Los buitres que tenemos

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|| Sindicato de Vivienda de Cantabria ||

Hace unos días sonaba en la radio la icónica canción de Justin Timberlake que, allá por la primera década de los 2000, nos decía: “Yesterday’s history, tomorrow’s a mistery” (el ayer es historia, el mañana es un misterio).

Imposible evitar traer esta frase al mundo de nuevo y pensar en las vecinas de Hermanos Calderón, en cómo las promesas que fueron hechas por la Obra Social La Caixa no son más que historia y cómo su futuro es ahora un misterio o en todas las nuevas vecinas ambulantes de los barrios de Cantabria que estarán iniciando, con el nuevo curso, su nuevo contrato temporal, que nada tendrá que ver con el anterior en términos económicos y el cual se comprometen, firmando un papel de dudosa legalidad, a abandonar el 30 de junio, enfrentándose, de nuevo, a su misterioso futuro.

Se escucha, al mismo tiempo, un ruido social que culpa a la juventud de “no ser capaz de sostener el futuro” por motivos como que “no queremos tener hijos” o que “se está perdiendo la familia tradicional”.

Pero, ¿Qué futuro es ese que tanto ansían?

No hay ningún futuro próximo que se asemeje al futuro ya pasado si se permite que los fondos buitres y los grandes tenedores adquieran la propiedad de viviendas, de bloques enteros, de locales comerciales… para especular y expulsar paulatinamente a las vecinas de sus barrios. Un futuro en el que no existen hogares, sino activos; en el que una vivienda deja de ser tenida en cuenta por la vida que alberga y pasa a verse, únicamente, por la rentabilidad que puede extraerse de ella.

Tras la crisis de 2008 y, sobre todo, su posterior gestión durante los años siguientes, así como las políticas de reestructuración bancaria y la desinversión de activos facilitaron que cruzasen nuestras fronteras los grandes fondos oportunistas que, desde entonces, conviven a nuestro alrededor como entes abstractos a los que nadie pone forma ni color, pero cuyas consecuencias son más que tangibles en nuestra sociedad.

Los fondos buitre llegan a los barrios como una suerte de depredador dispuesto a no dejar ni una miga sobre la mesa. Las mesas que, por cierto, dejan de ser espacio de reunión familiar para ser tablas blancas con un gran manual de instrucciones traducido del sueco, hechas para ser encajonadas en diminutas estancias divididas para albergar estudiantes y turistas temporalmente.

Y es que ¿Quién puede pensar un futuro si el lugar desde el que lo construyes es crónicamente temporal? ¿Qué sucede con el futuro ya planeado cuando un fondo buitre compra tu casa contigo dentro?

Ni las instituciones ni los bancos tienen respuesta a estas preguntas, no solo porque son cómplices por dejar que estos fondos campen a sus anchas en nuestras ciudades, si no que, además, permiten que su actuación sea completamente impune. Ejemplo claro es, como mencionaba al inicio, el Grupo en lucha Hermanos Calderón, que ha visto su causa ignorada por las instituciones locales y regionales, tras el rechazo del Ayuntamiento de Santander a comprar las 107 viviendas vendidas por La Caixa al fondo privado Mosaic Propco.

Similar situación sucedía en Madrid en 2013, cuando el propio Ayuntamiento entregaba 1860 viviendas al fondo Blackstone.

Estamos hablando de miles de viviendas, con miles de familias dentro, que fueron y están siendo abandonadas por quienes deberían de protegerlas y, no solo eso, si no que son las propias instituciones las que aprietan el gatillo en muchas ocasiones, aunque solo sea por dejar que los intereses de empresas privadas estén por encima de los de los ciudadanos, imponiéndonos una vulnerabilidad que ya es casi inherente a buscar —o mantener— un refugio para nuestras vidas.

Con esta lógica capitalista, nuestra necesidad de tener un techo y, sobre todo, nuestra imposibilidad de prescindir de el, convierten la vivienda en un negocio extraordinariamente rentable cuyos único antídoto es la organización colectiva.

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1 Comentario

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    13 de septiembre de 2026

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