«Es la época en la que más fotografías se hacen y menos fotografía se hace»
Hablar del grupo Eclipse es hablar de una forma de entender la fotografía que marcó a varias generaciones de aficionados y profesionales en Cantabria. Nacido en 1984 casi por casualidad, durante una conversación en el Bar Lorenzo de la calle Alta de Santander mientras sus fundadores observaban un eclipse de sol con un negativo fotográfico, el colectivo terminó convirtiéndose en un espacio de libertad creativa al margen de las agrupaciones fotográficas tradicionales.
Más de cuatro décadas después, tres de sus integrantes, María Gorbeña, Agustín Arriola y Rafa Casuso, se han reunido para recordar una aventura que comenzó sin estatutos, sin cuotas y sin otra aspiración que compartir una manera distinta de hacer fotografía. Y lo han hecho en una entrevista concedida a EL FARADIO.
Rafa Casuso recuerda que todo empezó cuando él y Manolo Blanco decidieron abandonar los círculos fotográficos más convencionales. «Había mucha norma, mucho protocolo», resume. A partir de aquellas reuniones informales comenzaron a incorporarse otros nombres que más tarde tendrían una trayectoria destacada en la fotografía cántabra, como Pedro Palazuelos, Manolo Charlón, Bernardo Riego, Sabina Jiménez, Araceli Flowers (Casuso remarca que hay que decirlo así) o la propia María Gorbeña.
Lejos de limitarse a intercambiar conocimientos técnicos, Eclipse apostó por sacar la fotografía a la calle. Organizó exposiciones, impartió cursos en la Universidad de Cantabria y llevó a cabo iniciativas poco habituales para la época, como un tendal de fotografías instalado en el Paseo de Pereda que terminó siendo retirado por orden municipal, con la orden dictada de que había de «disolver el tendal».
Aquella forma de entender la fotografía también desembocó en proyectos que rompían con la tradición expositiva local, como una muestra colectiva de desnudos celebrada en la nave de Sotoliva a comienzos de los años noventa, una propuesta que recuerdan como uno de los momentos más impactantes de la trayectoria del grupo.
Para María Gorbeña, la entrada en Eclipse supuso un punto de inflexión personal y creativo. Tras iniciarse de forma autodidacta en el revelado fotográfico, conoció a Casuso durante la entrega de un concurso y aceptó la invitación para acudir un martes al Bar Lorenzo. «Fue la decisión más importante de mi vida», afirma. Allí, explica, comenzó realmente su formación como fotógrafa.
La conversación deriva inevitablemente hacia la evolución de la fotografía en estas cuatro décadas. Los tres coinciden en que la llegada del mundo digital ha democratizado la imagen, pero también ha cambiado profundamente la forma de mirar. Agustín Arriola resume esa transformación con una reflexión que considera vigente desde los tiempos del carrete: «Las fotos se hacen de la frente para atrás y no de la frente para adelante». Con esa idea reivindica que la cámara es únicamente una herramienta y que lo importante continúa siendo la capacidad de observar y construir un relato.
En esa misma línea, lamenta que la facilidad para disparar miles de imágenes haya reducido el tiempo dedicado a pensar cada fotografía. «Es la época en la que más fotografías se hacen y menos fotografía se hace», sostiene.
Durante la conversación recuerdan que, en los años ochenta, cada disparo obligaba a medir la luz, encuadrar con precisión y asumir el coste económico del carrete y el revelado. La incertidumbre formaba parte del proceso hasta que la imagen aparecía lentamente en la cubeta del laboratorio. Ahora, consideran, la inmediatez ha cambiado esa relación con la fotografía.
María Gorbeña reconoce que el teléfono móvil ofrece muchas posibilidades, pero admite que le resulta difícil convivir con la necesidad de fotografiar constantemente cualquier momento cotidiano. Frente a ello, reivindica la fotografía como una forma de expresión más pausada.
El grupo también reflexiona sobre la evolución de Santander, una ciudad que Eclipse retrató durante décadas. Para Casuso y Arriola, el paisaje urbano ha perdido parte de su personalidad. «Santander fotográficamente no tiene mucho sentido», afirma Arriola, quien lamenta la creciente presencia de cemento y granito frente a los espacios con identidad que, a su juicio, caracterizaban la ciudad hace varias décadas.
Casuso, por su parte, recuerda una época en la que era posible colarse en conciertos, manifestaciones o actos públicos simplemente llevando una cámara al cuello. Aquella cercanía permitió documentar acontecimientos sociales y políticos con una libertad que considera difícil de imaginar hoy.
A pesar del paso del tiempo, ninguno de los tres habla desde la nostalgia. Todos continúan fotografiando prácticamente a diario y coinciden en que la necesidad de mirar permanece intacta. Arriola dedica buena parte de su tiempo libre a editar imágenes o preparar nuevos bodegones. Casuso reconoce que sigue caminando por la calle viendo el mundo «a través de un rectángulo», mientras Gorbeña mantiene su interés por el mar, los interiores y la fotografía analógica.
También observan con interés el trabajo de nuevas generaciones de fotógrafos, algunas muy cercanas a ellos. Gorbeña destaca el regreso de parte de la juventud al negativo fotográfico en busca de otras calidades y procesos creativos, mientras Casuso celebra que su hija haya convertido la fotografía en su profesión.
Durante la conversación aparece además una preocupación compartida por la saturación visual de la sociedad actual y por el peso creciente de las imágenes generadas o manipuladas mediante inteligencia artificial, que dificulta distinguir entre documento y ficción. Sin embargo, los tres mantienen intacta la confianza en la fotografía como herramienta para contar historias. Porque, como recuerdan entre risas al final del encuentro, Eclipse quizá dejó de reunirse cada martes en el Bar Lorenzo, pero nunca dejó de existir del todo. La prueba es que más de cuarenta años después siguen hablando de fotografía con la misma pasión con la que comenzaron observando un eclipse desde una terraza de la calle Alta.
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