«La pregunta no es si va a pasar, sino cuándo»
En un nuevo espacio de ‘La energía del cambio’, la sección en colaboración con Solabria, cooperativa comercializadora de energías renovables de Cantabria. En esta ocasión, la conversación gira en torno a la energía, los recursos, los límites ambientales y también a una cuestión más personal: qué relación existe entre la velocidad con la que se ha desarrollado la sociedad y la forma en la que las personas buscan la felicidad.
El protagonista es Marcos Rupérez, ingeniero y autor de ‘Cuando lo material fracasa, del colapso energético al vacío existencial’, un libro recién publicado que, por el momento, puede adquirirse en formato físico a través de internet.
Rupérez parte de una premisa: la civilización actual ha construido su expansión sobre una disponibilidad creciente de energía y recursos. En su opinión, esa dinámica tiene límites. El petróleo es finito y, según sostiene, las energías renovables no pueden sustituirlo manteniendo exactamente las mismas capacidades y niveles de consumo.
«Nuestra civilización va hacia tocar los límites si no los está tocando todos ya», afirma durante la entrevista. El ingeniero amplía el análisis más allá del cambio climático y menciona otros procesos como la pérdida de biodiversidad, la nitrificación de los suelos o la acidificación de los océanos.
Desde su perspectiva, todos estos elementos forman parte de un mismo problema: una civilización que consume recursos a una velocidad que no puede mantenerse indefinidamente. «Si seguimos acelerando en consumo de energía y recursos, vamos a chocarnos con todo», señala.
El libro, sin embargo, no pretende quedarse únicamente en el análisis energético. Rupérez utiliza esos límites como punto de partida para plantear otra pregunta: qué ha aportado realmente a las personas la aceleración económica y material de las últimas décadas.
«Toda la velocidad que llevamos como humanos, todo este estrés que llevamos está a lomos de la energía y los recursos», explica. Internet, el transporte, el consumo masivo o la posibilidad de mantener determinados ritmos de producción y movilidad dependen de esa disponibilidad energética. La cuestión, según plantea, es qué ocurre cuando esa aceleración deja de ser compatible con los límites físicos del planeta y, al mismo tiempo, tampoco proporciona la plenitud que promete.
En este sentido, el autor relaciona su análisis con el decrecimiento, aunque lleva la reflexión hacia un terreno personal y espiritual. Su propuesta pasa por reducir también el ritmo individual y cuestionar la identificación entre bienestar y acumulación material. «La plenitud no está por ahí. Es que estamos equivocados», sostiene. A su juicio, la búsqueda constante de bienes materiales no garantiza una vida satisfactoria y, por el contrario, puede contribuir a una dinámica de ansiedad y aceleración permanente.
El prólogo del libro corre a cargo de Antonio Turiel, investigador y divulgador especializado en energía, con quien Rupérez mantiene una relación personal y profesional. El autor explica que su obra pretende diferenciarse de los análisis más centrados en los aspectos físicos y económicos del colapso energético.
Rupérez introduce en el ensayo su propia experiencia personal. Cuenta un periodo de crisis que utiliza para explicar el proceso que, según relata, atraviesa una persona cuando comienza a cuestionar las bases de la civilización en la que ha crecido. «Todo el mundo que se hace decrecentista o colapsista tiene un proceso de duelo», afirma.
Esa dimensión autobiográfica también le ha llevado a recibir críticas. El ingeniero reconoce que exponerse personalmente implica aceptar opiniones sobre su trayectoria y su posición económica, una cuestión que aborda directamente en el libro.
Su planteamiento se completa con una reivindicación de la espiritualidad como posible respuesta al materialismo. No propone una religión concreta, sino recuperar la idea de trascendencia y explorar experiencias vinculadas a la naturaleza, el silencio, la conciencia o las diferentes tradiciones religiosas. «Aproximarte a la conciencia, aproximarte a la trascendencia, para mí es lo mejor que puedes hacer en la vida», explica.
La conversación vuelve finalmente a la transición energética y a la búsqueda de soluciones tecnológicas, desde el hidrógeno verde hasta otras alternativas destinadas a mantener el actual nivel de consumo. Rupérez considera que esa búsqueda puede terminar reproduciendo el mismo problema si únicamente persigue sustituir una fuente de energía por otra sin cuestionar el volumen total de recursos que requiere el sistema.
La pregunta, por tanto, vuelve a ser la del principio: cuánto tiempo puede mantenerse una civilización basada en el crecimiento permanente y qué ocurre cuando esa carrera encuentra sus límites. «La pregunta, honestamente, no es si va a pasar. La pregunta es cuándo va a pasar», afirma.
En ‘Cuando lo material fracasa’, Rupérez plantea esa cuestión desde la energía, pero la extiende hasta la vida cotidiana: cuánto necesitamos, qué deseamos y qué papel ocupa lo material en una vida que, según defiende, busca en último término algo que no puede comprarse.
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