«El debate tóxico con el lobo me resultaba muy aburrido»
El lobo ibérico llega este viernes a la gran pantalla en Santander con una mirada que busca alejarse del conflicto y acercarse a la especie, al territorio y a la ciencia. A las 19:15 horas, el Cine Los Ángeles acogerá la proyección de ‘Salvaxe, salvaxe’, documental dirigido por Emilio Fonseca, que participará después en un coloquio junto a la productora y coguionista Xiana do Teixeiro y el investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) Alberto Fernández Gil. La conversación con Fonseca forma parte de ‘La energía del cambio’, la sección de EL FARADIO que se realiza en colaboración con Solabria, la cooperativa comercializadora de energías renovables en Cantabria.
Fonseca define la película como una propuesta diferente a las aproximaciones habituales al lobo. La cinta sigue el trabajo de investigadores que estudian al lobo ibérico y plantea, al mismo tiempo, una reflexión sobre la forma en que los seres humanos se relacionan con otras especies. «Es una peli como muy sensorial, inmersiva por un lado, pero también tiene otra parte como de discurso académico y científico», explica el director.
El territorio ocupa también un papel central. A medida que la película avanza, el equipo plantea preguntas sobre qué hacemos con los espacios que habitamos, cómo los transformamos y de qué manera convivimos con otras especies.
Del conflicto al conocimiento
La elección del lobo no fue casual. Fonseca lo considera un animal capaz de concentrar muchos de los debates relacionados con la conservación de la naturaleza. «El lobo es un animal muy fascinante que aglutina muchas cuestiones», señala.
El director recuerda que el lobo es considerado una especie ‘paraguas’, porque las medidas destinadas a su conservación pueden tener efectos sobre otros organismos y ecosistemas vinculados a los mismos territorios.
Su acercamiento inicial al documental partía, sin embargo, del conflicto. Fonseca había trabajado anteriormente en un documental sobre las causas de los incendios forestales en Galicia y pensaba abordar el lobo desde esa perspectiva. Pero pronto encontró un debate que, a su juicio, estaba «muy intoxicado y muy mal enfocado» en el ámbito mediático.
La película optó entonces por desplazar el foco. En lugar de situar el conflicto como centro del relato, ‘Salvaxe, salvaxe’ se acerca al trabajo de quienes investigan la especie y a los datos que obtienen sobre el terreno. «Me interesó tratar de desplazar ese marco de referencia un poco y preocuparme sobre otras cuestiones que me parecía que estaban quedando de lado», explica.
Entre ellas aparece la relación entre ciencia y debate público. Fonseca considera preocupante el espacio que ocupa la desinformación frente a los datos obtenidos mediante investigación. La película no pretende presentar la ciencia como un bloque incuestionable, sino mostrar también cómo se construyen esos datos y qué dificultades implica obtenerlos.
En este sentido, pone como ejemplo los censos de lobo. El debate suele concentrarse en cuántos ejemplares existen, pero Fonseca plantea que también deben tenerse en cuenta otros factores relacionados con la conservación, entre ellos la salud genética de la población.
Fonseca reconoce que uno de los aspectos más difíciles del proyecto ha sido precisamente abordar un asunto que considera excesivamente condicionado por la confrontación. «Sí que me resultaba muy aburrido lo del debate tóxico con el lobo», afirma. Por eso, el documental intenta mirar más allá de la discusión coyuntural y centrarse en cuestiones más generales sobre la relación entre las personas y las demás especies.
En la entrevista, el director también habla del papel simbólico que ha adquirido el lobo en debates más amplios sobre el medio rural, la ganadería o las políticas ambientales. Sus afirmaciones sobre estas cuestiones forman parte de su interpretación del debate y no sustituyen a los datos científicos o administrativos sobre la situación de la especie.
La normativa estatal ha cambiado en los últimos años. La Ley 1/2025, de prevención de las pérdidas y el desperdicio alimentario, incorporó una disposición específica sobre el control de especies depredadoras y establece que las medidas de extracción y captura de lobos deben ajustarse a las exigencias de conservación de las especies silvestres protegidas.
Fonseca considera que el debate sobre el lobo debe incorporar precisamente este tipo de cuestiones: qué datos se utilizan, cómo se obtienen, qué incertidumbres presentan y de qué manera se trasladan después a las decisiones públicas.
El documental nace de un trabajo prolongado y de una acumulación de materiales que finalmente tuvieron que ser seleccionados para construir una película de hora y media. «Me resulta muy frustrante darme cuenta de que no es un artículo académico tampoco y no puedo meter tantos datos, tantas referencias como iba recogiendo», explica Fonseca.
Esa selección forma parte también de la construcción cinematográfica. La película combina investigación, reflexión y observación para intentar acercarse a una criatura que, en palabras del director, representa «ese salvaje que se nos escapa entre los dedos».
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