LA ENERGÍA DEL CAMBIO

«Hemos sufrido un acto total de piratería que se salta todas las leyes internacionales del mar y de los derechos humanos»

Inés Madrazo Delgado ha regresado hace unos pocos días de su travesía con la Global Sumud Flotilla que iba rumbo a Gaza. Nos cuenta su terrible experiencia, tras ser abordado su barco y muchos otros por el ejército israelí en 'La energía del cambio, la sección en colaboración con Solabria, la cooperativa de energías renovables de Cantabria
Tiempo de lectura: 7 min

De nuevo, decenas de embarcaciones se han puesto en marcha en el Mar Mediterráneo para tratar de llevar ayuda humanitaria hasta Gaza. Pero la intercepción de barcos se ha producido mucho más lejos de las costas gazatíes que el año pasado, cuando se quedaron cerca del objetivo. Esta vez estaban cerca de Grecia cuando al menos 22 de los veleros han sido abordados por el ejército israelí.

Una de las personas que ha sufrido esta experiencia se llama Inés Madrazo Delgado. Es cántabra, aunque lleva más de una década viviendo en Talavera de la Reina (Toledo). Afortunadamente, ya ha podido volver a casa, pero lamenta que todavía no han podido volver todos los activistas interceptados en la mar. Dice que poco a poco se va recuperando, si bien admite que se ha visto sometida a una situación de máximo estrés.

Habían recibido una formación de la Global Sumud Flotilla para estar preparados para saber cómo reaccionar en ese momento. Sin embargo, la intervención de las fuerzas armadas israelíes les pilló por sorpresa. Estaban a más de 600 millas náuticas, más de 1.000 kilómetros, de Gaza. No esperaban ser atacados tan pronto.

El pasado 29 de abril, al anochecer, empezaron a ver drones sobre los barcos. «Eso ya nos alertó mucho y nos preocupó porque pensábamos que íbamos a recibir algún tipo de explosivo o algún ataque del dron. En ese momento nosotros llevamos un coordinador en el barco que empieza a preocuparse seriamente y nos indica que nos metamos todos dentro del barco por si lanzaban algún explosivo», relata en una entrevista concedida a EL FARADIO.

Después de eso ya se les acercaron lanchas del ejército israelí, que se identificaron «como las fuerzas de ocupación israelí, pero hasta en ese momento nosotros teníamos dudas de que realmente fuera Israel porque nos parecía inverosímil que Israel estuviera atentando contra nosotros en las aguas de Grecia». Ahí ya empezaron a temer de verdad.

Cuenta esta activista que empezaron a apuntar a la cabeza al capitán del barco con un láser y les ordenaron colocarse en la proa del barco y que esperaran allí. Se marcharon y pasó un buen rato en que no sabían muy bien que hacer, tiempo que aprovecharon para comunicarse con sus familias y con los otros barcos para contar lo que estaba sucediendo.

Una vez que los militares iban a proceder al abordaje, se deshicieron de todos los dispositivos. Pensaban dejarlos en la isla griega de Creta, pero no tuvieron la oportunidad de llegar hasta allí.

Inés explica que las fuerzas armadas subieron a su barco «de forma muy agresiva, muy violenta». Les obligaron a arrodillarse y colocarse en la proa del barco, trataron de identificar al capitán y después destrozaron la embarcación, sobre todo los símbolos palestinos y rajar las velas. Y después los llevaron hasta un buque de la marina israelí. Ahí empezó lo peor. «No tiene ninguna jurisdicción, es un acto total de piratería que se salta todas las leyes internacionales del mar y de los derechos humanos, pero, como actúan con total impunidad, tuvieron la capacidad de secuestrarnos y de hundir y destrozar la mayoría de los barcos», señala.

Lo del buque lo define Inés como «un campo de concentración a cielo abierto». Contenedores y concertinas, les identifican, les tienen durante horas arrodillados, cacheos, vigilancia permanente y con las armas apuntándoles y «algunos compañeros sufrieron abusos sexuales», asegura.

Ella dice que sufrió «la violencia psicológica que todos sufrimos, sufrimos los maltratos, no dejarnos dormir, echarnos agua para que pasáramos frío, yo tuve que dormir a la intemperie, éramos 180 personas en dos contenedores y medio, no cabíamos dentro de los contenedores, pero a mí no me agredieron físicamente ni sufrí ningún tipo de abuso sexual».

Las consecuencias de ese maltrato fueron que «hubo más de 34 personas que tuvieron que ser trasladadas al hospital, varias de ellas permanecieron durante varios días ingresadas con contusiones cerebrales muy graves, con varias costillas rotas, hombros dislocados, hubo mucha gente que sufrió palizas y ya cuando a mí me evacúan a Turquía, Estambul, la primera noche estuvimos hasta las seis de la mañana en comisaría denunciando con pruebas forenses, nos hicieron pruebas de análisis de orina, de sangre, psiquiátricos, médicos y se hizo el relato de todo lo que había pasado para iniciar una denuncia».

Eso lo pudieron hacer en Turquía porque fue el país que les acogió. Grecia no lo hizo. Inés relata que «Grecia es cómplice directo de Israel, retiene nuestros pasaportes y nos amenaza con detenernos por entrar ilegalmente en su país, cuando no habíamos entrado legalmente, nos habían secuestrado y nos habían dejado allí». Así que travesía por el Mediterráneo, detención legal, traslado a Grecia, amenazas y un vuelo a Turquía para poder denunciar los hechos, porque las personas que no pertenecen al espacio Schengen podían ser detenidas por el Estado griego. La denuncia pretenden elevarla a la Unión Europea. Desde Estambul pudo volver en avión hasta Madrid.

Por qué formar parte de Global Sumud Flotilla

Inés cree que «todos deberíamos seguir hablando de Palestina». La decisión de participar en esta nueva Flotilla hacia Gaza era porque ya no podía «seguir mirando hacia otro lado, me parecía complicidad, me parecía que tenía que hacer algo por participar, por colaborar con la ayuda, la liberación y la autodeterminación de Palestina».

Aún quedan embarcaciones esperando a ver si deciden continuar, y va a salir un barco desde Turquía con personal médico, educativo y de otros sectores para tratar de ayudar a una Gaza desangrada, con servicios públicos que apenas pueden funcionar y con un paisaje muy poblado de edificaciones derruidas. Ayudar a reconstruir es la idea.

Las Flotillas que están en marcha, que no es una sola, aunque la Global Sumud Flotilla es la que tiene integradas más embarcaciones, tratan de abrir un corredor humanitario marítimo. Inés explica que en su barco había medicinas, comida y material escolar, pero abrir ese corredor es el objetivo principal, toda vez que la ayuda humanitaria sigue entrando con cuentagotas en la Franja.

Pese a la experiencia vivida, Inés cree que «no ha sido un fracaso porque uno de nuestros objetivos era volver a poner en foco a Palestina, parece que desde que se declaró un alto el fuego, que es totalmente mentira porque siguen asesinando palestinos todos los días y siguen impidiendo la entrada de ayuda humanitaria, se había dejado de hablar de ello», denuncia.

Y está pensando en subirse a ese barco desde Turquía, aunque ahora mismo, tan poco tiempo después de sufrir ese secuestro y el trato recibido, reconoce que no se ve «capacitada para volver a ser detenida por las fuerzas de ocupación israelí, hemos pasado mucho miedo, obviamente esto no tiene nada que ver con lo que sufren los palestinos en las cárceles, pero nosotros como civiles y personas de a pie hemos pasado mucho miedo, nos han disparado con bombas de sonido, nos han amenazado con matarnos, nos tenían en posturas de rodillas durante horas, hemos pasado miedo y hemos pensado, nos han hecho creer que nos llevaban a Israel y nos han hecho creer que podían matarnos».

Lo mejor que se ha llevado es el abrazo de los suyos al volver a casa, pero no puede evitar pensar en los compañeros que todavía no han vuelto, especialmente los dos activistas apresados y conducidos hasta Israel, Saif y Thiago. Saif es ciudadano hispano-palestino. Tenía pensado bajarse en Creta y no seguir a bordo de la Flotilla, porque su riesgo es más alto. Recientemente, Israel ha aprobado una pena de muerte pensada para palestinos que ese Estado considere que son terroristas, por lo que la preocupación por él es extrema.

Por eso Inés estima que los discursos que se escuchan desde el Gobierno de España no son suficientes «en abosluto». Cree que «tanto el Gobierno de España como el resto de los gobiernos europeos tienen que tomar iniciativas, tienen que aplicar sanciones a Israel, tienen que desvincularse completamente de Israel, tienen que dejar de apoyar a Israel de forma directa o de forma indirecta», más después de los dos últimos años y medio de terror y destrucción que se están produciendo en Gaza.

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