Una historia auténtica

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En un reportaje publicado el miércoles por Naciones Unidas se confirma que Israel no solo está matando deliberadamente a los niños de Gaza sino también atacando las infraestructuras civiles que sirven para para protegerlos: 20.000 niños muertos. Mas de 40.000 heridos en lo que llevamos de genocidio.

El reportaje recuerda también casos como el de HindRajab asesinada junto a cinco miembros de su familia – y dos paramédicos que se desplazaron hasta el coche donde se encontraba para ayudarla – bajolos 350 tiros de un tanque. O el de un pequeño asesinado con dos disparospor unos soldados que permanecieron a su ladomás de 45 minutos sin dejar que nadie se le acercara y viendo cómo el chiquillo se desangraba hasta morir.

Torturas, violaciones, toda clase de abusos.

En estos últimos tres años he aprendido que la verdad de esta historia de muerte no tiene ni puede tener moraleja alguna porque no instruye, ni alienta la virtud, ni sugiere modelos de comportamiento, ni impide que unos asesinos cometan los mismos crímenes que han cometido siempre.

En cualquier historia de poder asesino, pero sobre todo en una tan auténtica como esta, es difícil separar lo que pasa de lo que parece que pasa. Lo que parece pasar termina convirtiéndose en un acontecimiento en sí mismo y nos vemos obligadas a contarlo de ese modo. Es entonces cuando los ángulos de visión se desvían. Es como  cuando estalla una mina, cierras los ojos y te tiras al suelo (o eso es por lo menos lo que hacen en las películas) y flotas fuera de ti misma. Y algo así ocurre cando mueren niñas como Hind o te llegan fotogramas de cuerpos infantiles destrozados: apartas los ojos y después vuelves a mirar por un instante y vuelves a apartar los ojos y vuelves a mirar…y las imágenes entonces se embrollan porque parpadeas y te pierdes muchas de ellas. Y después, cuando intentas contar lo que pasa siempre hay esa semejanza surreal que para muchos hace que esta historia parezca exagerada o incluso falsa, cuando en realidad representa la verdad pura y dura tal y como ocurre. Tal y como está ocurriendo.

Porque sí, en muchos casos una historia auténtica (como la de este genocidio) resulta increíble y a menudo sucede que lo delirante es verdaderamente auténtico y lo que parecenormal no lo es, aunque lo que parece normal sea a veces necesario para hacerte creer los delirios más increíbles: Niños de 4 y 5 años detenidos, violados en las cárceles, abusados, asesinados para robarles los órganos…

En otros casos, ni siquiera te es posible contar una historia como esta. No te dejan. A veces, simplemente, queda más allá de lo que se puede contar. El horror, es lo que tiene, comunica la sensación de una gran niebla fantasmal, densa y permanente. No hay claridad. Todo se arremolina. Las antiguas reglas ya no son válidas, las antiguas verdades ya no son ciertas. El mal se derrama por todas y cada una de nuestras presunciones. El orden se funde con el caos, el amor con el odio, la fealdad con la belleza, la ley con la anarquía, la civilización con el salvajismo. Las miasmas te envuelven. No puedes distinguir en quá punto te encuentras. Ni a donde has llegado. La precariedad y la ambigüedad son tus únicas certidumbres. Y ya no hay nada que te sirva de consuelo.

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