“Queríamos hacer una película desde los palestinos; la cercanía era imprescindible”
“¿Alguna vez en su vida usted ha necesitado hacer algo que en ese momento es lo más importante que tiene que hacer?”. Esa es la pregunta que recordaba nitídiamente la directora cubana de cine Belkis Vega con la que se empeñó en conseguir acudir a los campamentos de refugiados palestinos en el Líbano hace ya más de cuarenta años. «Eso representa para mí lo más importante que tengo que hacer en mi vida ahora», le insistió.
A Belkis Vega, bisnieta y nieta de cántabros, obreros y activos políticamente, le había impactado profundamente el testimonio de una mujer que fue torturada por Israel –y a la que en ‘El camino a la tierra’ le da voz tras esa cautiverio en una entrevista en la que reivindica y se puede ver que todas las torturas, físicas y psicológicas, sufridas, no habían logrado hacer mella en su ánimo de luchar por su pueblo.
‘El camino de la tierra’ es el documental en el que, trabajando como asistente de dirección, contribuyó a plasmar una historia que estaba muy viva –y que refleja que no, la masacre en Palestina no empezó hace tres años, sino que es parte de un proceso histórico que empezó hace más de un siglo, en una complejidad que retrata profusamente la película–.
El pasado viernes vivimos en la Filmoteca una de esas raras ocasiones trascendentales, el privilegio de poder ver en pantalla grande esta película, cuyo rastro –hablamos de un momento en que el cine era un formato físico– se había perdido entre los archivos de Cuba hasta que el año pasado reapareció y se pudo emprender el trabajo de restauración.
Ese día, de la mano de Cine en comunidad, el proyecto de capacitación audiovisual comunitaria que impulsa el realizador cántabro Aitor Sánchez Smith, alumno de la maestra de cineastas que es ya Belkis Vega, con el apoyo de la Coordinadora Cántabra de ONGDs y la colaboración de EL FARADIO, pudimos asistir a la proyección de este trabajo, dirigido por Diego Rodríguez Arché, que ella misma no había visto en ese formato en décadas.
Es una coproducción entre Cuba y la Organización para la Liberación de Palestina (la primera en la que participó esta organización) y retrata la vida cotidiana del pueblo palestino en el Líbano. Y lo hace de cerca, algo que se materializa en primeros planos, tan respetuosos como descarnados, logrando captar las miradas y algo más, la firmeza en el ánimo de quienes sabían que estaban en una lucha histórica que iba más allá de sí mismos.
Grabar tan de cerca supone eso: estar debajo de las bombas, dormir en las tiendas, despertarse de golpe, ver los aviones, asistir a los entrenamientos y escuchar sus voces, explicó la directora, con medio centenar de documentales a sus espaldas, en el coloquio posterior, moderado por el periodista Oscar Allende, director de EL FARADIO.
Esa cercanía, que se refleja en lo visual, en decisones de grabación y montaje, tenía un sentido: “Nosotros realmente queríamos hacer una película desde los palestinos”, afirmó. “La cercanía era imprescindible. No queríamos ser los observadores que llegan allí y filman. Queríamos sentirnos cerca de ellos. Queríamos estar con ellos en los lugares”. Una cercanía que se convierte en empatía: hubo miedo, claro, pero el sentimiento se rebaja al comprobar que lo que para el equipo era algo que pasaba mientras rodaban para el pueblo palestino era su día a día.

Vega recordó que su vínculo con Palestina nació tras escuchar testimonios que la marcaron profundamente. “Es muy impactante, hay que vivirlo, hay que vivirlo”, dijo. “Esta experiencia me marcó un antes y un después en mi vida”. De aquel contacto con el pueblo palestino, añadió, salió “un mayor amor a la vida”, una valoración distinta de lo que significa “tener un país” y la conciencia de lo que supone para “un pueblo al que le ha sido arrancado su país”.
Uno de los aspectos que más le impresionó fue el sentimiento de identidad. “Desde los mayores que nacieron allá hasta las generaciones que ya no pudieron nacer allí, mantienen esa identidad palestina”, explicó. “Los niños pequeños tienen muy claro y muy definido que son palestinos. No importa dónde nacen: son palestinos”, insistía: en la película se entrelazan los entrenamientos militares con los momentos de recuperación cultural, transmitiendo el mensaje de que la defensa y la conservación, la tierra y la cultura, en suma, la identidad, son parte de la misma lucha.
Por eso, el documental incluye poesía, danza y elementos culturales que funcionan como defensa de la memoria colectiva. “Eso es parte de la identidad. Y eso es parte de la defensa de esa identidad también”, explicó. La decisión de incorporar esos materiales nació del propio contacto con la realidad filmada: “Al ver lo importante que era, tenía que ser parte de la historia que contábamos”, describía Belkis Vega, que también recordaba cómo se les dio protagonismo a los niños para que pintaran en cartulinas su realidad. La mayoría dibujó escenas de violencia. “Eso para nosotros también fue muy fuerte”.
El documental incorpora además la palabra de Yasser Arafat, entrevistado en un espacio subterráneo, en un contexto de clandestinidad y guerra. Para Vega era importante que apareciera no solo como líder palestino, sino como alguien capaz de situar la causa palestina en un marco internacional. “Había una claridad muy grande”, recordó. “No solo Palestina, Palestina, sino qué implica esto para el mundo árabe y qué implica también para las fuerzas progresistas del mundo”.
La cineasta relacionó esta experiencia con trabajos posteriores sobre mujeres que filmaron guerras. “En ese momento no había ningún cineasta cubano aparte de mí, mujer, que hubiera estado en conflictos bélicos”, explicó. Más tarde, al realizar una serie sobre cineastas en conflictos armados, se dio cuenta de que faltaban experiencias porque “no estaba la mujer en la guerra”. Por eso acabó haciendo otro documental con periodistas, fotógrafas y cineastas que habían trabajado en escenarios bélicos.
La película conserva el valor de un documento rodado cuando muchos de los testimonios aún estaban cerca de los hechos fundacionales del desplazamiento palestino, pero también dialoga con el presente. “Es duro oír cuando dicen: confiamos en que la revolución triunfará”, reconoció Vega, quien, como el público asistente, constató que «el problema es que tristemente sigue teniendo mucha actualidad». “¿Cuántos años han pasado? Y sigue igual. Y lo siguen masacrando”, concluía.