FIS 2M26 2 – Un cabaré con Rodrigo Cuevas tiene que tener sidra, provocación y ser un espectáculo (con culo dentro). Éxito de panderos y músicas

Rodrigo Cuevas – La belleza – Sala Argenta – 12 de agosto – 21:30 horas
“Muchas gracias por llenar el Palacio el día del eclipse. ¿Cuántos os quedasteis ciegos?”. Rodrigo Cuevas (RC en adelante) intentaba sondear ante miles de personas lo que había sido entrever un eclipse que retrasó el inicio del espectáculo hasta las nueve y media de la ya noche y que RC pudo ver (más bien no ver) en la cercana caseta de bombas. Y de la caseta a un palacio para presentar en vivo y directo su nueva apuesta: un cabaré de nombre La Panoya Dorada. El fondo del escenario eran cientos de panojas como cortina para entrar a un lugar donde todo acabaría en una verbena en la que dieciocho canciones y dos estudiadas propinas son el ensayado diseño que mezcla la belleza de lo auténtico -a veces rural, a veces moderno, a veces bolero, a veces pura electrónica- con la personalidad arrolladora (dígase lentamente a-rooo-lla-doooo-ra) del artista.

Pero antes de empezar músicas y charlas hubo un corto video de presentación con Rossy de Palma de maestra de ceremonias que tuvo los halagos necesarios para RC. Este, de blanco glamuroso y con una pluma grandiosa (tal cual), madreñas doradas (albarcas resplandecientes) y su habitual desparpajo inició los sones de Un mundo feliz: “Vivo en un mundo feliz en donde todos los días sale el sol. En los coles no estudian inglés y el tabaco no crea adicción. Los porteros de les discoteques trátente con mucha educación. Los ricos no van al espacio y todo el mundo es maricón”. El jolgorio estaba armado y el público ya estaba entregado (aunque como dijo RC, en Santander “tardáis en entrar en materia”). Y explicó que este era un cabaré “para hablar de lo que a mí me dé la gana. Ya estoy mayor; ya he hecho toda la primaria y toda la secundaria. Ahora estoy en segundo de bachillerato». Continuó: «Asturias está llena de maíz, porque lo que nos gusta es exfollar panoyas”. El deshojar panojas cántabro se convirtió en una disertación sobre el “exfollar” asturiano, porque “panojas y belleza son las dos cosas más importantes de la vida”. Será.
Las canciones pasaban una tras otra, la totalidad de su último álbum (10) y algunas de las más clásicas. Una fue muy especial, introducida con audios de personas que conocieron al transformista gijonés Rambal (Gijón, 1926 – Cimadevilla, 1976); Rambalín, cantada y sentida una vez más por RC, fue un homenaje a los 50 años de una persona muy querida en su barrio y cuyo asesinato sigue sin aclararse. Pero pronto volvió la alegría a la que colaboraron los anuncios grabados con juguetones productos: “Sales de Baño La Belleza” -primer desnudo integral de RC de la noche- o “Feromonas La Belleza”, con unas gotas de sudor de RC. Rossy de Palma volvió a aparecer en imágenes grabadas hablando de lagares y dándose un pico con el artista.

El cabaré continuaba y el cuerpo de baile no paraba de ir de una esquina a otra del escenario, del camerino a la barra, chigre donde se servía sidra en vivo y directo. Algunas de sus coreografías tuvieron el halo del misterio –Pañuelín– o el de la electrónica pop –Asturcón– y otras fueron bailes de pasadoble entre los pasillos de la sala o una discotequera La playa. Los músicos también iban y venían, cuatro multinstrumentistas de calidad: Juanjo Díaz a las percusiones y escanciador de sidra (mientras declaraba “soy un todosexual, como Tino Casal»), Rubén Bada a las guitarras, violín y teclas, Mapi Quintana con teclas, percusiones, contrabajo y preciosa voz acompañante y Tino Cuesta con vientos, tempestades, teclados y mezclas. ¡Vaya cuadrilla alegre y jaranera!
El concierto-fiesta estaba terminando en el ya muy nocturno cabaré La Panoya Dorada, lo cual permitió que el artista cambiara de indumentaria para irse desprendiendo de ella poco a poco. Segundo desnudo de la noche, esta vez casi ocultado con un sombrero que acabó mostrando un hermoso culo. Sí, un pandero hecho en Asturias que va luciendo en la gira y lo anuncia cantando: “Ye tan guapo cuando estás con quien quieres en pelotas en una playa del norte sin mucha gente y que te hagan un ‘masaje piloñés’… Mmmm. ¿Que en qué consiste un masaje piloñés? Ay, chica, pruébalo, no se te puede dar tou fechu”. ¿Masaje piloñés? Búsquenlo, que no se puede dar todo hecho (bueno, RC vive en un pueblo del concejo de Piloña).

Aplausos, bravos y una declaración final de intenciones tardías: “Un verano en Santander no se puede olvidar, un paseo por el Sardinero no hay igual en el mundo entero”. Antes, en la interpretación de El día en que nací yo (¡qué planeta reinaría RC!) sonaron las notas de La baila de Ibio (¡RC! ¡RC! ¡Pertenecen a una ancestral danza guerrera cántabra!).
Las dos propinas fueron Ven a la fiesta y una canción pregrabada con playback en escena. ¡Hace falta RC! (salvo para escuchar ese verso con trasero: “solo quiero gente que baile salvaje y mueva el culo”). Lo dicho y escrito: todo un grandioso espectáCULO, manual de muchas cosas bellas y asturmundanas.