FIS 2M26 y 7 – Lo mejor del 75º aniversario del FIS y otras vicisitudes

Los momentos más maravillosos
Presentados por orden cronológico, aunque uno tiene su debilidad por una joven artista española.
- Día de la inauguración: 3 de agosto. La buena ópera volvió al FIS con La flauta mágica (Mozart en estado de regocijo); la soprano de coloratura dramática Kathryn Lewek fue la Reina de la Noche. Con facilidad para alcanzar un Fa sobreagudo, primero lo mostró sobre un artilugio volador con forma de luna que parecía no gustarle mucho en su ruta aérea sobre el escenario, se notó. Más tarde decidió que en su grandiosa (y gran diosa) aria Der Hölle Rache kocht in meinem Herzen (“La venganza del infierno hierve en mi corazón”) no iba a tener miedo a las alturas, ahora elevada sobre una plataforma que daba a su imagen el susto escénico necesario para mostrarse poderosa en voz en una imponente imagen. Momento inconmensurable.

María Dueñas feliz
- El 20 de agosto fui uno de los que pensó “Yo escuché a María Dueñas cuando era una jovencita de 23 años”. Su violín Michelangelo (un Stradivarius de 1714) cautivó en un largo concierto del compositor alemán Max Bruch (1838-1920), con un adagio dotado de una hermosura más allá de las partituras (que no necesitaba). Pero lo mejor vino a continuación con una orquesta sueca detrás pendiente de sus cabeceos bienhechores y un director que -directamente- la admiraba muy de cerca. María (Granada, 2002) decidió asombrar con dos propinas de menos de tres minutos cada una: la primera un delicado Valse triste (Vecsey,1913) que creó una atmosfera de emotiva belleza para después desmelenarse con Applemania (Aleksey Igudesman, 2016), mostrando todo lo que se puede hacer con un violín cuando se está en éxtasis. Energía vital, placer, belleza. Momento extraordinario. No hubo más propinas; no hacían falta.

Catherine Foster dándolo todo antes del ocaso
- 31 de agosto: Wagner y sus nibelungos. Orquesta de la colina de Bayreuth y una soprano dramática inglesa que lleva el personaje de Brünnhilde en la sangre, algo muy necesario para cantar e interpretar la escena final que habla de una pira funeraria: Starke Scheite schichtet mir dort» («Apilad para mí fuertes leños»). Brünnhilde ordena construir una pira funeraria junto al río Rin para quemar el cadáver de Sigfrido y unirse a él en la muerte, cerrando así el destino de los dioses, devolviendo el anillo al rio e inmolándose en alemán. Catherine Foster (Nottingham, 1975) conoce la muerte de cerca después de trabajar quince años en un hospital y su interpretación lleva el poder de quien ha representado muchas veces un difícil rol vocal y escénico. Catherine impuso con su presencia la pasión de los dioses; su Brünnhilde era una diosa carmesí, comprensiva, de timbre brillante, entonación segura y actoralmente impactante. La orquesta respondía con un nivel sobresaliente y un director -Pablo Heras-Casado- que vive cada frase musical. Un final de FIS increíble, con una soprano entusiasta. Nueve minutos para no olvidar.

Josetxu Obregón en MIera
Lo pequeño: El jardín con tres delicias en lugares inusitados
- 6 de agosto: La Ritirata en la iglesia de la Asunción del pueblo de Miera. Llaman a esta iglesia de Miera la “catedral pasiega” y su acústica es perfecta, quizás fruto del origen constructivo adyacente a una “Fuente sagrada” donde apareció la virgen. Hasta allí subieron (y es un camino lleno de curvas) el conjunto La Ritirata para ofrecer un programa titulado Amor Místico. Josetxu Obregón (Bilbao, 1979) es el creador del grupo hace 18 años y con su violonchelo recrea siglos de música. Esta vez fueron el XVII y el XVIII acompañado de Daniel Oyarzabal al órgano positivo, Beatriz Oleaga cantando como mezzosoprano y Manuela Velasco declamando poemas. El marco, además de histórico, es incomparable y el concierto fue una delicia en tres idiomas místicos. Fue “una noche oscura, con ansias de amores inflamada” con un violonchelo tirolés del 1800 compitiendo con las alturas del lugar. Embelesos musicales cariñosos para recordar.
- 14 de agosto: Capella de Ministrers en la iglesia de San Martín de Tours de Ajo. Pocas veces el nombre de un ensemble hace un excelente maridaje con la música de un concierto. La “capilla de los ministriles o músicos” eran los profesionales que tocaban instrumentos de viento y cuerda en las capillas de catedrales, palacios o ayuntamientos durante la Edad Media y el Renacimiento. Ahora son un grupo creado en 1987 bajo la dirección de Carles Magraner que ha desarrollado una importante tarea investigadora y musicológica en favor del patrimonio musical español, desde el medioevo hasta el siglo XIX. En Ajo, bajo un retablo dedicado a la virgen María, desarrollaron una música y liturgia medieval con el título de Madre de Deus. Los ministrers van incorporando pequeñas coreografías en sus conciertos; esta vez la soprano María Casanova empezó cantando una cantiga a capella en el pulpito, el cuarteto elevando sus plegarias a la virgen de cara al retablo y Carlos, Robert Cases y Eduard Navarro mostrando arpas milenarias, cornamusas, vihuelas de pluma y otros instrumentos con una advertencia: “Lo que valen son los músicos, no los instrumentos”. Concierto especial, con misterios (alguno de Elche) y descubrimientos: “Sería imposible la música sin estos trovadores del siglo XIII”.

Plegaria frente a retablo en Ajo
- 25 de agosto. Rodrigo Leão (Lisboa, 1964) es un rapaz con mucha música portuguesa dentro. Fundador de varios grupos musicales fue Madredeus el que le lanzó al éxito en 1985. Lo abandona en 1996 para dedicarse a su tarea de compositor y alma musical de más de una veintena de discos. El último de ellos –O rapaz da montanha, 2025- es el que presentó en el FIS. Rodrigo hace honor a su apellido artístico; de ser un “león” con la guitarra pasó a experimentar con los teclados y la composición de canciones que siguen estando en su repertorio. “En mi música están desde Michael Nyman hasta el tango y la música francesa”. En una sala Pereda a rebosar presentó veinte canciones de ahora y de antes con seis instrumentistas y él al piano (por cierto, el batería con su volumen exagerado casi estropea la velada). Dos voces femeninas pusieron la elegancia a cada tema que tocaron muchas fibras, pero fueron las dos propinas donde lo emocional subió a paraísos conocidos, primero en español y luego en francés. Pasión fue ese tango compuesto en un barrio lisboeta por Rodrigo hace 26 años que, ahora en la voz de Ana Vieira y el acordeón de Celina da Piedade, estremecía: “Con mil lágrimas te quiero. Pasión, sos mi amor sincero”. Un concierto lleno de libertades y sentimientos.
Gracias y alguna desgracia

Ana Vieira y Rodrigo Leão
I. Las bodas de brillantes -75 años- del FIS han logrado el éxito que se merece Santander y Cantabria. Fueron días con llenos continuos e interés internacional por los espectáculos. Inauguración y cierre a la altura de los mejores festivales europeos. Como dijo su director Cosme Marina: “Este aniversario nos tenía que marcar el futuro del Festival, y creo que ha quedado claro, con el refrendo del público. Ha sido un punto de inflexión”… a mejor. 40.000 espectadores felices.
II. El FIS tuvo unos programas de mano menguantes. El del primer día, documentado y con ¡26 páginas!, explicaba todo lo que un espectador quisiera saber tanto de intérpretes como de compositores y creadores. A partir de ahí el amplio programa paso a ser folleto: dípticos y trípticos con exigua información, pocas o ninguna imagen y sin datos biográficos de los intérpretes. Ganas de que se utilicen los smartphones en una sala llena de ellos… y no para bien.
III. Con la temperatura ambiente en torno a los 23º grados -logro técnico en escasos días desde los calores de sala principal de finales de julio- hubo bastantes abanicos y las ¿inevitables? toses. Pero lo evitable es una costumbre que va a más: comentar lo que se ve o se oye en medio de un concierto o un espectáculo. Un pianista excelso con comentaristas cercanos en medio de su sonata estropea la audición y hubo cosas peores: una gala lírica con una conocida y mediática persona cantando detrás de ti las arias porque ella es así. También ronquidos durante las bagatelas de Beethoven interpretadas por Sokolov, pero esta es otra liga de espectadores/as.
IV. El incidente máximo -aparte de oírse los ascensores en medio de las actuaciones- ocurrió en la gala lírica del 22 de agosto grabada por Radio Clásica. Un móvil sonando entre el público, despistó a un músico de la orquesta y al tenor que con su momento de duda se salta una línea del texto del aria de Lucia di Lammermoor.
V. El concertino de la Orquesta del Festival de Bayreuth tiene un modo peculiar de avisar: golpes en el atril del director para avisar a la orquesta que toca afinación.
VI. La The Constellation Orchestra inglesa tiene un percusionista que se toma muy en serio su trabajo, ofreciendo una previa a la actuación donde está solo largo rato en el escenario con sus timbales sinfónicos. Los debió dejar perfectos (más le valía siendo Sir John Elliot Gardiner su belicoso director).
VII. El 31 de agosto se otorgó el 18º galardón ‘La Barraca’ a las Artes Escénicas al director Pablo Heras-Casado, que esa noche tocaba con la orquesta de Bayreuth. Luego el maestro participó en los Encuentros Magistrales. Grandes Músicos de la UIMP. El evento se organizó en colaboración con el FIS y fue una hora amena e instructiva, muy wagneriana. Recogida por el crítico y periodista Jesús Ruiz Mantilla en un largo artículo que merece ser leído (si se tiene acceso): https://elpais.com/cultura/2026-09-02/pablo-heras-casado-wagner-no-ha-hecho-mas-que-acertar-con-sus-predicciones-sobre-nuestra-autodestruccion.html Queremos más encuentros magistrales en futuros FIS.


