Árbol de navidad de Cartes

Cartes debate si puede asumir un aumento del 0,34 % de su población tras presumir de 117.000 visitantes con su árbol de Navidad gigante

La llegada de una veintena de menores extranjeros no acompañados ha encendido un extraño debate sobre si el municipio, con casi 6.000 habitantes, tiene capacidad de acogerles
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El Ayuntamiento de Cartes ha abierto esta semana un insólito debate público sobre su capacidad de acogida de población: estos días, hemos escuchado a representantes municipales plantearse si hay colegios o equipamientos públicos en general, para concluir que no, que el pueblo, con casi 6.000 habitantes, no los tiene y ahí no se dan las condiciones para la plena inclusión de quienes van a llegar.

Más allá de lo extraño que suena que de repente un municipio presuma de no tener dotaciones suficientes –mucho más en un municipio en el que muchos de sus vecinos hacen vida comarcal, yendo a trabajar a otros núcleos como Torrelavega, o a estudiar a Cabezón o Torrelavega, al hospital a Sierrallana, etc–, a alguien que no conociera mucho el asunto le parecería que se está hablando de un grupo importante de población.

Son 20 los jóvenes que llegarán a Cartes, y que suponen un 0,34% de la dimensión actual de la población local, que se sitúa en torno a los 5.800 habitantes.

Si bien estos nuevos vecinos tienen la particularidad de que proceden de otros países. Son lo que en la administración se llaman menores extranjeros no acompañados (por sus siglas, MENAs, niños, adolescentes o jóvenes que no tienen familia aquí y que pasan, como cualquier menor de edad y en cumplimiento de los compromisos legales de Cantabria y España, a depender de la administración, bien de forma directa o bien a través de entidades y organizaciones del sector social que cuentan, evidentemente, con profesionales formados y especializados).

Es un proceso en que se ha hecho todo mal: el mismo Gobierno de Cantabria que se queja de las imposiciones del Ejecutivo central no informó previamente de esta decisión y ha evidenciado un uso como estrategia –en la que el Ayuntamiento ha caído–, y el Consistorio, sintiendo presión vecinal, se ha posicionado en contra, llegando a calificar la decisión como un «castigo» (en unas declaraciones que luego intentó matizar).

Ni castigo ni estrategia

La falta de información siempre lleva a la desinformación, y en este caso lo dramático es que se lleva años haciendo un trabajo previo, organizado, meticuloso, machacón y financiado para inocularla, presentando a los jóvenes migrantes como violentos por sistema y destinados a vivir de las ayudas públicas.

La realidad es la que es: en Cantabria no constan (ni siquiera por parte de los partidos más abiertamente racistas o xenófobos) referencias a violencia asociada a jóvenes como estos que, evidentemente, no es la primera vez que llegan; y quienes trabajan con ellos saben de sobra cómo se forman para incorporarse cuanto antes al mercado laboral, muchas veces estudiando y trabajando a la vez, presentando unas altas tasas de inserción laboral en cuanto llegan a la mayoría de edad y dejan de depender de la administración.

CUANDO SE HACE GALA DE NO TENER SERVICIOS

Lo que más sorprende en el caso es la inédita reflexión sobre la capacidad de absorción de gente por parte de los servicios públicos locales –que, insistimos, obvian la fuerte presencia de lo comarcal en esa zona de Cantabria–.

Y no sólo porque vaya acompañada de una renuncia a tenerlos: el Ayuntamiento se ha quedado en decir que no hay suficientes centros educativos en lugar de pedirlos. Es un mensaje que no es consciente de que está trasladando no sólo sobre la veintena de jóvenes a los que no quiere, sino también a cualquier familia que quiera irse a vivir al municipio y ahora esté descubriendo, por boca de los propios responsables municipales, que se van a un sitio sin dotaciones. Si ahora mismo se estuviera construyndo una urbanización de diez casas en las que vivieran familias con dos hijos cada una, supondrían exactamente el mismo número de menores que los que van a llegar ahora. Tampoco tendrían servicios, es lo que dice el Consistorio.

CUANDO LAS MASAS DE VERDAD NO IMPORTABAN

Lo más llamativo es que esta reflexión (sic) se haga en tiempos de turistificación extrema como la que vive Cantabria en los últimos años, en los que todo municipio que puede pelea por atraer a más turistas confiando en el impacto económico sobre los negocios del sector servicios y otros asociados tipo comercio –como si estos nuevos vecinos de Cartes no fueran a consumir, lo único que importa, en el municipio– sin más reflexión sobre la dimensón de los servicios que la que han realizado colectivos sociales o ecologistas.

A ese juego se entregó también Cartes, por supuesto, con bazas bien jugadas como su patrimonio arquitectónico («la villa de los torreones» que le da una estética medieval), su tamaño manejable y su centralidad territorial.

De hecho, el verano debió parecerlo poco al anterior alcalde –al que también pe debió parecer poco el propio municipio, ya que ahora aspira a Torrelavega–porque si algo se le puede reconocer al Ayuntamiento es su carácter pionero en ver en Cantabria el potencial turístico de las navidades: si Vigo llamó la atención con sus desproporcionadas luces –y le cundió turísticamente–, Cartes se lanzó hace dos inviernos –este fue más modesto– al árbol –en realidad una estructura metálica– gigante.

Las navidades siempre fueron una plaza comercial y se convivía con ello, pero la pelea turística –materializada en los constantes anuncios sobre mercadillos o en la curiosa pelea en cartelería urbana cruzada entre Santander y Bilbao — las aleja cada vez más del valor familiar o religiosa que teóricamente invocan los partidos más conservadores y tradicionalistas.

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El caso es que a Cartes le cundió lo del ‘árbol’ gigante (65 metros de altura, 40 toneladas, 24.000 luces led) que convirtió a todo tipo de medios, atraídos por el valor de la anédcota, en publicistas del municipio, tanto a nivel de Cantabria como fuera (en el convulso Pleno del viernes, todavía se escuchaba a una señora quejarse de que Cartes va a ser conocido por acoger a estos jóvenes tras no ser conocido antes, en lo que no dejaba de ser una sorprendente confesión de no haber estado muy atenta a todo lo que se publicó hace dos navidades).

Aunque no haya podido repetir con el andamio gigante y este año optado por otra solución llamativa (el papa Noel volador), en cualquier caso el movimiento le valió para situarse en la competitivad turística navideña, adelantándose en un año a cuando esa dinámica se salió de madre.

Le cundió, decimos: el propio Consistorio presumió de haber recibido esas navidades 117.000 visitantes, entre el 5 de diciembre y el 5 de enero de aquella navidad. 15.ooo de ellos, el día de la inauguración.

Evidentemente, Cartes no estuvo preparado, como reflejaron los atascos de ese día y los siguientes, ni siquiera en la propia oferta turística (hoteles, casas rurales, restaurantes…), ya que tanto los viajeros de la propia Cantabria en busca de novedad navideña como los turistas que aprovechan esos días para moverse no siempre encontraron sitio en Cartes y acabaron repercutiendo en otros municipios cercanos que no habían hecho esa inversión económica. Todo esto sin entrar en las consideraciones ambientales que supone el tráfico o la profusión de luces y que tampoco parecían ser imprescindibles para la celebración navideña, como prueba la existencia de navidades antes del árbol gigante y después.

Demasiados datos, lo sabemos: A estas alturas, la realidad ya da igual, a la vista de las reacciones de algunos vecinos en el pleno municipal. Y el resultado de la frivolidad decisioria de unos, de la falta de reflejos y valores de otros, y de la engrasadísima campaña de odio es este señalamiento alejado de la realidad. Es ese caldo de cultivo tóxico para su llegada que llevará a que tendrán que hacerlo con dispositvo de seguridad porque, cada cual, también el vecino a título particular que haya participado, que vea la parte de responsabilidad que tiene en el hecho de que, en estos momentos el riesgo de sufrir violencia, que es lo que hay siempre al final del camino del odio, en realidad lo tengan ellos.

 

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