«Mucha gente dice que Rock contra el fascismo está para censurar y no es verdad, estamos para reeducar»

Este fin de semana llegan las jornadas de Las calles contra el fascismo y Rock contra el fascismo, con libro y documental sobre movimientos musicales antifascistas en Reino Unido, el sábado en La Vorágine, y concierto de Nel Tardíu y Midriasis, el domingo en el Rock Beer The New.
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Dos de los miembros iniciales de Rock contra el fascismo son el periodista Mariano Muniesa y el cantante Óscar Sancho, de Lujuria. Ambos pasarán por Santander para hablar de cultura y de antifascismo este fin de semana.

La cultura se arma frente al fascismo con unas jornadas este fin de semana en Santander

Ambos reflejan el espíritu de esta asociación en una entrevista conjunta con EL FARADIO. Mandan un mensaje de preocupación por el auge que están tomando mensajes ligados con grupos de ultraderecha. Muniesa manifiesta que «la ofensiva del fascismo, sobre todo a nivel mediático, tanto a través de redes como a través de determinados medios que les blanquean y más o menos les permiten hacer su labor, es enorme, con lo cual tenemos que dar una respuesta desde los medios, que defendemos valores democráticos y valores solidarios y valores progresistas».

Sancho también se muestra preocupado, pero no están por la labor de arrojar la toalla. El cantante cree en el poder de reeducar y recuperar a personas que hayan caído en discursos de odio o en apoyar a líderes ultraderechistas. A Rock contra el fascismo, dice, les han acusado de querer «censurar» a otros, pero defiende que «no es verdad».

El libro ‘Arde Babilonia’ y el documental ‘White riot’ ponen luz sobre hecho acaecidos en el Reino Unido cuando surgió una reacción, hace medio siglo, ante determinadas actitudes o declaraciones de músicos que blanqueaban a la ultraderecha, y cómo desde el propio rock se defendió que no se podía ir por ese camino. El movimiento ‘Rock against racism’ supuso una bandera de la organización social y cultural para evitar que un partido de extrema derecha llegara hasta el Parlamento británico.

En esas está ahora Rock contra el fascismo. Por cierto, este sábado celebrarán su primera asamblea presencial, después de muchos encuentros virtuales. Y Sancho refleja que les han acusado de ser un ‘chiringuito’ de la izquierda, pero defiende que viven únicamente «con las cuotas de las afiliadas y los afiliados y jamás vamos a solicitar» subvenciones.

Lo que también desean ensalzar es que empezaron siendo seis personas y ya se les han unido 1.500 bandas de música. Por eso creen que esta asociación puede ser también «una red de acogida y una red de apoyo, para que esta gente también organicemos festivales alternativos como hicieron ‘Rock Against Racism’ en Inglaterra, que seamos una red capaz de dar un apoyo a los músicos para que no tengan que estar con el canguelo, decir ‘no, es que si toco en un festival de rock contra el fascismo, o si toco para una organización de izquierda, o toco para Palestina, no me van a contratar los ayuntamientos’. Bueno, pues que no te contraten», reflexiona Muniesa. La idea es que pueda caber la opción de generar espacios y oportunidades para celebrar conciertos y festivales que se alejen de los discursos de odio o del genocidio en Gaza, por poner un ejemplo reciente con los festivales que dependen de empresas ligadas con Israel y su aparato militar.

Muniesa defiende que las bandas deben mojarse y no entrar en un terreno apolítico, porque «todos estamos involucrados, queramos o no, en la política», aunque entiende la problemática a la que se enfrentan bandas que tendrían que renunciar a muchas de sus actividades por esa relación de eventos con empresas de discutible gusto. Sancho, además, piensa en el público de esos eventos, que se convierte en juez al criticar a bandas por no renunciar a un concierto, pero «cuando la pelota llega a su tejado no da el siguiente paso». Lo que sucede es que se ponen a la venta los abonos del festival de turno y se agotan con velocidad.

Y luego están los festivales como el Galerna Fest, que se ha organizado varios años en Santander. Sancho cuenta que, cuando detectan un evento de ese tipo, se ponen en contacto con las autoridades autonómicas y municipales y «les decimos que, aparte de que se está transmitiendo mensaje de odio, tienen la obligación de comprobar que han cotizado en Hacienda, todas las tiendas de entradas están selladas, que cumplen la normativa de ruido y por lo tanto les tienen que informar donde se va a hacer y hacen dejación de funciones».

Muniesa denuncia que esto es «muy característico del fascismo contemporáneo que es la apropiación del lenguaje y la apropiación de determinados elementos culturales en favor de sus propios intereses cuando son total y absolutamente contrarios. Es decir, ahora mismo el fascismo pretende entrar en el mundo del rock y pretende ser un lenguaje para los rockeros y pretende moverse ahí con naturalidad».

Aunque los organizadores de estos festivales sepan plantear los eventos para que se puedan celebrar, el periodista dice que, «lo que sí se puede hacer es una cosa que es aplicar el código penal y el código penal establece muy claramente que determinadas actitudes y determinados comportamientos son alteración del orden público, son incitación al odio y suponen una serie de características que están perseguidas por la ley».

Sancho piensa, precisamente, que Rock contra el fascismo «tiene que significar un poco de pedagogía», para alertar correctamente de lo que significa el fascismo, qué tiene realmente detrás y en qué otras luchas se puede hacer una unidad para mejorar otras cosas.

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