«No tengo mucha fe en el Partido Demócrata, tengo más fe en la resistencia desde abajo»
Vivimos días en que se vuelve a hablar de violencia política en Estados Unidos. Mark Bray sabe muy bien lo que significa eso. En 2017 publicó ‘Antifa: el manuel antifascista’, que fue editado en España por la editorial Capitán Swing. En aquel momento ya sufrió amenazas, pero no se sintió en verdadero peligro y las aguas volvieron a su cauce, más o menos. Sin embargo, tras el asesinato del ultraderechista Charlie Kirk en septiembre de 2025, se trató de vincularle con el movimiento Antifa, del que se decía, desde los círculos próximos al movimiento MAGA (Make America Great Again) y a Donald Trump, que era una organización terrorista. Entonces, las amenazas reaparecieron e incluían, en algunos casos, la dirección de su domicilio e información sobre su familia. Todo cambió y decidieron salir del país con dirección España, donde Bray ya había estado en otras ocasiones, por ejemplo, trabajando en su tesis doctoral, que se basaba en los atentados anarquistas de finales del siglo XIX y principios del XX.
Gracias a esas visitas anteriores conoció al periodista Miquel Ramos, que le ayudó con alguna de las presentaciones que hizo de su libro, ya traducido al castellano. Bray habla de Ramos como de un compañero, y esa unión les trae este sábado a la Asociación Cultural Octubre de Torrelavega, para tener una conversación sobre estos tiempos cambiantes donde los discursos de odio se han convertido en un menú diario que se nos ofrece a través de los medios de comunicación, las redes sociales o la misma calle.
Aunque Estados Unidos y España no estén en el mismo plano, Bray sí que ve similitudes entre la ola ultraderechista que se vive en su país y el discurso que hace aquí Vox e incluso el Partido Popular, dice en una entrevista concedida a EL FARADIO.
Ve varias razones que explican este auge de la ultraderecha en el país norteamericano, pero señala especialmente «el fracaso del proyecto antirracista». Hubo consenso entre demócratas y republicanos tras la época de la lucha por los derechos civiles, allá por los años 60 del siglo pasado, pero eso es algo que ha terminado. Se cerró el problema en falso y ahora estamos en una pantalla distinta. Refleja Bray que tener a Barack Obama como presidente durante ocho años ayudó a que hubiera una reacción ante quienes querían hablar del racismo como un problema que seguía presente en la sociedad estadounidense.
Al historiador le preocupa que en Europa también tenemos que trabajar con esta cuestión. «Se necesita hablar sobre preguntas de identidad, el papel de raza, cultura, religión, y todos los países de Europa tienen problemas con eso y tienen problemas con la continuidad de perspectivas racistas», argumenta. Y esa problemática no se queda ahí, sino que se extiende a una oposición frontar respecto al feminismo o personas LGTBIQ+, por ejemplo.
Para él, lo que hay detrás de esto es que los poderosos piensan que su poder y sus privilegios son tan frágiles que incluso algo simbólico como tener un presidente afroamericano en Estados Unidos «puede ser entendido como una amenaza existencial para gente así».
De Trump dice que «sólo quiere poder, dinero, fama, y el resto es una pregunta de qué opción política sería más útil para sus fines». Distingue entre sus dos mandatos en la Casa Blanca porque, en su primer Gobierno había muchos conservadores tradicionales. Eso cambió tras el intento de golpe de Estado que promovió el 6 de enero de 2020, el día del asalto al Capitolio, cuando estaba a punto de abandonar el poder, sustituido por Joe Biden. Ahora se ha rodeado de amigos suyos, de personas «que van a hacer lo que quiere Trump». De esta forma tiene menos oposición y marca mejor la agenda, hablando de que los gobernantes son corruptos y él va a cambiar eso.
Nos encontramos, pues, ante un momento en que ya no se reconocen ni las mejores ni las más viejas alianzas. Bray describe la trayectoria de Estados Unidos, tras la II Guerra Mundial, como un imperio que ejercía «poder fuerte y poder suave a través de instituciones, alianzas», dependiendo de lo que fuera más conveniente. Aunque el profesor se opone a lo que ha sido el imperio estadounidense, lamenta que Trump llegó «sin entender nada de eso, con una perspectiva de un líder de una empresa enorme, como un ejecutivo, y todo el mundo es una empresa para él».
Por todo esto, Bray no tiene una respuesta para lo que podemos esperar de Trump de ahora en adelante, pero teme que «su pérdida de apoyo en las encuestas puedan moverle en una dirección más peligrosa». Por ejemplo, en la guerra de Irán, o atacando Cuba u otro país. En noviembre hay elecciones de mitad de mandato, en las que no se presenta Trump, pero si se renueva el Congreso y un tercio del Senado, y podría darle una vuelta de tuerca a sus prácticas autoritarias con argumentos como que no es un buen momento para hacer elecciones, por ejemplo. «No estoy seguro que va a pasar», resume Bray. Aunque hay divisiones en su partido o en el movimiento MAGA y hay quienes ya le critican abiertamente, puede que no sea suficiente para detener al presidente estadounidense.
Resistencia desde abajo
Cabe la posibilidad de que el Partido Demócrata consiga una victoria electoral en noviembre, pero eso tampoco alimenta mucho las esperanzas de Bray. «Los líderes del partido demócrata tienen más miedo del ala izquierda de su propio partido que de los fascistas, tienen más miedo a estudiantes pro-palestinas que a Donald Trump», dado que siempre han sido un partido proisraelí, y por eso no terminan de oponerse a la guerra que libra su país en Irán.
Además, explica que no funcionan como un partido de oposición como se hace en Europa, sino que buscan posturas de consenso y no sirven de auténtico freno a la acción de Trump. Sin embargo, Bray cree que «si quieren mantener un sistema electoral tienen que hacer algo».
El historiador reconoce que «no tengo mucha fe en ellos, tengo más fe en la resistencia desde abajo, por ejemplo con el movimiento anti-ICE en ciudades como Minneapolis, resistencia y organizaciones de autodefensa comunitaria basadas en redes de apoyo mutuo y solidaridad». Mientras el actual presidente va destruyendo cosas, ve probable que «en 10 años los líderes demócratas, cuando nuestro estado de bienestar esté en peor condición, van a decir es la culpa de Donald Trump y que alguien deberá hacer algo», cuando la responsabilidad de hacerlo será de ese partido.
Su libro de 2017 fijaba conceptos para oponerse a una ola autoritaria como la actual, y ahora Bray va camino de terminar otro ejemplar que no supone una continuación, una segunda parte, pero es una colección de ensayos, algunos de los cuales sí que abordan la cuestión de cómo poder hacer frente a lo que sucede hoy en día respecto a las ideas y las políticas fascistas. «Es algo un poco más creativo y también tiene unos ensayos sobre mi experiencia como judío antisionista en este contexto del fascismo nuevo y el genocidio en Gaza», refiere.
Bray dice que sí se está produciendo una reacción dentro del activismo antifascista en Estados Unidos, está habiendo protestas en numerosas ciudades, y cree que es algo que debe seguir creciendo en poblaciones y barrios donde haya población migrante, personas de clase obrera y activistas, porque, con el camino que lleva la política estadounidense, «no podemos esperar», advierte.
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