La Plaza de la Vivienda se vuelve la Plaza de las Víctimas en recuerdo de Maricarmen y Amparo

La concentración reunió a varios cientos de personas en la plaza Porticada, donde los acampados acababan de reconstruir su campamento tras las intensas lluvias. Entre quienes agitaron sus llaves había personas que han sufrido desahucios, veteranos de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca y participantes en las últimas movilizaciones multitudinarias de Santander.
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La noticia de la muerte de Maricarmen Abascal pilló a los acampados de la Porticada intentando remontar el campamento tras la tremenda tromba de agua que cayó ayer en Santander. Entre apaños y el shock por quien de alguna forma les había llevado hasta ahí, cuando se consumó su desahucio, convocaron una concentración para este jueves que no sólo recordaba a la mujer madrileña, sino a alguien a quien tienen tan presemte que preside uno de los rincones.
Es Amparo Pérez, la anciana santanderina que murió hace doce años tras una larga y fatigosa lucha contra la expropiación de un superfluo vial que fue una cosa entre alcaldes: el de Santander de entonces, De la Serna, se lo adjudicó a un compañero de partido, PP, José Domingo San Emeterio, ejemplo vivo de la figura del alcalde-constructor cuya firma, COPSESA, se lleva hoy las principales adjudicaciones de la ciudad gracias a la gasolina pública santanderina.
Son días intensos en la Plaza Porticada. Y, pese a la lluvia, el cansancio y las dificultades de mantener una acampada en pleno centro de Santander, el ánimo no parece decaer. En un par de visitas realizadas a lo largo de este juevess he podido comprobar directamente cómo la presencia de los acampados empieza a formar parte de la vida cotidiana de la plaza. Hay personas que se detienen al pasar para animarles a continuar, mujeres que se acercan con alimentos para que puedan desayunar y trabajadores de establecimientos cercanos que les trasladan personalmente su apoyo, mientras ellos, a su vez,, ayudan con desayuno y compañía a las personas sin techo que duermen precisamente en esa plaza. En la acampada, por cierto, ya ha habido hasta celebraciones de cumpleaños, mientras, nuevamente, proyectan hacia los demás, buscando formas de dar visibilidad a otras causas sociales, de vivienda o luchas santanderinas en estos momentos.

 Ese mismo escenario acogió este jueves por la tarde a varios cientos de personas que acudieron a la concentración convocada prácticamente de inmediato tras conocerse la muerte de Maricarmen.

«Maricarmen vive, la lucha sigue». «Amparo vive, la lucha sigue»: Los nombres de Maricarmen Abascal y Amparo Pérez resonaron en una plaza en la que los manifestantes agitaron sus llaves y corearon consignas contra los fondos buitre, el rentismo y el Banco Santander.

Pero entre quienes se agolpaban en la Porticada había muchas personas que saben perfectamente lo que significa enfrentarse a un desahucio: la tensión, el cansancio, la presión previa, la presión del día, la parte pública que podía haber convertido a muchas personas en la última década en una víctima del mercado inmobiliario.

Algunas lo han vivido en sus propias casas. Otras han tenido que acompañar a familiares en ese proceso. Y también estaban quienes, después de conseguir evitar la pérdida de su vivienda, decidieron ayudar a otras personas que atravesaban la misma situación. Ellas, ellos, junto a los primeros portavoces antidesahucios estaban allí este jueves, en la Porticada, junto a vecinos de Peñacastillo que actualmente se enfrentan a la posibilidad de perder sus viviendas por las actuaciones de fondos de inversión.

De modo que la Plaza se convirtió, sin quererlo, en memoria viva de una década entre desahucios, de las hipotecas que tanto alarmaron en la época pos-quinceM –acamparon en ese mismo espacio– a los alquileres que vemos ahora.

Durante la concentración se escucharon consignas contra la presencia de fondos buitre en los barrios y contra quienes convierten las viviendas en una fuente de rentas y beneficios económicos. También se reclamó una huelga de alquileres como herramienta para responder colectivamente a la situación.

Los manifestantes agitaron sus llaves, convirtiendo un objeto cotidiano en un símbolo de la movilización: las llaves de las casas que tienen, de las que estuvieron a punto de perder o de aquellas a las que otras personas ya no pueden regresar.

En el manifiesto leído durante el acto, los convocantes denunciaron lo que consideran la violencia del mercado inmobiliario y utilizaron una de las expresiones más contundentes de la movilización: «Los desahucios son asesinatos».

 

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