Marquesina y café
Con salir a la calle y tomar un café o esperar al bus, lo notamos. Sabemos a ciencia cierta cuál es el tema de actualidad.
Los comentarios de quienes compartimos tanto barra de bar como marquesina indican el asunto del día.
Así como la cadena de televisión que de fondo ameniza el cotarro señala la tendencia correcta que deben tener nuestras conclusiones. No vaya a ser que nos equivoquemos y nos dé por pensar.
¿De qué se trata?
Depende del día.
Depende de lo que toque.
No tiene por qué ser debido a una actualidad sobrevenida. Muchas veces, quizás la mayoría, se provoca dicho tema. Interesa hacerlo.
Y hay que elegir el momento adecuado. Cuando otros asuntos, como las vacaciones o el Mundial de fútbol, diluyan la protesta provocada, pero no eviten que el poso del mensaje emponzoñado permanezca.
Hablemos del ABSENTISMO. Tema de conversación provocado —el que pueda hacer que haga— por la ultraderecha PP/VOX y sus amos, los empresarios. Al menos, los representantes de los empresarios.
¿Por qué les interesa el tema?
Porque encauzan el relato. Dictan las pautas sobre cómo hablar de las relaciones laborales.
Si los partidos de izquierda y los sindicatos no fuesen manifiestamente ineptos y marcasen el ritmo, en vez de ir a remolque de los acontecimientos, ese relato se centraría en los sueldos de miseria que reciben los asalariados.
Se centraría en la precariedad que padecen los trabajadores públicos porque hay sectores que a la derecha le interesa privatizar para que vengan fondos buitre a llenarse y llenarles los bolsillos.
De esa forma, se habla de absentismo y no de condiciones laborales, no de una clase trabajadora más envejecida por el retraso de las jubilaciones, no de listas de espera de diagnóstico y atención.
No se habla de evasión fiscal, fuera del alcance de los asalariados.
Y nosotros, los de la barra de bar y la parada de bus, no nos paramos a pensar, un poco al menos, en el detalle de que en este santo país —no hay un día de la semana sin santo— existe el DESPIDO LIBRE. No es gratis, pero por cuatro céntimos te despiden.
Así que el problema no es tal.
De eso se trata. De dirigir el juego consistente en conseguir de qué tiene que hablar la gente. Y cómo tiene que hacerlo.
Si hablamos de FASCISMO, ni por un momento debemos hacerlo del FRANQUISMO. Aunque sea este el fascismo que nos arruinó como país y aún hoy en día sueña con reverdecer laureles, con una camisa nueva bordada de rojo ayer.
Y si nos empeñamos en exigir que se cumpla la ley y se retiren a la escombrera engendros como el monumento a Carrero Blanco en Santoña, nos salen con que fue un autoritario, pero ayudó a Santoña. Que fue un santoñés que amó a su pueblo.
Y todo eso lo dice un diputado en el Parlamento de Cantabria, sin ponerse rojo y sin que se le caiga la cara de vergüenza.
Y los de su partido, que no son ultras, no le sacan a patadas.
Evidentemente, también estará en contra de que se ilegalice La Falange. Estará a favor de que realicen sus proclamas brazo en alto.
Si hablamos de vivienda —principal preocupación de la población—, nos inducen a hacerlo de ocupaciones.
Aunque el número de desahucios sea exponencialmente superior. Pero así dirigen el relato.
Aunque el dato diga todo lo contrario.
El dato dice que el precio de la vivienda, tanto en compra como en alquiler, sube usureramente, producto de la especulación, de trimestre en trimestre. Ya no vale anualmente.
Y el Gobierno ultra del PP/VOX de Cantabria ofrece una ley de vivienda con propuestas a base de más construcción y menos regulación, para solucionar así el problema y que el mercado se regule solo.
Pero no dice que vivienda, en Cantabria, hay de sobra. Hay una vivienda por cada 1,5 habitantes. Hay vivienda a mansalva.
Claro que el 38 % de esa vivienda es para veraneo de foráneos y se utiliza dos meses al año.
Pero, además, hay que añadir las vacías por diversas causas, entre ellas la especulación.
A las que hay que sumar las dedicadas al alquiler turístico. Un fraude insostenible que está expulsando a vecinos de lugares en donde residen desde hace décadas, porque hay que dejar sitio a los visitantes ocasionales que pueden pagar más.
Todo ello permitido por quien dice gobernar para nuestro bienestar.
Y todo eso lo proponen exigiendo que no se les planteen líneas rojas. Que sin líneas rojas se ponen de acuerdo en lo que quieren en cinco minutos.
Dicho así. Literalmente.
Es decir: si dices lo mismo que yo, tienes razón.
Pues ha llegado el momento de retratarse.
Ha llegado el momento de que los partidos, todos ellos, demuestren con hechos si para ellos la vivienda debe cumplir una función social o es un simple objeto con el que mercadear.
Quedará demostrado quién apuesta por que las viviendas VPO sean ofrecidas siempre en alquiler a precio tasado y quién está a favor de que las constructoras las gestionen, en lo que es el pelotazo de todo este siglo, durante 75 años.
Esa es la herencia que nos quiere dejar Roberto Media. Su legado para la posteridad.
¿Acabará siendo consejero de alguna empresa beneficiada?
Quedará demostrado quién está a favor de ceder esa gestión, que debe ser pública, a las constructoras. Y, a estas alturas, a nadie se le escapa que, para ofrecer esas condiciones, es necesario que exista algo a cambio. Es necesario que Media medie.
Quedará demostrado y registrado quién se opone a una ley de vivienda digna de tiempos de siervos y señoritos. Incluido el uso que se está haciendo del terreno rústico, siendo justo y necesario recordar quién inició ese camino.
Quedará registrado quién está decidido a obligar a que la vivienda, la existente y la que está por existir, se dedique a ser residencia habitual de personas.
Y mientras se nos dirige la mirada hacia unos temas concretos, de una forma concreta, los desahucios siguen produciéndose y ningún ayuntamiento, de ningún signo político, cuenta con un PROTOCOLO de actuación que los evite y esté preparado para hacer frente a la emergencia habitacional.
Y el hecho de que ningún ayuntamiento lo haya implementado no significa consuelo de tontos.
Significa dejadez y despreocupación de todos ellos.
Pero tranquilos. Ahora es tiempo de fiestas. De sacar al santo en procesión. De chiringuito y playa. De terraza y partidos del Mundial.
Mientras, el franquismo avanza, el despido sigue siendo libre y la especulación está a salvo con Roberto Media.
Pronto, tras el verano, llegarán las mareas vivas. La mierda que nos van a traer nos desbordará.
¿Hablamos de eso?
Cuando queráis.