El Banco de los deseos y la ciudad hada madrina
Había una vez una ciudad en la que alguién deseó un espacio frente al mar para un equipamiento cultural. Hágase: el Puerto renunció a sus terrenos y el Ayuntamiento puso a su servicio los Jardines de Pereda. En la misma urbe, la construcción de unas escolleras justificadas para evitar la pérdida de arena permitió sacar de una finca privada a pie de playa un camino que era público. No hay que irse muy lejos: en la capital cántabra, alguien siguió necesitando espacio para un nuevo equipamiento cultural y acabó sacrificando el lugar por el que pasaban los peatones o líneas de autobús tan populares como el 5c2. Nunca faltan hadas madrinas y los deseos siempre se cumplen cuando quien lo susurra es el Banco Santander, un gigante financiero que se alzó global gracias a las lecciones aprendidas en casa desde que compró a su competencia, el Mercantil (hoy, una de su oficinas más céntricas, la que alberga uno de sus espacios de oficina aspiracionales). Los duendes mágicos, esos son los mejores, se adelantan a las peticiones y despejan la zona de elementos molestos. Son generosos: ayudaron a sus vecinos de enfrente con una venta de terrenos para la que, pide otro deseo –tres es un límite que por aquí no funciona– hubo que cambiar alguna norma. Se hicieron hasta con su festival de cine, ya que en cualquier caso tenían su propia productora con la que pudieran contar su versión del descubrimiento de Altamira.
El equipo de Gobierno de Santander, un PP instalado desde hace décadas que gracias a la red de apellidos y compañeros de clase no se ve a sí mismo muy distante de la gestión municipal durante la dictadura franquista, es tan consciente de la hiperpresencia del Banco a su alrededor que en sus propios documentos oficiales, en la imagen de la ciudad, tiene que dejar claro cuando habla que es Santander Ciudad, para distinguirse del Santander Banco (no nos imaginamos un membrete que pusiera Santander Pueblo, cuando lo cierto es que aquí los seguimos teniendo).
A todo eso llevan un tiempo dándole vueltas desde Extinction Rebellion, colectivo juvenil que emplea las herramientas de la desobediencia civil para denunciar la crisis climática: en estos años les hemos visto alguna campaña en la que recuerda el papel del Banco a la hora de financiar expolios energéticos o acciones de guerra.
Santander es ella, la ciudad, y no él, el banco. Es la frase que resume esta reflexión, en la que vienen trabajando en una serie de talleres para elaborar materiales que la plasmen. Tras el primero, en La Libre -del que ya han surgido carteles que nos hemos tropezado por las calles–, esta semana hay una nueva cita, previa inscripción, en la librería y espacio de cultura crítica La Voráfgine (Cisneros, 69), el miércoles a las 19.30 horas.
Desde Extinction recuerdan que, más allá del relato del gestor cultural con el que pretende revestirse, estamos ante «uno de los mayores financiadores privados de la crisis climática» y «uUno de los mayores inversores europeos en armamento y guerras». Por eso preparan esta iniciativa, que es una forma de reivindicar el nombre de la ciudad y de «explorar desde lo personal diferentes sentires de la ciudad y contraponerlo a los aspectos más oscuros del banco Santander». «¿Merece quedarse el nombre? ¿Qué hace con nuestro dinero, lo merece?». Son las preguntas a las que se quiere responder con fanzines, carteles o pegatinas.
DE LA OTAN AL SURREALISMO
La agenda de La Vorágine para la semana incluye reflexiones sobre el 40 aniversario del referéndum sobre la permanencia de España en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y la presentación de una antología dedicada a mujeres poetas vinculadas al surrealismo.
Así, , el jueves 12 de marzo a las 19.30 horas tendrá lugar la charla ‘Luchas pasadas que son presentes. 40 aniversario del referéndum de la OTAN’, organizada junto a la Asamblea contra el Rearme y la Militarización, colectivo pacifista que trabaja contra el incremento del gasto militar y la presencia de estructuras militares internacionales.
La actividad propone revisar el contexto histórico del referéndum celebrado en 1986 sobre la permanencia de España en la OTAN. Según los organizadores, aquella consulta se produjo tras la presión de los movimientos pacifistas y antimilitaristas que reclamaban una decisión democrática sobre la continuidad del país en la alianza militar.
Durante el encuentro se repasarán las movilizaciones sociales que se desarrollaron durante la década de los años 80 y el papel que desempeñaron los colectivos anti-OTAN en Cantabria. Además, se abordarán las formas de organización y movilización que caracterizaron a aquel movimiento social.
En este sentido, la charla también pretende poner en relación aquella experiencia con el contexto internacional actual. Los organizadores señalan que conflictos como la guerra de Ucrania han reactivado el debate sobre el papel de la OTAN y el aumento del gasto militar, además de impulsar nuevas incorporaciones a la alianza por parte de países tradicionalmente neutrales como Suecia y Finlandia.
El encuentro abrirá igualmente un espacio de intervención para personas que participaron en el movimiento antimilitarista en Cantabria durante los años 80.
La programación de la semana concluirá el viernes 13 de marzo con la presentación del libro ‘La llama ebria. Antología de mujeres poetas del surrealismo’, publicado por Bartleby Editores y Ediciones de La Torre Magnética.
La obra está coordinada y prologada por Lurdes Martínez, que participará en el acto junto al escritor y collagista Vicente Gutiérrez Escudero, ambos miembros del Grupo Surrealista de Madrid. La antología reúne textos de autoras vinculadas al surrealismo y ha sido traducida por Eugenio Castro y Jesús García Rodríguez.
El surrealismo fue un movimiento artístico y literario surgido en la década de los años veinte del siglo XX que buscó explorar el inconsciente, la imaginación y la ruptura con las convenciones estéticas. Sin embargo, diversos estudios literarios han señalado que la presencia de mujeres creadoras en el movimiento quedó en muchas ocasiones relegada en los relatos históricos.
En este sentido, la antología propone recuperar la obra de distintas poetas vinculadas al surrealismo y contribuir a visibilizar su aportación dentro de este movimiento cultural.
El acto concluirá con la lectura de una selección de poemas incluidos en el libro a cargo de las poetas cántabras Dori Campos y Nieves Álvarez, además de la propia Lurdes Martínez.
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