Acampadas, Bolas Negras y las vidas que queremos vivir

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España se ha pasado los últimos días de septiembre esperando. Esperando vivienda, esperando decretos, esperando que los políticos entiendan que hay gente que necesita un lugar donde vivir y, de paso, esperando en colas de cine para ver La bola negra.

En Santander, donde he estado observando esta pequeña transformación, la espera se ha hecho visible en las calles. Porque cuando una persona no sabe si podrá seguir pagando el alquiler, esperar una solución deja de ser algo abstracto. Cuando llevas demasiado tiempo esperando una respuesta, ocupar una plaza es también una forma de decir que no queremos acabar sin techo.

El desahucio de Maricarmen Abascal, una mujer de 87 años, convirtió una historia particular en uno de los símbolos de la crisis de vivienda. Las tiendas, las pancartas, las asambleas y las comidas populares han introducido una imagen insólita: personas ocupando el espacio público para recordar algo que no debería resultar tan revolucionario: que quien trabaja en una ciudad debería poder permitirse vivir en ella.

Carlos no habla de vivienda como un mercado ni de su alquiler como una inversión. Habla de hacer planes. De saber cuánto va a pagar el mes que viene y de no tener que volver a buscar piso dentro de unos meses. No quiere hacerse rico con una casa. Quiere algo bastante menos ambicioso: poder trabajar, pagar el alquiler y saber que puede quedarse.

Paula lo explica de otra manera. Para ella, el problema no empieza cuando llega una subida del alquiler, sino después de pagarla. Es lo que queda del sueldo cuando ya has pagado la casa, la compra, las facturas y el transporte. “Quiero trabajar y tener una vida después de pagar el alquiler.” No está hablando de comprar una vivienda ni de convertirse en propietaria. Está hablando de algo más elemental: que vivir no consista únicamente en poder pagar por un lugar donde dormir.

El Gobierno respondió aprobando el 29 de septiembre dos reales decretos sobre vivienda. El primero incluye medidas para proteger a personas vulnerables frente a desahucios, limitar determinadas operaciones especulativas y regular los alquileres, además de crear incentivos para ampliar la vivienda asequible. El segundo busca dar mayor estabilidad a los contratos de alquiler de vivienda habitual mediante nuevas reglas de prórroga.

Pero entonces la vivienda entró en el Congreso. Y ahí empieza la parte menos romántica de esta historia: una emergencia habitacional convertida en aritmética parlamentaria.

Junts ha ratificado su rechazo a los dos decretos y exige al Gobierno que los retire y negocie nuevos textos. El Ejecutivo, sin embargo, ha decidido mantenerlos y someterlos a votación.

Mientras las tiendas siguen ocupando las plazas, la fragmentación parlamentaria ha convertido cada votación en una negociación y cada negociación en una pequeña crisis de Gobierno.

En la calle, la discusión es elemental: «No puedo pagar esto».

En el Congreso, la misma frase se transforma en una batalla sobre regulación, competencias, incentivos fiscales y estabilidad contractual. Todo el vocabulario necesario para hablar de vivienda excepto, quizá, el más sencillo: casa.

Y mientras España discute sobre dónde vamos a vivir, también se discute sobre cómo queremos vivir.

Aquí aparece La bola negra. La película de Javier Calvo y Javier Ambrossi ha tenido un estreno extraordinario: más de 610.000 espectadores y 4,67 millones de euros en su primer fin de semana, convirtiéndose en el segundo mejor estreno español de los últimos diez años. Una historia sobre deseo queer, represión, memoria y la herencia de Lorca ha conseguido algo que hace no tanto habría parecido improbable.

El mismo país en el que las tiendas de campaña han aparecido en las plazas está llenando las salas para ver una historia sobre personas que, en distintos momentos de nuestra historia, tuvieron que negociar con aquello que podían desear y aquello que podían ser.

Durante buena parte de nuestra historia reciente, muchas de esas historias tuvieron que contarse desde los márgenes. Que una película así encuentre ahora un público tan amplio dice algo sobre cuánto ha cambiado nuestra relación con ellas.

Pero también plantea una pregunta incómoda ahora mismo: ¿de qué sirve ampliar nuestra imaginación sobre quiénes podemos ser si cada vez resulta más difícil imaginar dónde podemos vivir?

Podemos hacer una película sobre deseo, libertad e identidad y convertirla en un fenómeno de masas. Podemos conseguir que una historia de amor queer ocupe las conversaciones de medio país. Y, al mismo tiempo, hay jóvenes trabajadores acampando en las calles y luchando por poder acceder a una vivienda.

Nos hemos vuelto extraordinariamente buenos imaginando la libertad. La bola negra habla precisamente de eso: de personas que quieren poder desear, amar y decidir quiénes son. Somos bastante peores construyendo las condiciones materiales para que esa libertad pueda existir.

Porque también hay libertad en independizarse, formar una familia, quedarse en la ciudad donde trabajas o simplemente conseguir que tu sueldo no desaparezca cada mes entre las paredes de un piso que nunca será tuyo.

Y entonces llega el final de septiembre. Un Gobierno intentando sacar adelante sus decretos de vivienda en un Congreso donde cada voto cuenta y una película queer llenando las salas. Fuera, las tiendas de campaña siguen en las plazas. Dentro, las colas del cine.

Una historia habla de la libertad de desear. La otra, de la libertad de permanecer.

Septiembre termina con una película sobre personas que durante décadas no pudieron decir exactamente quiénes eran y con miles de personas en la calle diciendo algo mucho más sencillo: no podemos pagar donde vivimos.

Y fuera, en Santander, queda una pregunta bastante menos cinematográfica que todas las demás:

Después de imaginar formas de libertad, ¿seremos capaces de permitirnos vivirlas?

Referencias

El Faradio. Santander se une a la acampada como forma de presión para tener un decreto sobre vivienda que evite que haya más Maricarmen. 28 de septiembre de 2026.

Santander se une a la acampada como forma de presión para tener un decreto sobre Vivienda que evite que haya otras Maricarmen

El Debate. El desahucio de Maricarmen, consecuencia de un cambio legal del PSOE. 24 de septiembre de 2026.

https://www.eldebate.com/economia/20260924/desahucio-maricarmen-consecuencia-cambio-legal-psoe_462048.html

El Faradio. Techo, comida y ánimos precarios: y personas sin hogar comparten vecindad en la Porticada. 1 de octubre de 2026.

Techo, comida y ánimos: precarios y personas sin hogar comparten vecindad en la Porticada

El Faradio. El Sindicato de Vivienda lleva al centro de Santander una cena popular para reivindicar el derecho a la vivienda. 28 de septiembre de 2026.

El Sindicato de Vivienda lleva al centro de Santander una cena popular para reivindicar el derecho a la vivienda

Boletín Oficial del Estado. Real Decreto-ley 26/2026, de 29 de septiembre, por el que se adoptan medidas urgentes en materia de vivienda. 29 de septiembre de 2026.

https://www.boe.es/buscar/doc.php?id=BOE-A-2026-20266

ElEconomista. Junts votará en contra de los decretos de vivienda del Gobierno. 1 de octubre de 2026.

https://www.eleconomista.es/vivienda-inmobiliario/noticias/14018179/10/26/junts-votara-en-contra-de-los-decretos-de-vivienda-del-gobierno.html

El Cultural. El fenómeno de La bola negra llena los cines: espectadores y millones de euros en un fin de semana. 28 de septiembre de 2026.

https://www.elespanol.com/el-cultural/cine/20260928/fenomeno-bola-negra-llena-cines-espectadores-millones-euros-fin-semana/1003744400050_0.html

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