Tres centros públicos, cien alumnos y una función sobresaliente de ‘Sonrisas y lágrimas’

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Con un lleno absoluto, el pasado viernes, 19 de junio, el Teatro Municipa Concha Espina acogió la puesta en escena del musical ‘Sonrisas y lágrimas’. Una adaptación del original, nacida en el ámbito educativo gracias a la colaboración de tres centros públicos: el IES Manuel Gutiérrez Aragón de Viérnoles, el IES Foramontanos de Cabezón de la Sal y el Conservatorio Profesional de Torrelavega, coordinados por Patricia Terán, también directora de escena, además de profesora de música y jefa de estudios del instituto de Viérnoles.

Nada más comenzar la función, el público tuvo la certeza de iba a presenciar algo que tenía  mucho más de profesional que de actividad escolar. El primer número musical, protagonizado por el coro del Conservatorio Profesional de Música de Torrelavega dirigido por Raúl Suárez, y convertido para la ocasión en coro de monjas, ofreció un inicio emocionante. La calidad vocal, la afinación y la sensibilidad de esa primera escena marcaron el tono de lo que estaba por venir: una propuesta cuidada hasta el último detalle y construida sobre una enorme exigencia artística.

A partir de ese momento, la representación avanzó interrumpida, únicamente, por los aplausos del público, incapaz de contener su entusiasmo tras algunas escenas. La joven estudiante Cynthia Ruiz, encargada de dar vida a la protagonista, asumió el papel con sorprendente madurez escénica. Su calidad vocal resultó evidente desde sus primeras intervenciones. Supo dotar al personaje de María de naturalidad, emoción y credibilidad, sosteniendo con solvencia una obra que exige una gran presencia escénica.

Junto a ella brilló una familia Von Trapp impecablemente construida. Jorge García encarnó al capitán, mientras que los hijos, vestidos por los alumnos de Confección y Moda del IES Foramontanos, estuvieron interpretados por Isabella Gaviria, Claudia Sainz, Olivia Rodríguez, Daniela Cuesta, Valeria Frecaután, Álvaro Cagigas e Ilia Pelayo. Todos ellos demostraron sobre el escenario el resultado de incontables horas de ensayo previas tanto en el plano actoral como musical, con la colaboración de Montserrat Obeso que aportó sus conocimientos en técnica vocal. Igualmente estuvieron geniales la narradora (Laura Trueba), La abadesa (Sara Cabielles), Elsa (Inés Rodríguez)  y Max (Vicente de Casas). No hubo papeles secundarios en esta producción; cada intervención, por pequeña que fuera, evidenciaba un gran trabajo previo.

En su versión libre, la producción integró música en directo, interpretación, canto y también danza, disciplina que estuvo representada por una bailarina profesional y cuatro estudiantes de Bachillerato de Artes del IES Gutiérez Aragón: Celia Robles, Emna Martínez, Estela Saro, Noa Pastor y Miley Pereira. Ellos se encargaron de enriquecer varias escenas con sus acertadas coreografías.

La escenografía fue otro de los grandes aciertos de la propuesta. Lejos de recurrir a grandes decorados físicos, el montaje apostó por una combinación inteligente de elementos mínimos y proyecciones diseñadas específicamente para la ocasión. El resultado fue elegante, dinámico y visualmente muy eficaz. Las imágenes transformaban el espacio escénico con naturalidad, permitiendo que la narración avanzara sin interrupciones y creando atmósferas capaces de transportar al espectador desde los conventos austriacos hasta los paisajes alpinos sin necesidad de complejos cambios de escena. Aquí el trabajo fue de las profesoras Laura Tejedor y Mónica Carballas, unido al diseño de iluminación y proyecciones de Juan Carlos Fernández, profesor ya jubilado del centro y director de la compañía escénica Ruido Interno.

Merece la pena destacar, entre otras, las colaboraciones de alumnos de carpintería del IES Ricardo Bernardo, de Solares, que fabricaron la cama de una de las escenas, así como de Guillermo Odriozola, del departamento de música del IES Gutiérrez Aragón, que construyó una máquina de viento y truenos para acompañar a una de las escenas iniciales. Otros nombres imprescindibles fueron los de Elena Burgueño, regidora profesional, que contó en esta ocasión con el apoyo de Ana López, Guillermo Odriozola y Lucía Saiz.

Pero el resultado no hubiese sido el mismo sin la participación de una orquesta sinfónica. Y aquí los protagonistas fueron los estudiantes del Conservatorio Profesional de Música de Torrelavega que junto con los músicos de la Orquesta AEDEA, dirigida por Paula Bolado, realizaron un trabajo magnífico. Todos juntos, atentos a la batuta de David Cubillas, aportaron profundidad, emoción y una riqueza sonora que elevó notablemente el resultado final.

UN GRAN TRABAJO PREVIO

Más allá de la calidad artística, que fue indiscutible, resulta imposible contemplar este proyecto sin detenerse en todo lo que hay detrás. Porque el verdadero valor de Sonrisas y lágrimas no reside únicamente en el estreno del viernes, sino en todas las jornadas de trabajo previas a la representación.

Durante meses, más de un centenar de estudiantes de distintos centros educativos públicos de Cantabria han dedicado sus recreos, tardes y fines de semana a construir este sueño colectivo. Han ensayado cuando otros descansaban, han ocupado sábados y domingos en perfeccionar coreografías, canciones y escenas. Han renunciado a planes familiares, a encuentros con amigos y, en muchos casos, a competiciones deportivas o actividades de ocio propias de su edad. Lo han hecho movidos por una ilusión compartida y por un compromiso que merece todo el reconocimiento posible.

Ese reconocimiento debe extenderse también a los más de veinticinco profesores y profesionales que han participado en el proyecto. Su labor va mucho más allá de la enseñanza de contenidos. Han sido coordinadores, orientadores, directores artísticos, motivadores y auténticos impulsores de una iniciativa cuya complejidad organizativa resulta difícil de imaginar para quien solo contempla el resultado final. Sin su dedicación, su capacidad para trabajar de manera coordinada y su fe en el potencial de sus alumnos, este espectáculo nunca habría llegado a materializarse.

Y junto a todos ellos merecen un reconocimiento especial las familias. Los padres y madres que durante meses han llevado y recogido a sus hijos de los ensayos, que han reorganizado horarios, que han asumido desplazamientos, gastos y esfuerzos adicionales, que han escuchado una y otra vez las mismas canciones en casa y que, sobre todo, han animado a estos jóvenes a continuar adelante cuando aparecía el cansancio o las dudas. Su papel suele quedar en segundo plano, pero resulta fundamental para que proyectos de esta magnitud puedan salir adelante.

Hay además otro aspecto especialmente valioso. Es muy probable que algunos de esos más de cien jóvenes participantes hayan podido descubrir gracias a esta experiencia cuál puede ser su futuro profesional. Quizá algunos hayan encontrado en la música, la interpretación, la danza o las artes escénicas la vocación que marcará sus vidas. Pero incluso para quienes no se dediquen nunca profesionalmente a este ámbito, el proyecto habrá dejado una huella igualmente importante. Porque muchos habrán encontrado un espacio donde sentirse aceptados, donde desarrollar su creatividad, donde construir amistades y donde comprobar que forman parte de algo más grande que ellos mismos.

En una sociedad que con demasiada frecuencia cuestiona el valor de las enseñanzas artísticas, iniciativas como esta recuerdan su enorme capacidad transformadora. Las artes escénicas no solo forman intérpretes; forman personas. Enseñan disciplina, responsabilidad, trabajo en equipo, empatía, capacidad de superación y confianza en uno mismo. Son herramientas educativas de primer orden.

La representación de Sonrisas y lágrimas fue también una magnífica reivindicación del sistema público de enseñanza. La colaboración entre el Conservatorio Profesional de Música de Torrelavega, el IES Foramontanos de Cabezón de la Sal, el IES Manuel Gutiérrez Aragón de Viérnoles y la Orquesta AEDEA constituye un ejemplo de cómo los centros públicos pueden sumar recursos, conocimientos y talento para desarrollar proyectos de enorme calidad. Frente a quienes reducen la educación a resultados académicos cuantificables, esta iniciativa demuestra que la escuela pública es también un espacio de creación cultural, innovación pedagógica e inclusión social.

La ovación del público reconoció la calidad del espectáculo. Tras los saludos finales, hubo que abrir de nuevo el telón porque los aplausos no cesaban. Las caras de los participantes lo decían todo, pero también la de los asistentes. Imposible disimular. Unos, la satisfacción por el trabajo bien hecho y, los otros, la admiración ante lo que acababan de presenciar. La función comenzó con las emocionadas palabras de bienvenida de Rodolfo Ródenas, director del IES Manuel Gutiérrez Aragón y terminó con una explosión de emoción colectiva.  ‘Sonrisas y lágrimas’ demostró en el Concha Espina la capacidad de una comunidad educativa para soñar en grande y convertir ese sueño en realidad. Fue un gran musical, pero, sobre todo, fue una lección de colaboración, esfuerzo y confianza en el talento de los jóvenes. Y eso, probablemente, es lo más emocionante de todo.

LOS MÚSICOS

Músicos de la orquesta: Violín: Guillermo Serrera, Rodrigo Bustamante, Stefany Belandria, Martín Nogues, Rafael Lazcorreta, Samuel García, Paula Bolado, Miguel Merino, Diego Valle y Gabriela Buitrago. Viola: Gabriela Ortiz, Noa Saiz, Nora Sánchez, Marta Miera y Carmen Romero. Chelo: Miguel Dohijo, Mariela Bringas e Irene Bustamante. Contrabajo: Sofía Aja. Clarinete: Sandra Miñor y Sofía García. Flauta: Carla Duart y Carla Rucandio. Trompa: Sofía Olaya, Carlota Rodríguez y Miren Odriozola. Trompeta: Mateo Cubillas y Diego Franco. Trombón: Víctor Martínez. Tuba:Sara Odriozola. Percusión: Jimena Vázquez, Helena Fernández y Guillermo Odriozola. Piano: Lola Renedo y Juan Francisco Montes. Guitarra: Iker Merinero y David Iván.

Coro del Conservatorio de Torrelavega: Juana Isabel Tirado, María Bolado, Adrián Peña Ceballos, Melibea Díez Heras, Violeta Corona Saiz, Andrea González, Chloe Frade, Patrizia Trueba, Martina Coutinho Sagama, Ana Carrandi Gandarillas, Henar Rubio Gutiérrez, Belén Cantero Muñoz, Yolanda García de Movellán, Teresa Santiago de Rozas, Belén Fernández Díez, Valeria Azofra Calvo, Alicia Fernández Gómez, Eva. Victoria Díaz García, Lucía Jara Gómez, Mateo Prado Enríquez, Inés Díaz López, Beatriz Rodríguez Villamor, Asun Arenal, Raúl Suárez y Claudio López.

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