con sostener los negocios de los que ellos mismos son partícipes. No pueden recoger y articular lo que pedimos porque lo que pedimos, que los derechos humanos vayan por delante de la propiedad privada, dinamitaría los trenes de vida que han construido a través de sus andaduras políticas.
Es hora de pasar de la petición a la exigencia, y de la esperanza a la acción directa. La mayoría social del Estado español está deshecha y desmenuzadas sus posibilidades de disfrutar de una vida libre de angustia. Y nuestras vidas, las vidas de las vecinas y vecinos que habitamos Cantabria, resisten también entre maletas que nunca terminan de deshacerse y violencias diversas que nos expulsan del territorio. Te haremos caso, Javier, y no fumaremos jamás la pipa de la paz con este socialismo arrodillado ante el capitalismo que nos asfixia. Y seguiremos recordando que la herramienta para construir proyectos comunitarios que protejan la dignidad de todas las personas es la organización colectiva, la acción sindical territorializada y el apoyo mutuo.
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