Otra ‘Amparo’ que nos deja
Desde el principio sonaba a una historia que ya habíamos escuchado. Una mujer de avanzada edad, 87 años, sucesivos intentos de desahucio hasta que se produjo de verdad. Esta vez era una historia que llegaba desde Madrid, la de Maricarmen Abascal. Pero quienes estuvieron pendientes, en su día, de Amparo Pérez, veían un paralelismo muy claro entre esas dos mujeres.
Amparo supuso un hito en la lucha por la vivienda, y más cosas, en Santander. El Ayuntamiento hizo valer su proyecto de construir un vial que uniera la Avenida de los Castros con la S-20. No pararon hasta que consiguieron expulsarla de su casa. Se necesitaba derribar esa casa para ejecutar la obra. Sólo unos días después, Amparo fallecía en el hospital.
Este miércoles nos hemos encontrado con la misma noticia, pero en otro lugar. A Maricarmen han intentado echarla varias veces de su casa. A la cuarta llegó la definitiva, pero la alternativa habitacional fue el Hospital Gregorio Marañón, porque las emociones fueron demasiado fuertes. Si hubiésemos estado en lo peor de la pandemia, quién sabe si le hubiese tocado ese centro hospitalario al lado de su casa u otro más lejano, pero mucho más nuevo. Al no estar en una residencia y que una empresa necesitase el inmueble, seguro que no le hubieran negado el traslado.
En posteriores días llegó la noticia de que el fondo de inversión propietario del piso, Urbagestión, aceptaba un acuerdo para dejar que la vecina del barrio de Retiro volviese a su hogar una vez recibiese el alta hospitalaria. Una forma de rebajar la crispación que les ponía a ellos en la diana y demostrar que se pueden tomar decisiones que no tengan el máximo beneficio económico como única motivación.
Sin embargo, ese alta hospitalaria no ha podido llegar. Maricarmen ha fallecido en el hospital, una noticia que ha tenido un efecto inmediato en la acampada más cercana a esta vecina de Madrid. En la Puerta del Sol se ha hecho el silencio en un principio y han empezado a aparecer un montón de velas para crear una atmósfera de duelo y también de reconocimiento a una mujer que se ha convertido en un caso paradigmático de lo que asociaciones en favor de un derecho real a la vivienda llevan muchos años diciendo, y es que el mercado de la vivienda está en cada vez más manos hambrientas de beneficio, con el Estado defendiendo sus intereses mediante leyes (y fuerzas y cuerpos de seguridad y tribunales) que amparan su derecho por encima del de una ciudadanía que necesita un techo bajo el que vivir y con cada vez menos posibilidades de encontrar un opción que se adecúe a sus bolsillos. Y que los desahucios matan. Maricarmen se acaba de convertir en otra dolorosa prueba de ello. Velas en Sol y también las que han colocado los vecinos de esta mujer a unos pocos metros de su portal.
En las dos semanas que han transcurrido desde el desahucio hasta el fallecimiento, no han faltado las noticias que han buscado desacreditar a Maricarmen. Se ha tratado de buscar cualquier tipo de fallo o de condición favorable a ella en su vivienda para manchar su nombre y tratar de mantener limpio el de los desahuciadores. Es de suponer que, ahora que Maricarmen nos ha dejado, cesará la inmundicia informativa contra una persona que difícilmente podía ser parte del problema.
«Maricarmen vive, la lucha sigue» ha sido una de las frases que han resonado en Madrid, junto al Congreso de los Diputados, adonde se han desplazado numerosas personas al conocer la noticia. De nuevo, un numeroso grupo de activistas, sin un atisbo de violencia, que simplemente protesta porque las cosas deben de cambiar para que tener una casa a la que volver desde el trabajo, de recoger a las niñas en el colegio, de visitar a la tía que más te mimó cuando eras pequeño o de echar una mano en el centro cívico de tu barrio no sea un privilegio de una parte de la ciudadanía.
La política ha hecho esfuerzos en estas dos semanas para hacer movimientos en una dirección que alumbre alguna esperanza, pero son insuficientes y hechos deprisa y corriendo. Los desahucios no empezaron con Maricarmen. La crisis económica y financiera empezó hace prácticamente dos décadas y las noticias de los desahucios han sido un goteo que nadie ha sabido frenar. La banca ha tenido muchas mejores oportunidades para crecer y reconvertirse, algunos cambiando su cara y creando fondos de inversión para ocultar su parte más oscura, o acudiendo a otros fondos ya existentes para ir limpiando sus balances y tener una cara y una piel con mucho mejor aspecto y aparentar una limpieza que les premia en lo especulativo y les da un poder que pueden utilizar con los débiles, con quienes no tuvieron más remedio que quedar a merced de esas entidades financieras para poder seguir en su hogar. Cada vez que la cuerda se rompe, lo hace a favor de los fuertes.
No se sabe si este movimiento será duradero, si cosechará éxitos (el 11 de noviembre habrá huelga general), si tendrá algún tipo de importancia en la campaña electoral que está a la vuelta de la esquina… Lo que sí sabemos es que Amparo falleció en medio de una lucha desigual, donde tenía todas las de perder, y que a Maricarmen le ha pasado exactamente lo mismo. Cuando los buitres tienen hambre, necesitan que los acontecimientos se precipiten para llegar al resultado que más les conviene. Quizá la sociedad podría reflexionar sobre qué es la violencia y quién está más acostumbrado a ejercitarla.
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